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martes, 13 de octubre de 2015

Despertemos antes que sea tarde..

Quizas la imágen de la semana, que por cierto le proporcinó una alegría a nuestro pueblo, que lo está pasando mal, es la del equipo chileno de futbol ganando justificadamente a seleccvionado de Brasil por 2 goles a 0. Hoy nos enfrentamos a Perú y esperamos otro alegrón para Chile.

El terrorismo sigue desatado en la Araucanía, atacando inmisericordemente a nuestros compatriotas, entre los que se incluyen la Mayoría de los ciudadanos de etnia Mapuche. En las manifestaciones de ayer en Santiago hubo violencia contra la policía y hasta se intentó incendiar la Iglesia San Francisco.
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Chile paralizado,
por Axel Buchheister.




Huelgas ilegales en los servicios públicos a la orden del día. Quienes no aprovechan el ambiente para paralizar y obtener algo, se pasan de distraídos. El Registro Civil paralizado y para sacar cualquier certificado, las colas son eternas y comienzan de madrugada; los gendarmes no llevan a los detenidos al control respectivo, aunque en este caso hubo algo del vilipendiado reemplazo y se pudo seguir adelante como fuera con las audiencias.




Hace unas semanas estuvieron de paro los trabajadores aeroportuarios, a los que se sumaron los controladores de tráfico aéreo, con lo que no se movió ni un solo avión. Antes fueron los de aduanas. Todos buscan la mejor oportunidad, por ejemplo un fin de semana largo en que viaja mucha gente, para producir fuerte impacto y negociar mejor. El mercado, como dijo don Patricio, es cruel y el laboral no lo es menos.




Para muchos tenemos un Gobierno débil, que no hace cumplir la Ley que prohíbe la huelga en el sector público. En lo inmediato, cierto. Pero hay una razón más estructural: se trata de servicios monopólicos, sin alternativa, que se prestan por órganos públicos nacionales, con trabajadores que están bajo un único régimen laboral y muy rígido, que carecen de incentivos para la negociación individual, que supone esgrimir el desempeño personal. Entonces, es de cajón unirse y paralizar el servicio para demandar mejoras y quedar impune.




Durante años, en el Chile que se sentía jaguar, se hablaba de la “reforma del Estado”, que en la tierra de los eufemismos (algo no muy jaguar) era decir, antes que nada, cambiar el régimen laboral del sector público, pero nadie lo decía así. También de tratar de abrir la provisión de servicios a nivel público al mundo privado (ejemplo, cárceles privadas). Pero estábamos en Chile, se habló y se hizo poco o nada. Los tiempos cambiaron y se volvió atrás, ya que en vez de reformar el sistema Estatal para aminorar la posibilidad que se produzcan esas costosas huelgas, vamos a reformar la legislación laboral para que las haya también en el sector privado.




Si hoy no ocurren en el sector privado, es consecuencia de que hay una legislación que permite que haya múltiples oferentes y alternativas de provisión de bienes y servicios, y por el contrario, que no fomenta que haya monopolios laborales, ya que existen diversos sindicatos, grupos negociadores y negociación individual, como asimismo reemplazo y “descuelgue” en la huelga. También ciertos resguardos: el empleador puede fijar fechas en que no se puede negociar ni, por ende, haber huelga. Entonces las paralizaciones son acotadas y usted no sale perjudicado, porque siempre existen alternativas para los servicios y bienes que desea adquirir. Ahí el país crece, y las remuneraciones y el empleo también, como sucedió en los últimos 30 años.




Si se modifica la legislación creando monopolios laborales para negociar, bajo el eufemismo de la “titularidad sindical”, y con prohibición de reemplazo, tome nota que las cosas ya no serán iguales. Y para saber cómo serán, trate en estos días de renovar su carné, ahí tendrá una cierta idea.




Bachelet: Veni, vidi, vici,
por Roberto Ampuero.




¿Qué ocurrió realmente en el reservado encuentro que celebró esta semana la Presidente Michelle Bachelet, flanqueada por varios de sus Ministros, con influyentes empresarios en el Centro de Estudios Públicos (CEP)? Versiones fragmentarias de la reunión con motivo del 35 aniversario de la institución han emergido estos días -y seguirán apareciendo en los próximos-, pero la impresión inicial de uno como ciudadano es que no le corresponde conocer los contenidos de esas conversaciones.


No hay duda: condición esencial de toda negociación política es guardar la discreción sobre cómo se negocia y por eso a menudo la política es aquello que no se ve o se disimula. También sabemos que en política triunfa quien impone ante el país su relato de las cosas, algo en lo cual aquí la izquierda muestra mayor pericia histórica que la derecha. Pero si en etapas de normalidad republicana la discreción en torno al diálogo político entre protagonistas relevantes de la polis no genera extrañeza, en una crisis de credibilidad generalizada como la que atravesamos, la discreción acrecienta la desconfianza ciudadana.


En una coyuntura en que los partidos políticos cuentan con 3% y el Congreso con 6% de aprobación, en una etapa en que la interacción entre dinero y política despierta condena mayoritaria, y las denuncias de corrupción alcanzan incluso a la familia Presidencial, es cuando más urgente e ineludible se torna la transparencia de este tipo de reuniones, en las que muchos huelen que se tratan temas que conciernen a todos. Quienes tienen especial responsabilidad en la tarea de recuperar la salud de la República mediante gestos convincentes y medidas adecuadas no pueden seguir cometiendo este tipo de errores. Al parecer, muchos se muestran renuentes a extraer consecuencias.


