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martes, 22 de septiembre de 2015

Ideas para terminar con el pesimismo y recuperar el camino al desarrollo...

Anoche otro ataque terrorista se produjo en La Araucania, quemaron casas delincuencia
fundo San Pedro, cerca de la localidad de Vilcún, esperamos que el Gobierno
ponga fin a la impunidad de los violentistas que aterrorizan al sur de Chile.
Impresentable resulta la irresponsabilidad del Senador Jorge Pizarro, que luego
de pavonearse junto a la Presidente Bachelet en el destruido norte chico, partió a
Londres a presenciar el campeonato mundial de rugby.
Chile apabulló por 5-0 a Venezuela en Copa Davis, Gonzalo Lama le dio el último
punto al equipo nacional. El elenco capitaneado por Nicolás Massú espera para
conocer el rival para su retorno al Grupo I de la Zona Americana.
Conmoción ha causado entre los católicos cubanos que el Papa Francisco se haya reunido
con Fidel Castro y que no haya manifestado públicamente su condena a la represión que
está sufriendo el pueblo que ha sido impedido de reunirse con el Pontifice.

El juego de la verdad,
por Joaquín García Huidobro.


Los daños que este Gobierno ha causado al país son incalculables. No se trata solo de que, cuando Bachelet termine su mandato, Chile habrá perdido su impulso emprendedor; la inversión estará en niveles muy bajos; tendremos varios miles de empleados públicos de más, y habremos desperdiciado la oportunidad de focalizar recursos para un genuino mejoramiento de la educación pública. Tampoco bastará, en esa cuenta quejumbrosa, con decir que no se tomó en serio el problema de La Araucanía y no tuvo la más remota idea de que sufríamos un mal gravísimo que se llama déficit poblacional.


Me temo que el problema es más grave: Bachelet ha contribuido a difundir en Chile una cultura de la irresponsabilidad, al menos en dos sentidos de esa expresión: de una parte porque, como se ha dicho muchas veces, no enfrenta los problemas; se rodea de asesores que le dicen que la baja de las encuestas se debe solo a una falla en la comunicación, y transforma la política en una cuestión de imágenes.


De otra parte, Bachelet refleja una cultura de la irresponsabilidad porque ha impulsado entre los chilenos una pérdida del sentido de la realidad, que lleva a confundir los ideales con los ensueños, y hace pensar que basta con tener una buena intención para que estemos dispensados de atender seriamente al modo en que se conseguirá ese objetivo. Cabe notar que en la última encuesta CEP Bachelet solo alcanza un 22% de aprobación; sin embargo, los mismos que reprueban su Gobierno no dudan en darle un 42% de evaluación positiva a ME-O, cuyas propuestas son aún más extremas que las de Bachelet. Estos datos parecen mostrar que no se trata aquí simplemente de que cambie una persona, sino de promover un ambiente donde impere la racionalidad.


Pasada la borrachera de las promesas y las ilusiones, el país empieza a sentir los síntomas de la resaca. Pero no basta. Esas encuestas que muestran el desplome de Bachelet hacen ver que los chilenos no concluyen de allí que las cosas podrían ir mejor con un Presidente DC o de centroderecha, pues sus posibles candidatos ostentan niveles de aprobación bastante modestos. Como nada hace pensar que este panorama vaya a cambiar sustancialmente de aquí a las elecciones de 2017, es necesario realizar un esfuerzo muy especial si se quiere que la Presidencia de la República quede en manos de las fuerzas sensatas de centroizquierda o centroderecha.


Me parece que la única posibilidad de crear un cambio de clima político que, con las correcciones del caso, vuelva a poner al país en la senda que transitó con la Concertación y Piñera reside en algo muy sencillo: hay que empezar a decirle al país la verdad, aunque sea dolorosa. Entiéndase bien, no estoy insinuando que Bachelet sea mentirosa, que no lo es. Sin embargo, la verdad resulta maltratada no solo cuando se miente, sino cuando se ignora la realidad, cuando se embarca al país en un viaje a la Utopía. Para hacerlo, no hay que esperar al último momento, sino que es necesario empezar desde ya a repetir, una y otra vez, que la tarea de recuperación será larga, difícil y muy sacrificada.


No se trata de proponerle al país una vuelta al pasado. El siguiente Gobierno se encontrará ante cambios muy profundos, que habrán alterado nuestra forma de convivencia. Pero resulta imprescindible advertir al país, desde ya, que habrá que reformar las reformas, mejorarlas para que efectivamente conduzcan a favorecer a los más necesitados. Es necesario volver a hablar del valor del trabajo y del ahorro; de la necesidad de que se respete el principio de autoridad; de que no tendremos buenos ciudadanos ni bajará la delincuencia si nos dedicamos a demoler sistemáticamente a la familia; de que solo tiene sentido hablar de derechos en el marco de una cultura de la responsabilidad y la solidaridad.


Esta no puede ser tarea de un solo político: aparecería como una figura extravagante. Pero si son varios los que empiezan a hablar este lenguaje, y lo hacen de manera sostenida y desde ahora, entonces se empezará a difundir una cultura de la verdad, que constituirá un terreno donde los aventureros y los demagogos no podrán prosperar.


No basta simplemente con que una persona sensata gane la próxima elección Presidencial por un puñado de votos más que el demagogo que tenga enfrente. Debe tener un apoyo muy amplio, porque si el enfermo no está dispuesto a ponerse a dieta no habrá receta capaz de mejorarlo. Y si el país no está dispuesto a darle ese apoyo, entonces podremos decir que tendremos el gobierno que nos merecemos.


Un Ravotril para Navarro,
por Sergio Melnick.


El Senador Navarro al parecer se encuentra bastante mal, ha sufrido un ataque de pánico angustiado por oscuras conspiraciones, sedición, complots y otras amenazas a la democracia que sólo él puede ver. En psicología se habla de proyecciones. No le gusta la libre opinión. Creo que necesita urgente un Ravotril, que se medica para este tipo de crisis. Debemos recordar que la persona más admirada por Navarro, (Hugo Chávez) fue un militar golpista encarcelado por ello.


En Venezuela, Maduro habla todo el día exactamente de lo mismo. Quizás es una doctrina bolivariana. Tan delirante está Maduro, que ha encarcelado a alguien básicamente por ser opositor. Exactamente lo que a Navarro le gustaría acá. Más aún, Maduro ha torcido la Justicia en ese afán, mostrando una vez más que no es un Gobernante democrático. La democracia, Senador, es mucho más que una elección; es lo que ocurre entre las elecciones. Y Maduro, sucesor designado de Chávez, es un seguidor declarado de la dictadura hereditaria de Cuba, y ahí cerramos el círculo que permite entender de dónde vienen los pensamientos y aspiraciones de Navarro. Mientras el mundo entero y el Senado chileno condena hoy al Gobierno de Maduro, el Senador Navarro curiosamente lo defiende a ultranza.


Navarro ha dicho públicamente que quisiera encarcelarme, junto a otros columnistas, tal como Maduro lo ha hecho con López. En mi caso por haber escrito una columna sobre temas que ocurren dentro de su propia coalición de Gobierno. Es el ladrón detrás del Juez. Los comentarios sobre los problemas personales de la Presidente ya aparecen en diversos medios de comunicación, se le preguntan abiertamente al vocero, ya que la Mandatario no enfrenta a los periodistas, y todo eso es sedición para Navarro. El quisiera poder poner censura tal como Venezuela y Cuba.


La entrevista de Eyzaguirre denunciando la inexperiencia, errores sistemáticos y fracasos del Gobierno de Bachelet debe ser también sedición para él. Un par de millones de tuiteros deben ser sediciosos para Navarro.


Recordemos qué otras cosas opina el Senador. Hace poco acusó de un “ejercicio de enlace de la DC”, sus colegas de coalición. El vocero de Gobierno le contestó literalmente que estaba viendo mucha tele. Navarro también dijo que la UDI gestionó la marcha sediciosa de los camioneros. Acusó a Matthei de incendiar el tema económico; otra sedición. Y señaló que en Arica no se debía bailar cueca, sino sólo bailes altiplánicos. También acusó de otra conspiración a EE.UU. para hacer una agresión militar a Venezuela.