¿Qué ha trascendido al país del encuentro? Hasta ahora poco: Algunas declaraciones generales del portavoz de Gobierno, varias versiones parciales de fuentes anónimas, ciertos rumores y especulaciones. Y también voces que destacan ante la prensa que la Mandatario está de "buen humor", goza de salud, "chacoteó", vio rebosantes de juventud a los empresarios, y a CEP como una agrupación difícil de confundir con el "Club de la Pequeña Lulú" (la aseveración política más sólida de los trascendidos, a mi juicio). Además, nos enteramos que Bachelet destacó la importancia de preservar el diálogo (práctica imprescindible en una democracia) y garantizó el derecho a la propiedad privada (lo que demuestra en qué etapa estamos como país).


A juzgar por la escasez y vaguedad de las versiones sobre la reunión así como por las opiniones de políticos, que tampoco disponen de conocimiento sobre lo tratado, uno tiene la impresión de que los empresarios no aprovecharon la oportunidad para reiterar las inquietudes y los temores que manifiestan en ámbitos públicos sobre la marcha económica y el impacto de las reformas oficialistas. Más difícil aún de entender es que hayan aceptado sin examinar con minuciosidad -estamos hablando de trascendidos- la seguridad que supuestamente les entregó la Mandatario sobre la ruta que tomará el debate sobre la reforma Constitucional. La interrogante que surge de inmediato en este sentido es la de cómo un Presidente puede anticipar el derrotero de un debate Constitucional masivo, libre y soberano.


Sea que la Mandatario se haya propuesto hacer un gesto apaciguador al empresariado en un momento en que las perspectivas económicas pintan mal, o solo transmitir a la población disposición al diálogo, lo cierto es que Bachelet ganó en toda la línea en su visita al CEP. La impresión que dejó en el país es que bromeó de lo lindo en el Olimpo empresarial, llamó a sus asistentes a no ser estridentes en la crítica, les prometió que los escuchará con atención, y como corolario les advirtió que continuará con el programa de reformas.


Podremos seguir sin enterarnos de qué ocurrió efectivamente en el CEP, pero lo cierto es que para las personas corrientes la impresión es una: Bachelet manifestó allá sus puntos de vista, permitió cinco preguntas, se retiró con una gran sonrisa y repartiendo besos y, en esto coinciden todos, tras un aplauso cerrado. Hábilmente, la Presidente logró plantear lo suyo en el CEP y su gente hacer trascender afuera un relato general sobre lo acaecido, lo que probablemente tendrá efectos en la discusión política contingente y próximas encuestas. Como Julio César después de la batalla de Zela, Michelle Bachelet puede decir: "Veni, vidi, vici".




Una sociedad aproblemada,
por Sergio Melnick.


Cada sociedad tiene una cultura que la envuelve y dentro de la cual literalmente vivimos. De hecho, Freud ubicaba dentro de esta al Súper Yo, el que definitivamente afecta nuestro comportamiento en un estado de derecho y un “deber ser” social necesario. La sociedad moderna es en realidad un constructo de teorías de individuos llevadas a una abstracción conceptual colectiva. Para Jung, así como existe la consciencia personal, existe también una “consciencia colectiva común”, que es lo que nos une y da sentido como sociedad. Hoy, con las nuevas tecnologías, esto es cada vez más evidente. La web ya empieza a asimilarse a una especie de mente tecnológica colectiva.




Así entonces, también existe una sombra colectiva, un lado oscuro. Digo esto como preámbulo para decir que la sociedad, tal como el individuo, también sufre de trastornos psicológicos. Y lo señalo ya que creo que nuestro querido Chile ha enfermado como sociedad y requiere urgente de una terapia a nivel colectivo. Somos todos, no un solo sector. No soy un profesional de la psicología, pero diría que por un lado estamos entre la bipolaridad o el “border”. También se nos han constelado ciertos complejos, especialmente el paterno y el materno. El tema de la madre finalmente está conectado a nuestra relación con la divinidad, y básicamente yo creo que nuestra sociedad ha perdido fuertemente espiritualidad y con ello se generan fuertes crisis de sentido. Nuestra sociedad ha perdido el rumbo, y simplemente no sabemos dónde queremos ir.




Hay que ser claros: ni la riqueza ni la igualdad son por sí mismos sentidos trascendentes, son sólo medios. Parte de este problema es quizás la fuerte pérdida de credibilidad de la iglesia, que fue por siglos el pilar espiritual del país. Este fenómeno es mundial, no sólo local, y emergen en la actualidad nuevas formas de relacionarse con la espiritualidad (trascendencia), en un siglo en que vemos aceleradamente fusionarse la biología y la tecnología, y en que la ciencia ya anuncia nuevos paradigmas que dificultan las miradas más tradicionales. Aparecen universos paralelos, la idea clásica de la materia ha muerto, en fin.




Chile ha perdido su gran sentido como colectivo, y las distintas facciones tratan de imponer sus propios sentidos a los demás. Eso no es una sociedad, es una guerra. El único sentido que sirve como nación es aquel que cuente con casi total apoyo colectivo.




El complejo paterno tiene que ver con el logos. Con nuestra manera de ordenar la sociedad, de establecer las Leyes, las jerarquías, el orden. Nos comportamos como una sociedad adolescente rebelde sin reglas claras. Esto va desde nuestro desprecio por la limpieza de las calles, buscar los caminos cortos, hasta la delincuencia desatada. Nuestro Estado de derecho es relativo, incluso para quienes hacen las Leyes que se las saltan o las vadean.




El gran desafío de nuestra sociedad actual es cambiar nuestros mapas de creencias. Las creencias no son lo mismo que la fe. Las creencias son mapas mentales, son programas de orden en base a los que operamos en la vida cotidiana. Por ejemplo, nuestra autoestima es generalmente resultado de nuestras creencias y lo maravilloso es que se pueden cambiar. Últimamente, lo hemos hecho en el fútbol y ahora creemos que le podemos ganar a Argentina y a Brasil, algo que antes creíamos que no se podía.




Pues bien, algunas de las creencias básicas que debemos mejorar como colectivo, como sociedad, son varias a mi juicio. La primera y más tóxica de las creencias que tenemos es la polaridad derecha-izquierda. Mientras sigamos viéndolas como opuestos excluyentes el resultado será cada vez peor. Debemos empezar a verlas como dos polos unidos por una vara común y focalizarnos en la vara (Chile), no en los extremos. Izquierda y derecha pueden colaborar y no guerrear. Esa posibilidad es una creencia. Otra creencia que debemos mejorar es lo relacionado a los roles y relaciones entre hombres y mujeres. El género no es lo mismo que el sexo de una persona. El género es el comportamiento socialmente aceptado de un sexo. La sociedad del siglo 21 será dominada por el género femenino. Lo ideal es que fuere una relación Yin Yang más que de control. Es una creencia el cómo debe ocurrir y esa la podemos construir mejor. Lo mismo ocurre con las minorías sexuales a las que hay que abrir los espacios sociales.




Otra creencia que nos complica es aquella relacionada a la confusión generalizada entre el Estado y el Gobierno, y de la relación entre estos y los individuos. Son tres actores muy diferentes entre sí (Estado, Gobierno, individuo), a los que hay que sumar por un lado la sociedad civil de las organizaciones intermedias y por otro la globalización forzosa propia del estado actual de la civilización. Cada cual debe tener sus espacios bien definidos y respetados. Toda esa arquitectura responde a creencias (modelos mentales).




Todo lo anterior es parte de la cultura (que en Chile confundimos con el arte) y es la gran base del desafío educacional como sociedad. Esto es parte del tema de la calidad de la educación, largamente ignorado hasta aquí, y a lo que debemos sumar el nuevo lenguaje post simbólico, los desafíos que trae la Web 3.0, la Internet de las Cosas (IoT), la revolución de la movilidad, y la fusión de la biología y la tecnología de la era digital. Por ahí va nuestra sanación como país.




En la estación de Frankfurt,
por Elena Irarrázaval.




Hay agitación la noche del 2 de octubre en la Hauptbahnhof de Frankfurt. Al otro día, la ciudad será escenario de las celebraciones oficiales de los 25 años de la reunificación alemana. Estará Angela Merkel y habrá un gran espectáculo de luces en el río Main. También conciertos -rock, Bach y Beethoven-, comidas típicas de los 16 länder y mucha cerveza. De los trenes salen cientos de personas con ánimo festivo, algunas ataviadas con trajes regionales.


En un andén lateral, el panorama es distinto. Decenas de refugiados -niños, mujeres de mirada baja y muchos hombres jóvenes- se bajan del tren y caminan en silencio a su bus. Apenas llevan unos pequeños bultos. No hay gritos ni escándalo, la policía observa de lejos y los voluntarios revisan listas de nombres. Sus rostros reflejan fatiga, pero también una tímida esperanza. Solo aquellos que demuestren ser víctimas de persecución podrán quedarse.


Las dudas sobre si Alemania podrá acoger -e insertar- a cerca de un millón de refugiados que podrían arribar marcaron este aniversario. El Gobierno es optimista; otros sectores, no tanto. "Nuestro corazón es grande, pero nuestras posibilidades, finitas", dijo el Presidente Gauck. Y Der Spiegel retrató con cierta sorna a Angela Merkel con el atuendo de Teresa de Calcuta.


En medio de las fiestas, pocos recuerdan que la reunificación también estuvo marcada por la incertidumbre y la desconfianza. Algunos ya se habían acomodado al irracional muro que separó familias y vecinos de la misma calle. La idea de una Alemania unida era popular entre las personas, pero fue resistida por varios líderes europeos. "Me gusta tanto Alemania, que prefiero que haya dos" es una frase que se repitió entonces.


En la propia Alemania había dudas sobre cuán rápido debía ser el proceso. Tras la euforia, el camino se tornó pedregoso. Dos millones de personas se desplazaron hacia el Oeste en busca de mejores condiciones, dejando ciudades pobres y deshabitadas. La generación en torno a los 50 años de la ex RDA -viejos para reinventarse, jóvenes para jubilar- sufrió especialmente. Las diferencias entre salarios, jubilaciones y cesantía del Este y el Oeste eran dolorosas.


Hoy, un 80 por ciento de los alemanes piensa que la reunificación ha sido exitosa. Las diferencias salariales y de otros índices subsisten, pero han menguado. La economía mantiene su dinamismo y el país es pilar de la unidad europea. Hay brotes nacionalistas puntuales -se concentran en el antiguo Este-, pero la sociedad da muestras de apertura.


"Se ha hecho un buen trabajo. Más que reconstruir la economía e infraestructura, lo difícil fue derribar el muro mental, acercar las mentalidades y construir una comunidad. Hoy creo que Alemania es un país más unido que otros de Europa, como España y Bélgica", nos comenta el ex Alcalde de Berlín Eberhard Diepgen.


En la desoladora y trágica historia del siglo XX, la reunificación alemana constituye un episodio inusual y esperanzador. Un acontecimiento que alienta a pensar que desafíos tan complejos como la inmigración pueden ser abordados con humanidad y sensatez.