Recordemos que sus colegas del Senado lo expulsaron de Vicepresidente por desleal. Jorge Pizarro afirmó que los dichos de Navarro “son absolutamente injustos, no corresponden a la realidad y han generado una falta de confianza entre quienes votamos por él”. En otra ocasión estuvo por trenzarse a golpes con Pizarro en el Senado. El Presidente del PPD dijo que los dichos de Navarro eran injuriosos. “Un Vicepresidente de una corporación, como es el Senado, no puede entrar en acusaciones al voleo, eso es tremendamente irresponsable”. Navarro solicitó regular las vacunas, porque ciertos químicos producirían “una epidemia mundial en expansión” de autismo. Otra conspiración.


Ni hablar de cuando aseguró que su accidente en la moto de nieve fue laboral, sin siquiera estar en su Circunscripción. El Diputado Sauerbaum sostuvo que “Navarro está acostumbrado a prender el ventilador y disparar lo primero que se le ocurra”. La Presidente del PS afirma que Navarro quiere aparecer como “el Robin Hood de la probidad”, y recordemos que radio Bío Bío informó de una carta de septiembre de 2007 donde solicita un préstamo al dirigente de las micros amarillas, Manuel Navarrete. No podemos olvidar tampoco que Navarro oficialmente apoyó los dichos de Castro sobre la salida soberana al mar para Bolivia, y ahora propone traer mil médicos de ese país. Este es el mismo Senador del copy paste de Wikipedia para Legislar, y quien se permitió agredir a patadas a un Carabinero en una marcha no autorizada.


Para Navarro, quizás hasta las encuestas son sediciosas porque muestran el gran fracaso del Gobierno, hoy rechazado por el 75% de la población. Sin duda los camioneros asaltados por terroristas son también sediciosos por manifestarse públicamente. Quizás sea oportuno recordar el tuit de Navarro señalando que si hubiese referéndum revocatorio, Piñera no duraría un mes con el apoyo del 26%. Es decir, de acuerdo a su opinión, Bachelet con 20% no dura una semana. ¿Sedicioso o no? Su historia es curiosa.


Navarro está con pánico porque como él mismo aseveró: “Si no cumplimos el programa no habrá un segundo periodo para la Nueva Mayoría”, y ya sabemos que ello no ocurrirá. Estimado Senador, con mucho respeto, le recomiendo que vea a un buen psiquiatra, y con un poco de Ravotril y menos viajes a Venezuela, quizás se sienta un poco mejor.


Una oportunidad perdida,

por Sebastián Edwards.




El bajísimo nivel de aprobación del Gobierno de la Presidente Michelle Bachelet debiera ser causa de preocupación para todos los chilenos.






Un país no puede progresar cuando lo que prima es la desconfianza y el temor. Pero eso es, precisamente, lo que está pasando.




Entre sus muchos resultados, la última encuesta del CEP consigna lo siguiente: 85% de la gente cree que Chile está estancado o en decadencia; 72% cree que el Gobierno actúa sin destreza ni habilidad (vale decir, que es incompetente); 65% de los encuestados declara, abiertamente, que la Presidente no les inspira confianza; 68% encuentra que Bachelet es lejana o distante, y sólo un 22% aprueba la forma en que conduce su Gobierno (este es el nivel más bajo de aprobación de cualquier Presidente en la historia de la encuesta). Además, 60% de la gente cree que la delincuencia es el problema más serio que aqueja al país.




Pero las malas noticias no están restringidas al Gobierno. También afectan a otras instituciones de la República: tan sólo 7% confía en los Tribunales de Justicia, sólo 6% confía en el Congreso y un escaso 3% de la gente confía en los partidos políticos. Temas para preocuparse.




Aunque la encuesta del CEP no lo especifica, existe abundante evidencia que indica que la desilusión y el desencanto son particularmente agudos entre la gente joven, entre estudiantes de educación superior y entre quienes recién se inician en la vida laboral. Debido a su desconfianza, los jóvenes no votan en las elecciones, quitándoles legitimidad a las autoridades políticas. Otra causa de inquietud.




Ausencia de liderazgo.

Entre todas las malas noticias para el Gobierno hay dos que son particularmente sorprendentes y alarmantes: la percepción de que la Presidente es “lejana” y el hecho de que más gente sienta más desconfianza que confianza hacia ella. Tradicionalmente, el sentimiento de “cercanía” había sido uno de los atributos más apreciados de Bachelet, la característica que la había catapultado a la cima de la popularidad nacional. Y hasta hace muy poco, y en prácticamente todas las encuestas, mucha más gente sentía confianza que desconfianza hacia ella. Pero ya no.