Apparatchik…,
por Fernando Villegas.


Tal vez no causó mucha sorpresa -a los chilenos, ya curados de espanto, poco los asombra- que la Nueva Mayoría y la Presidente celebraran el 5 de octubre, día del plebiscito, con un acto NI masivo NI público, como tradicionalmente se espera de las efemérides y liturgias de la izquierda y más todavía en tiempos  dados a invocar los “movimientos sociales”, sino al contrario, en el Caupolicán, recinto cerrado, limitado en su cupo, custodiado por guardias, porteros y policías y de acceso posible sólo mediante invitación o ticket de entrada. Y sin embargo tampoco fue un evento privado que justificara dicha discreción porque su tema era de relativo interés nacional. ¿Qué fue y qué significó, entonces, ese “caupolicanazo”? ¿Qué reveló del estado anímico de la coalición Gobernante y del de la Mandatario? ¿Hasta qué punto actos celebrados entre cuatro paredes manifestarían un progresivo repliegue desde la estridente calle y la política de masas al opaco espacio de los recintos controlados, a la clase de ámbitos donde imperan los sigilos cortesanos, las reverencias, los cuchicheos, las intrigas y el sinuoso arte de los lambe culos?


Vaya a saber uno. Quizás estos eventos en los que el poder se mira a sí mismo multiplicando el mismo rostro en una asfixiante galería de espejos le son preferibles a enfrentar el variopinto semblante de la gente; de ser así estos sucedidos no son mera anécdota, sino parte de cambios de fondo de la escenografía de la política nacional, transformación que la ciudadanía ya presiente y teme. Su análisis en detalle requeriría un gran volumen con cientos de notas al pie de página e innumerables referencias bibliográficas, pero hoy le dedicaremos sólo 8.000 caracteres.




Con tan económico espacio sólo podemos hacernos cargo de los indicios. Hay, en efecto, señales de que la política democrática clásica basada en esporádicas “cadenas nacionales” dirigidas a masas de ciudadanos independientes, quienes luego juzgan y eligen, así como el populismo clásico basado en un líder carismático vociferando desde un balcón y seguido por una discreta clientela, están siendo paulatinamente reemplazados por un sistema en el que ni existen masas ciudadanas independientes contactadas de vez en cuando ni clientelas reducidas alentadas todo el tiempo, sino a la inversa, amplias masas de clientes vitalicios bajo perpetuo control y muy pocos ciudadanos de verdad, a la antigua, activos, alertas y difíciles de comprar con un paquete de tallarines. En paralelo el viejo armazón Estatal basado en instituciones autónomas está siendo reemplazado por un mecanismo de control central basado en la captura de TODOS los órganos administrativos por la invasión de una masa infinita de activistas y militantes. Ya copadas  por dicha inmigración gigantesca de Comandantes, combatientes, simpatizantes, feligreses y amigas y amigos del poder, las instituciones dejan de ser marcos de referencia de la ciudadanía para devenir en instrumentos del cambio tal como los iluminados lo entienden y determinan. “Avanzar sin transar” es el emblema de estas populosas elites, su “razón o la fuerza”.  Es para eso que se necesita una institucionalidad controlada y una ciudadanía mantenida a distancia, aunque elogiada a cada momento.




Dicho sea de paso, en la Unión Soviética -y en la Deutsche Demokratische Republik- el ilusorio aspecto ciudadano del sistema era denominado “democracia popular”, mientras a esa feligresía invasora, manipuladora, apropiadora y beneficiaria del Estado se la llamaba el “apparatchik”, el aparato.




El aparato.
Si se quiere entender intuitivamente, con una simple anécdota, qué significa un Gobierno de “apparatchik” 100% puro, eche un vistazo a los libros y/o documentales de la época de la URSS producidos con ocasión de asambleas celebradas en el “Palacio de los Congresos” de Moscú. Se va a acordar del “caupolicanazo” porque se trataba de eventos igualmente momificados por el mismo bálsamo de arrogancia, prepotencia y obstinación, igualmente envueltos en un protocolo masónico-partidista y con un debate igualmente celebrado con esa semántica altisonante y oscura del gusto de los iniciados de toda secta exclusiva. El pueblo estaba ausente. La discusión era sólo entre facciones del “aparato” formado por altos dirigentes del PC, de la industria, de las Fuerzas Armadas y un discreto surtido de intelectuales confiables. La opacidad era absoluta y los riesgos tremendos. Durante el camerino Stalin podían caer y a menudo caían cabezas.  Para enterarse de lo que sucedía era necesario desdeñar la versión oficial de Pravda, piadoso devocionario repleto de mentiras y eufemismos, sino recurrir a los servicios de criptoanalistas del M16 y de sovietólogos dedicados a desentrañar el significado no de textos sino de gestos, no de argumentos sino de vocablos, no de contenidos sino de omisiones y todo en medio de una infinita vaguedad. Lo único claro del libro oficial del encuentro era el comienzo, siempre del mismo formato, una lista interminable de saludos del siguiente tipo:




Hace su entrada a la asamblea la delegación del PC de Yugoslavia” (aplausos).
Hace su entrada la delegación del PC de Argentina” (aplausos).
Hace su entrada la delegación de Marruecos” (aplausos).
Hace su entrada la delegación del PC italiano” (muchos aplausos).
Hace su entrada… etc.…” (aplausos).
Para el caso de Chile y el “caupolicanazo”, acto que quizás pueda describirse como una versión tercermundista y desvaída de esos legendarios encuentros, el libro oficial hubiera dicho:
Hace su entrada al Caupolicán la Presidenta de la República” (estruendosos aplausos).
Hace su entrada el jefe del Departamento de Aseo y Ornato de la Municipalidad de Tiltil” (aplausos).
Hace su entrada con boletas falsas el honorable…” (un par de chiflidos).
Hace su entrada el caballero que se fue a ver el mundial de rugby” (algunas quejas y silbidos).
Etc…




La gestión del viejo apparatchik ruso se ejercía totalmente al margen de la ciudadanía, lo cual comienza a suceder con el de la NM. Si acaso en la URSS la “Dictadura del Proletariado” consistía en la dictadura del apparatchik, en Chile el Gobierno de “las grandes mayorías” consiste en los eslóganes y puños en alto de cuatro mil asistentes al Caupolicán. De ahí que las instituciones sean cada vez menos regulados espacios de negociación de diversas agendas y cada vez más instrumentos de la agenda revolucionaria en vigor. El apparatchik nuestro, rasca y todo, participa de la misma ambición mesiánica del género: no ser simple emanación de la voluntad soberana, sino órgano de poder monopólico de los autoproclamados intérpretes de dicha voluntad. Por eso, toda acción, toda coacción, toda malversación y si es necesario toda violencia se justifica.




Balbuceos.
Lejos estamos aún de que todo eso se revele en gloria y majestad, pero hay signos que indican cierto avance en ese camino. No es casual la inédita invasión y apoderamiento de la burocracia Estatal por parte de no menos de 80.000 nuevos funcionarios, todos de impecable currículo progresista; no lo son los novedosos alardes de gestualidades autorreferentes que se observan en cada acto oficial y el recurso a la “autocrítica”, apolillado ejercicio de seudomasoquismo estrenado con ocasión de los procesos de Moscú de los años 30; puede también que no sea indiferente el modo como la Justicia ha sido literalmente tomada por abogados menores de 40 años que están en un 200% comprometidos con la Gran Cruzada de castigar a los protagonistas del pasado y condonar a los desviados del presente;
tal vez tampoco sea irrelevante el creciente control del sistema universitario por grupos cada vez más delirantes en sus afanes de autogobierno, democracia estamental, gratuidad absoluta, vigilancia del currículo académico y destrucción de las “ciencias burguesas”. Súmese a eso el afán por estatizar la salud, la previsión, la educación básica y todo lo que se ponga por delante y ya tiene usted un cuadro que se acerca, que huele, que luce y comienza a parecerse más y más a ciertos precedentes históricos.




Chambonadas y glosas,
por Héctor Soto.




Dejó de ser una amenaza y ahora ya es una realidad. Chile terminó por entrar a la espesa nube de la mediocridad. Los organismos económicos internacionales prevén que, si no somos capaces de poner algo de nuestra parte para mejorar el desempeño -y hasta ahora no lo somos- vamos a estar ahí por largo tiempo. Más que perder la capacidad para reconocer adónde diablos estamos yendo, entrar a la nube significa empezar a volar a ciegas, renunciar a tener una carta de navegación y confiar en que no ocurra una hecatombe -interna o externa- que eche abajo nuestro vuelo.




Tranquilos: todo indica que esto no será el apocalipsis. La economía seguirá flotando a tasas menguantes de expansión. Vamos a tener meses de Imacec un poco por debajo o un poco por encima de expectativas cada vez más golpeadas. Vamos a tener tasas de inflación como la de agosto, que nos sorprendió por lo alta, y como la de septiembre, que terminamos hallando no tan mala. Por ahí vamos a andar. El aparato Estatal durante este Gobierno continuará creciendo y gastando más, no sólo porque la reforma tributaria allegó más recursos a la caja Fiscal, sino también porque el Gobierno tiene todavía un amplio margen para endeudarse sin comprometer los grandes equilibrios macros. En principio, eso no es ningún drama. El drama, o la tragedia, es que seguirá gastando mal, como se hizo en la reforma educacional aprobada, que traspasó una enorme cantidad de plata a los sostenedores y ni un solo peso adicional a favor de la calidad de la enseñanza, y lo mismo volverá a ocurrir ahora con la famosa glosa de la gratuidad de la Ley de Presupuesto.




Parte del paisaje de los próximos años será el deterioro de la calidad de las políticas públicas. Bienvenidos a la República de la chambonada. El hecho de estar aterrizando la gran promesa de campaña de Bachelet en una picante glosa presupuestaria que contentará -dicen- a 200 mil estudiantes y unos 10 Rectores, pero que generará frustración en casi un millón jóvenes, es revelador. No había un plan. No había estudios, según lo deja ver la cantidad de volteretas que el Ministerio de Educación se ha dado para explicar lo que está haciendo. No había tampoco un cronograma medianamente equitativo o inclusivo para llegar a la gratuidad. Lo único que hay es una fórmula más o menos circense y ramplona para salir del paso por ahora, inventada por gente que no tiene idea de los efectos asociados a lo que están planteando, y que en poco tiempo va a traducirse en el achatamiento del sistema universitario. Esto no tiene vuelta y dará lugar a una chacra. El sistema camina a requerir cada vez más recursos para proveer una formación universitaria que será no sólo pobre en términos de calidad, sino de terror en sus sesgos políticos.