¿Qué pasó? ¿Qué explica este cambio tan drástico, esta verdadera hecatombe política?






La respuesta tiene tres partes: la primera, desde luego, tiene que ver con el caso Caval y los negocios de su hijo, y con la percepción de que la Presidente reaccionó tarde y sin la claridad que se esperaba. Para muchos, su actuar no fue suficientemente decidido. Su reacción, se piensa, se caracterizó por una falta de liderazgo.




La segunda razón es la forma empecinada en que Bachelet se ha aferrado al “programa” de Gobierno, aún a la luz de las dudas y resquemores que partes de él generan en la población. Un verdadero líder está permanentemente tomándole el pulso a la ciudadanía, escucha a la gente, recaba opiniones, acepta cambios de visiones y no insiste “a mata caballo” con ciertas ideas -aun cuando estén en el documento programático- cuando percibe que hay resistencias entre los ciudadanos.




La tercera razón tiene que ver con la idea de que la Presidente no entiende (ni apoya) las preocupaciones de muchos de los ciudadanos, en particular de los más jóvenes. Esta percepción se vio magnificada en los últimos días, cuando se publicaron los intercambios de correos electrónicos entre el Arzobispo de Santiago y el Cardenal con respecto al caso Karadima y al potencial nombramiento de Juan Carlos Cruz a una comisión papal para resguardar a los niños de posibles predadores.




Esta correspondencia es, por decirlo en forma simple, de terror. Dos jerarcas de la Iglesia parecen estar conspirando para proteger a un cura de barrio -no de cualquier barrio, claro- de acusaciones masivas de abusos sexuales.




Las reacciones del público fueron, primero, de incredulidad y luego, de ira. ¿Cómo es posible que dos adultos, hombres de Iglesia, no sientan ninguna compasión por las víctimas de transgresiones horribles?




Con justificada razón un número creciente de personas -y especialmente de jóvenes- indicó que el Cardenal Ezzati no estaba en condiciones de Presideir la ceremonia del Tedeum, un acto tradicional de acción de gracias que busca la reconciliación entre los chilenos. ¿Cómo puede abogar por la reconciliación un hombre que no siente simpatía por víctimas de abusos sistemáticos, recurrentes y horribles?




La reacción de Gobierno ante esta situación ha sido tímida, alejada de la gente y de las víctimas, y carente de cualquier sentido político. Los voceros han dicho: el Tedeum es un acto tradicional, con un contenido histórico, que se realiza desde los albores del siglo XIX. La Presidente no dejará de asistir; quién encabeza la ceremonia es decisión de la Iglesia y no de las autoridades políticas, y los ministros de Estado tienen que acompañarla al acto. Ese es su deber.




Todo mal. Decididamente mal.
Ante los abusos y la nueva evidencia que sugiere una conspiración de proporciones, y ante el sufrimiento de las víctimas, el Gobierno tomó una actitud que, sin dudas, alimentará la desconfianza y la sensación de lejanía, que refrendará la noción de la falta de liderazgo.






La oportunidad perdida.
La Presidente perdió una oportunidad única para dar una señal de cercanía, para decirle a la gente que entendía sus frustraciones, sus rabias y sus tristezas.






La Presidente debiera haber dado libertad de acción a su Gabinete, haberle permitido a cada Ministro decidir personalmente si asistiría al tedeum, o si preferirían quedarse en casa, o acompañar a algún familiar o amigo que haya sufrido cualquier tipo de abusos en el pasado.




Más específicamente, esto es lo que debiera haber sucedido: la Presidente en persona -y no el vocero- debiera haber salido al Patio de los Naranjos y, en forma tranquila, y en su estilo propio, haber dicho:
Entiendo que para mucha gente la revelación de esta correspondencia es triste y que se sienten abandonados. Comprendo que para una gran cantidad de chilenos este es un tema muy serio, personal y doloroso. Yo voy a asistir al Tedeum, porque los Presidentes siempre lo han hecho, y porque es una tradición que vale la pena preservar. Pero no creo que pueda pedirles a mis Ministros que lo hagan si tienen problemas de conciencia. Preferiría que me acompañaran, pero es bueno que cada uno de ellos decida por sí mismo. Los que prefieran no ir, pueden quedarse en casa”.