Esta forma de hacer las cosas se está repitiendo en todas las áreas. Pareciera que después del Transantiago -el gran aporte de la centroizquierda a la historia de los descalabros nacionales, el país rebajó dramáticamente el estándar de sus políticas públicas. Es cosa de comprobarlo en lo que está ocurriendo en salud, en seguridad ciudadana, en gestión de conflictos laborales del sector público o con la tramitación indolente y aguada de la Agenda de Probidad.




Esta semana quedó más claro que nunca que dejaron de haber ejes rectores en la acción del Gobierno. El domingo, la Presidente avivó la cueca del reformismo refundacional en el llamado “caupolicanazo” y el jueves acudió solícita a reunirse a puertas cerradas en el CEP con el empresariado de mayor calado. Habrá más diálogo, dijeron los asistentes, pero no por eso menos reformas, dijo la Mandatario. La Presidente sigue sin entender que el problema no está en que haya reformas, sino en que se sigan haciendo con tanta improvisación e incompetencia.




Mientras tanto, el sistema político se sigue devaluando. El Gobierno no siente que este fenómeno, que es profundo, transversal y peligroso, le concierna. Y por supuesto que es una realidad que también lo emplaza. Que la inminente designación de dos prominentes autoridades del Estado -el futuro Contralor y nuestro Fiscal Nacional- haya quedado expuesta a la duda respecto de cuán inhabilitados podrían estar quienes intervendrán en los nombramientos recuerda que el sistema político sigue en deuda.




No hemos avanzado a ninguna clarificación política para resolver los cortocircuitos y conflictos asociados al financiamiento irregular. Los Fiscales y la Justicia están haciendo su trabajo, pero los políticos deberían también hacer el suyo. Así las cosas, lo único que queda es la confianza en que las instituciones funcionen. Así tiene que ser. Está fuera de dudas, sin embargo, que funcionan mejor cuando se sanean.




La urgencia que plantea la actual crisis de confianza y liderazgos es que mientras no se haga nada, más abierto queda el escenario a una fuga ciudadana al populismo. El fantasma está ahí, a la vuelta de la esquina. Prácticamente no hay autocracia latinoamericana que no se haya levantado sobre el descrédito de la institucionalidad y de las elites políticas. Eso lo sabe hasta el más distraído lector de la historia. Sin embargo, es un factor que ni al Gobierno ni a la oposición pareciera quitarle el sueño en Chile. Curioso espectáculo. La oposición mira. El Gobierno glosa.




Gratuidad discrecional.

Más allá de los cuestionamientos a los méritos de la gratuidad universal como política para la educación superior, ella es percibida como una iniciativa discriminatoria, ya que las instituciones elegibles están siendo definidas por criterios que son en esencia arbitrarios, marginando en su puesta en marcha a gran parte de los estudiantes vulnerables.


Además, hay varias instituciones que no teniendo problemas para realizar los cambios estatutarios necesarios para ajustarse a los criterios exigibles, están siendo excluidas. En efecto, el Gobierno definió en la glosa del proyecto de Ley de Presupuestos que crea el financiamiento por gratuidad que las instituciones deberían cumplir con dichos criterios al 30 de septiembre recién pasado. Eso ha dejado fuera de la gratuidad a instituciones respecto de las cuales no hay duda de su vocación y calidad. El caso más emblemático es Inacap. Ahí estudian muchas personas vulnerables que no van a recibir el aporte por gratuidad a pesar de venir de deciles más bajos en promedio que los estudiantes de las universidades elegibles.


Este problema podría haberse evitado si el Gobierno hubiese modificado en primer lugar el marco regulatorio, brindando a las instituciones la oportunidad de adaptarse a las nuevas exigencias. Inacap, como ha declarado su Rector, habría escogido este camino. La arbitraria decisión no afecta, como pudiese pensarse, a Inacap, sino que a sus estudiantes. Para ellos y sus familias será incomprensible la decisión del Gobierno. Pero también la señal que se envía al sistema es negativa, ya que en la decisión de la autoridad la calidad parece ser secundaria.


Las restricciones financieras, que es la razón última que se le ha dado a Inacap para no incluirlo según se desprende de las palabras del Rector, son entendibles, pero aun así debería ponerse la calidad al centro de las decisiones que se tomen, de modo que la restricción se aplique sobre la proporción de estudiantes beneficiados en esta primera etapa. Por ejemplo, en lugar de los primeros cinco deciles, incluir solo a cuatro, pero ampliándolo a todas las instituciones meritorias. La Presidente Bachelet ha insistido en sus discursos en la imperiosa necesidad de tratar con igual dignidad a nuestros ciudadanos. Tiene toda la razón respecto de este desafío. Pero en el inicio de su política de gratuidad no se está aplicando este valioso principio.


En una transformación institucional relevante que requiere de diversos cambios es muy importante definir adecuadamente la secuencia más propicia para evitar distorsiones que afecten la legitimidad de una reforma y su sustentabilidad en el tiempo. Las modificaciones que quieren hacerse a la política de educación superior están siendo cada vez más cuestionadas a pesar de que recién comienzan a dar sus primeros pasos.


Ley "antidíscolos".

Cuándo se trata de explicar la desconfianza que los ciudadanos tienen en las dirigencias de los partidos políticos, una  causa que asoma de inmediato es la contradicción que se aprecia entre lo que dicen y lo que luego hacen.  Uno de los mejores ejemplos de este fenómeno es la denominada "Ley antidíscolos" -que fue dictada en forma apresurada y con escasa discusión- y que obliga a los afiliados a un partido a renunciar un año antes  de una elección si pretenden ir en ella como independientes.  Durante este mes de octubre por lo tanto, vencerá el plazo para que se materialicen las renuncias antes de las elecciones Municipales, con lo que los partidos tendrán luego el poder para definir quiénes de sus militantes pueden ser candidatos.


En la práctica, esta Ley  entrega a los partidos el poder para evitar que sus militantes "vayan por fuera", porque en el año inmediatamente anterior a la elección el partido tiene el poder total para decidir quién será el candidato. La anticipación requerida para la desafiliación, además, permite al partido organizar la estrategia para defenderse del militante que renunció y pueda amenazar a sus candidatos.


La contradicción es evidente. Mientras por una parte se habla de mejorar la calidad de la política, ampliar la competencia y los "cauces de participación", por otra se establecen bloqueos competitivos y se entrega un poder totalmente discrecional a las dirigencias para dominar el acceso a los cargos. Tanto en esta modificación ya vigente, como en otras que se pretenden realizar ahora a propósito de una agenda anunciada como de mejoramiento de la institucionalidad, se perjudica abiertamente las posibilidades de que se presenten candidatos independientes.


Es ilustrativo que en la denominación común de esta norma se califique peyorativamente de "díscolos" a quienes pretenden simplemente competir como independientes, porque por una u otra razón no quieren seguir afiliados a un partido.


Decisivo nombramiento público.





La Presidente de la República y el Senado deberán resolver en los próximos días quién ocupará el cargo de Fiscal Nacional del Ministerio Público durante los próximos ocho años. El escenario es complejo e incluso se ha dicho que existiría una "operación" para "negociar" esa designación conjuntamente con la del Contralor General de la República, nominación injustificadamente retrasada por parte del Gobierno. La suspicacia apunta a que el cargo políticamente más sensible en el corto plazo, el de Fiscal Nacional, sea ocupado por una persona que dé tranquilidad a los Parlamentarios y a los partidos en las causas penales pendientes vinculadas al financiamiento irregular de la política. Funcionales a una estrategia de este tipo resultan las declaraciones de algunos Parlamentarios en cuanto a que todos los candidatos que integran la quina son profesionales destacados, con méritos y capacidades suficientes para desempeñar el cargo.


Con total independencia de quien tenga la razón sobre el destino que corresponde a las causas sobre financiamiento político, sería un gravísimo error que el Gobierno y el Senado decidieran la designación del Fiscal Nacional atendiendo a esta situación puntual. Pues aunque todos los integrantes de la quina poseen méritos y cualidades indiscutibles, no es cierto que todos ellos sean igualmente idóneos para enfrentar las tareas que el nuevo Fiscal tiene por delante. La Fiscalía se encuentra en una situación crítica, mucho más compleja que la que enfrentaba cuando fue designado el actual Fiscal Nacional. Hay descontento entre los funcionarios, las quejas sobre la escasez de recursos se han vuelto un mal crónico, el sistema de persecución penal está fracasando frente a la delincuencia común y las instituciones clave para el funcionamiento de ese sistema -las policías, Gendarmería, el Sename, el Servicio Médico Legal, entre otras- se encuentran sobrepasadas y presentan problemas básicos de gestión y capacidad resolutiva.


El país requiere un Fiscal Nacional capaz de liderar o al menos impulsar decisivamente el proceso de superación de estos problemas. Para ello debe ocupar un lugar mucho más relevante que el actual en el diseño y ejecución de las políticas públicas sobre delincuencia. No existe otra institución más capacitada y que cuente con más información que la Fiscalía sobre el fenómeno delictivo a lo largo del país. Ninguna otra institución pública interactúa en forma tan intensa con todas las instancias que inciden en el combate contra la delincuencia. Pero todo esto de poco o nada sirve si la Fiscalía no es capaz de influir profundamente en la configuración de las decisiones Legislativas o Gubernativas que repercuten directamente en estos aspectos. El Fiscal Nacional y sus asesores no pueden limitarse a entregar "cuñas" sobre tal o cual asunto de actualidad, sino que deben poseer las capacidades para desarrollar propuestas sólidas y, tan importante como esto, para transmitirlas en forma eficaz a quienes deben adoptar las decisiones correspondientes. Esto implica que el nuevo Fiscal Nacional goce de verdadera autoridad, que no necesite hablar de su autonomía sino que la ejerza, y que pueda dialogar de igual a igual con todo el espectro político y técnico.


Es mucho lo que falta por hacer, por ejemplo, en cuanto al rendimiento de los servicios auxiliares de la Justicia penal y, especialmente, de las policías. Se trata de asuntos complejos, cada uno con sus propios problemas. Pero la Fiscalía es la que probablemente mejor conoce estas dificultades y, además, una de las instituciones del Estado que se encuentran en mejor posición para contribuir a superarlos. Sin embargo, apenas hay propuestas que apunten en esta dirección y, cuando existen, son demasiado generales o no han sido capaces de trascender la mera recomendación técnica para instalarse como temas pendientes que deben ser abordados y resueltos. Si rara vez se observa a los Legisladores o a los personeros del Ejecutivo promoviendo soluciones provenientes del Ministerio Público, si este se conforma con emitir los informes que protocolarmente se le solicitan en la tramitación de proyectos de Ley, si la Fiscalía no pone en la agenda temas de interés general y no solo gremial, ello significa que el Ministerio Público aún no ha ocupado el espacio que le corresponde en el funcionamiento del Estado.