Eso es lo que hubiera hecho un líder cercano a la gente, un líder que genera confianza, un líder que percibe el estado de ánimo de la población.




La Presidente perdió una oportunidad de mostrar liderazgo y cercanía y, al mismo tiempo, aumentar fuertemente su tasa de aprobación”.




Después de la bonanza,
por Juan Andrés Fontaine.


Por diez años los precios de nuestras exportaciones mineras volaron por las alturas, elevaron nuestros ingresos, engrosaron las arcas Fiscales e inflaron las expectativas de todos. Pero he aquí que la inesperada fragilidad que empieza a mostrar China -el gran propulsor del auge- nuevamente nos pone ante la ingrata perspectiva de la vuelta a los tiempos de estrechez. ¿Cómo hemos de reaccionar?


Tal vez, primero, una aclaración: aunque la reciente caída del metal rojo ha despertado explicable temor, en términos reales aún se sitúa sobre su promedio histórico. Además, en este año, la también muy fuerte disminución del costo del petróleo nos está haciendo ahorrar más de lo que perdemos por el cobre. Valga el comentario para refutar a quienes pretendan escudarse en ello para justificar el decepcionante desempeño de nuestra economía durante lo que va corrido del año.


La preocupación es que el cobre ingrese a una fase descendente tan pronunciada y larga como la que hemos sufrido en el pasado. Como es sabido, de ocurrir esa eventualidad, estamos preparados. Como tomamos la precaución de ahorrar durante el auge, ahora podemos enfrentar el mal tiempo sin recurrir a traumáticos ajustes en las cuentas externas y Fiscales.


Sin embargo, durante la prolongada bonanza terminamos calibrando los gastos públicos y privados a una expectativa de precio de cobre -en torno a US$ 3,0 por libra- que hoy parece demasiado optimista. Ante un deterioro en las perspectivas de mediano o largo plazo en un factor tan clave como el cobre, no hay alcancía que aguante. Aunque contamos con los recursos para proceder con calma, el desafío hoy es adoptar en Chile las medidas necesarias para recalibrar los presupuestos y volver a crecer ahora sin la ayuda de un cobre alto.


Gracias a nuestro régimen de tipo de cambio flotante, el dólar ha podido subir libremente y dar a los emprendedores la señal de volcar sus energías hacia las exportaciones agrícolas, industriales y pesqueras. Pero para que esa señal opere con toda su potencia, es necesario que estos tengan la confianza de que la rentabilidad de sus inversiones no será arrasada con impuestos, regulaciones y alzas artificiales de salarios. Para contener los costos, y hacer que el alza real del dólar se sostenga, es necesario mantener la inflación a raya, lo que exigirá a las autoridades respectivas -como han adelantado- refrenar la fuerte expansión monetaria y fiscal del presente año.


Adicionalmente, hay que retomar la agenda de impulso competitivo, pues solo el aumento de la productividad permitirá -simultáneamente- desarrollar las exportaciones, elevar las remuneraciones reales y contener la inflación. Aunque algo avanzamos en emprendimiento e innovación durante la bonanza, debimos haber hecho más. Puede que no sea una calamidad el fin de la bonanza. Es en la adversidad que Chile antes ha sabido salir adelante. Es hora de dejarse de desvaríos ideológicos y volver a hacer políticas públicas en serio.


Cacería de brujas,
por Fernando Villegas.


El Senador Alejandro Navarro ha hecho lo que seguramente imaginó una contribución importante para la salud pública y salvación nacional: ha denunciado a dos colegas de este columnista -y quien sabe si no apareceremos también en el próximo Comunicado o Boletín Bolivariano del honorable- como partícipes de una campaña sediciosa que debiera ser castigada, arguye, con cierto articulado Legal imponiendo penas de presidio menor a quienes inciten un quebrantamiento institucional.