Tanto o más relevante que la función institucional externa del futuro Fiscal Nacional será su rol en la gestión interna del Ministerio Público. Los mecanismos actuales de selección, evaluación y promoción del personal de la Fiscalía no son satisfactorios. En cuanto al primer aspecto, por ejemplo, ocurre que en la práctica solo pueden optar al cargo de Fiscal adjunto quienes se han desempeñado durante años como abogados asistentes, con una remuneración notablemente más baja que la de un Fiscal. Esto hace que para muchos egresados destacados de las facultades de Derecho no resulte atractiva una postulación al Ministerio Público, y que lo sea todavía menos para quien lleva algunos años de ejercicio profesional. De esta forma, los cargos de Fiscales se van llenando solo con el personal interno que ha tenido la vocación y la paciencia suficientes para resistir durante años las condiciones de trabajo de los abogados asistentes.


En lo que respecta a la evaluación del desempeño de los funcionarios, existen dudas sobre los incentivos de los Fiscales para investigar las causas que pueden presentar más dificultades, como es el caso de aquellas en que se desconoce la identidad del imputado. Asimismo, el sistema de calificaciones y cumplimiento de las metas que inciden en la obtención de bonos parece haberse prestado para manipulaciones que, hasta la fecha, no han sido completamente aclaradas. Es evidente el efecto que las evaluaciones de desempeño tienen en las decisiones de los Fiscales respecto de cada caso en particular. Por lo tanto, el diseño de los incentivos debe ser expresión fiel de una determinada política de persecución penal. Esta política, sin embargo, existe solo en forma muy fragmentaria y es en gran parte desconocida para la ciudadanía, al igual que el régimen de incentivos. No se trata de exigir al Ministerio Público que revele aspectos internos o confidenciales, pero sí es exigible que se formulen y comuniquen criterios coherentes en cuanto a las políticas de persecución penal.


Nuevamente, los casos vinculados al financiamiento irregular de la política son un buen punto de partida para preguntarse a qué criterio objetivo de prioridad responde la cantidad de recursos destinados a investigarlos y qué impacto tiene este esfuerzo en la persecución de otros delitos.


Ni la Presidente de la República ni los Ssenadores pueden abdicar de su responsabilidad institucional y personal en el discernimiento de las cualidades de cada uno de los candidatos, y de hacerlo con prescindencia de constreñimientos meramente coyunturales. Quien puede elegir al Fiscal Nacional es políticamente responsable de su desempeño y, por lo tanto, lo es también de su mal desempeño cuando este se debe a problemas de idoneidad.


Los riesgos de la intervención rusa en Siria.



La intervención militar rusa en Siria, que se concretó hace dos semanas, plantea una preocupante escalada del conflicto en ese país del Medio Oriente, que ya se extiende por más de cuatro años, causando sobre 220 mil muertos y generando la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. No sólo es la primera vez que las fuerzas de Moscú intervienen fuera de los límites de la ex Unión Soviética desde la caída del Muro de Berlín, hace más de 25 años, sino que, además, plantea un cambio en los equilibrios de fuerza en un conflicto complejo donde hay múltiples grupos rebeldes en actividad y una creciente presencia militar extranjera.


La lenta y tardía respuesta de Occidente y en especial de Estados Unidos a la guerra en Siria no sólo favoreció el avance del autodenominado Estado Islámico, sino que también dejó el escenario libre para que Rusia interviniera en la zona con el claro interés de parte del Presidente ruso Vladimir Putin de asumir un rol protagónico en la región y dar una señal de fuerza que consolide su imagen interna, justo cuando la caída del precio del petróleo sigue debilitando una ya frágil economía rusa. Además, la crisis siria ya dejó de ser una guerra civil para convertirse en un conflicto regional donde intervienen Irán, Arabia Saudita, Qatar, Turquía y potencias occidentales como Francia, Reino Unido y EE.UU.


Putin ha asegurado que su objetivo es combatir al Estado Islámico, pero informes del Pentágono y de la OTAN sugieren que las fuerzas rusas han atacado también a rebeldes moderados que luchan contra el régimen del Presidente sirio, Bashar al Asad. Más del 90% de los bombardeos no han sido contra posiciones del EI, aseguró el vocero del Departamento de Estado norteamericano. De confirmarse esta información sería evidencia de que la acción militar rusa busca apoyar al debilitado Gobierno sirio. Por ello, la intervención rusa en lugar de ayudar a una salida negociada al conflicto puede terminar dándole un respiro al régimen y alargando la guerra.


La acción de Rusia eleva el riesgo de un eventual choque entre las fuerzas de Moscú y la OTAN, como lo demostró el reciente incidente entre aviones rusos y turcos en el espacio aéreo de este último país. La OTAN dejó claro que está dispuesta a apoyar a todos sus aliados, incluida Turquía, en clara referencia a las tensiones surgidas entre Ankara y Moscú. El riesgo aumenta al observar los evidentes intentos de Putin por dar señales de fuerza, como el lanzamiento de misiles a posiciones en Siria desde el Mar Caspio, pasando por cielo iraní.


El actual escenario en Siria exige redoblar los esfuerzos de parte de las potencias occidentales para encontrar una salida negociada a la crisis siria. De no hacerlo, el conflicto seguirá escalando con insospechadas consecuencias para toda la región -que podrían contemplar incluso el cambio del mapa regional- y Rusia terminar consolidando su influencia en Medio Oriente, lo que cambiaría  definitivamente los equilibrios geopolíticos en la región.


La aprensiones que en su momento generó la estrategia seguida por Estados Unidos en esa región han terminado por confirmarse, por cuanto la renuncia del Presidente Obama a tener un papel activo en controlar la inestabilidad generada ha dado paso a una situación de mayor tensión y de surgimiento de un proceso de expansión de la acción rusa de impredecibles consecuencias.




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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

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