No podemos sino celebrar el celo republicano de Navarro, aunque tal vez comete, aquí y allá, algunas imprecisiones. La sedición consiste en LLAMAR a terceros, normalmente militares, para que pongan fin, CONTRA SU VOLUNTAD, al mandato de alguna autoridad del Estado, generalmente la suprema; en cambio lo hecho por los columnistas ha consistido a lo más en COMENTAR por su cuenta una renuncia o rumores de renuncia, esto es, un eventual -y seguramente fantasioso- acto VOLUNTARIO del titular, deseoso de abandonar el cargo público que ocupa. Entre una cosa y la otra dista una distancia intergaláctica y eso lo entiende hasta un nene, por lo cual la aseveración de Navarro no puede sino explicarse por obra y gracia -o desgracia- de un borbotón emocional que ese día estuvo escasamente iluminado por el faro del intelecto.


Los estridentes comentarios de Navarro, de los cuales esta denuncia por “sedición” no es sino el penúltimo capítulo, no han sido hasta ahora tomados en serio ni siquiera por gente de bancadas de su coalición, aunque cuando lo toman en serio es para vapulearlo; no hace mucho lo defenestraron de su cargo en el Congreso por sus dichos hiperbólicos acerca de la moral Parlamentaria. Debido a eso y por grados sucesivos, seguramente sin él desearlo se ha ido convirtiendo en personaje folclórico, en miembro del elenco de los dos o tres elementos pintorescos que cada generación política pone en vitrina para diversión de grandes y chicos. Esto no excluye que La Moneda y los partidos de la NM, si bien no suscriben la tesis de la sedición, hablen ya, con los debidos ceños fruncidos, de una “campaña de desestabilización”. Criticar, reprochar y por cierto reírse del Gobierno -que siquiera para eso ofrezca un motivo de alegría- es o está convirtiéndose en asunto grave.


Todo eso, los melindres, berrinches y pataletas ante las críticas no tienen cabida en tiempos normales y/o con Gobiernos normales, o acaso de existir suelen ser cosa inocua, pero todo cobra otro carácter y seriedad en tiempos como los actuales, tan encorajinados, encrespados, malhumorados y rabiosos por mucho que algunas encuestas nos aseguren que el índice de satisfacción nacional no hace sino subir. El juicio del Senador sobre nuestros colegas es defectuoso, pero si bien en lo que a él respecta se trata sólo de una retórica exageración mirando para la galería y todo va a quedar en eso, o, a lo más, se atreverá a iniciar una acción Legal si no le importa ir a una Corte con un caso no sólo sin mérito sino además ridículo, desgraciadamente hay también ciudadanos que no hacen ocasionalmente un mal o defectuoso o demagógico juicio, sino simplemente carecen de juicio y en cambio están repletos de odio. Son quienes estampan en las paredes frases del tipo “cuarenta años juntando odio” o “sin perdón ni olvido” o quienes aparecen en una portada de un sitio web anarquista poseídos de una hilaridad satánica mientras contemplan a un Carabinero envuelto en las llamas de una molotov, o los que aplastan el cráneo de otro Policía con un palo o clavan una lanza en el costado de un caballo -debe haber sido un caballo fascista- o disparan a mansalva desde una barricada, al bulto, a ver si “pescan” algo. Para estos desquiciados las palabras de Navarro, aunque no haya sido esa su intención, constituyen una luz verde.


El y algunos otros adictos a las acusaciones desaforadas marcan a la gente clavando en todos los árboles un cartel de “Se Busca”. Navarro y sus colegas y socios en la producción de estas disparatadas denuncias son los que inconscientemente -esperamos- redactan la lista de los proscritos, de los blancos legítimos, de quienes pueden ser atacados por la chusma mentalmente deficitaria y violentista. Navarro, sin quererlo y casi de seguro sin saberlo, replica en escala de miniatura el papel históricamente más glamoroso de Marat y su diario El Amigo del Pueblo, pasquín enfermo de odio que durante los años finales de la revolución francesa iba listando a quienes había que enviar a la guillotina.


Paranoia.
Lamentablemente Navarro no está solo. En esta materia lo distingue solamente su popular estilo y gracejo. Se han sumado al sedicionismo-leninismo columnistas de quienes uno hubiera esperado un grado siquiera normal de sentido común, Parlamentarios de boca fácil para insinuar sediciones y golpes, miscelánea gente de Palacio y por cierto se suman cada día combatientes y Comandantes que en su eterno soñar-despierto arden de ganas de encontrarse con blancos más fáciles de atacar -civiles desarmados- que los institucionales.


Es la paranoia. Respetuosamente podemos afirmar -y esperamos no ser acusados de practicar una psiquiatría burguesa contrarrevolucionaria- que todo régimen o movimiento centrado en un sistema de ideas, ya sea religioso o político, nacionalista o fascista, comunista o etnicista, de género o sensibilidad, es proclive a la paranoia cuando se huele que su doctrina y su agenda hacen agua por todas partes. En los peores años del comunismo soviético y las hambrunas que fueron su perpetua cosecha se ejecutó a miles de personas por actividades contrarrevolucionarias, gente que al parecer y por órdenes del capitalismo saboteaban los brotes de papas; la Iglesia Católica quemó a otros tantos por herejía, apostasía, satanismo, pactos con el diablo, etc.; Cuba fusiló a muchos y encarceló aun a más y lo ha hecho hasta hoy día; Maduro y sus boys acaban de condenar a 14 años de cárcel por traición a la patria y otros pecados capitales a un dirigente de las protestas contra su régimen. Etcétera, etcétera.


Se trata de un pánico y reacción visceral ante el fracaso cuando este se revela brutalmente y sin más; es el momento a partir del cual a los iluminados de turno todo les parece sedicioso y parte de una conjura, de un complot culpable de las inepcias, errores y las muestras de incompetencia de su régimen. Este mecanismo de proyección de la culpa y consiguiente castigo frenético del culposo vicario opera siempre en este tipo de situaciones. Un régimen meramente administrativo, sin ambiciones de trasformar el mundo, sin “épica”, sin “relato”, sin ilusiones, sin egolatría y megalomanía, se limita a corregir los errores que la realidad se ha encargado de enseñarle y señalarle; un régimen basado en ideas grandiosas más bien se inclina a culpar al mundo de estar equivocado. El mundo no puso atención, se le dijeron las cosas y no entendió o no se le “esclareció” lo suficiente la Verdad y la Vida Eterna, amén. El mundo es sedicioso.


Consecuencias.
Estas paranoias crecientes y sus inevitables cacerías de brujas alimentadas por el fracaso no lograrán apañarlo; sólo aumentarán la velocidad del deterioro, intoxicarán aun más el ya conflictivo clima imperante, prepararán los ánimos para la descalificación masiva y el escenario para la violencia en escala ampliada. De esto no será culpable el ciudadano común ni tampoco los columnistas. Quienes redactaron el extravagante programa de la NM y los pésimamente mal concebidos proyectos de Ley que de aquél emanan, quienes propusieron la reforma tributaria que ha sido un disparo en el pie de la economía y quienes insisten, en medio de espumarajos ideológicos, en una reforma laboral que exaltará aun más los conflictos y el mal estado del país, ellos son quienes debieran hacerse cargo de sus actos en vez de iniciar cacerías de brujas. Son los que han creado la desestabilización ya vigente y prometen aumentarla aun más”.


Los Gigantes son eternos,
por Cristina Bitar.


La televisión es uno de los mayores fenómenos del siglo XX. Tal vez el principal, porque fue el primer gran paso hacia cambios que se han ido sucediendo con el tiempo y la tecnología. Significó el acceso masivo a la información, y con ello un cambio sociológico y político enorme. También desde esa caja comenzaron a extenderse los brazos de lo que hoy llamamos globalización; el mundo en su dormitorio y en tiempo real configuró una sociedad diferente; por último, trajo consigo otro concepto del ocio y la entretención, y fue la semilla de una explosión en la industria de la entretención. Los videojuegos son impensables sin la TV.


Para bien o mal, cambió el mundo y cambió nuestras vidas, se convirtió en otro miembro de la familia, derrotó Gobiernos, fabricó ídolos –o los destruyó– con la magia de la inmediatez. Es tanto lo que significa la televisión en nuestra sociedad que cualquier intento de enumeración es vano. Es verdad, también, que hoy la televisión abierta languidece. Todo indica que pasó su tiempo y la industria evoluciona hacia formas nuevas, a través de la integración con Internet, contenidos cada vez mejores y más diversos –esta es la era de las series como fenómeno social– que llegan a través de plataformas múltiples. Estamos en un camino que cambia muy rápido y de manera difícil de predecir. Sin embargo, todo lo actual es tributario de esa televisión que en Chile nació, creció y se desarrolló en la segunda mitad del siglo pasado.


Y la historia de la televisión chilena se puede resumir en un hombre y en un programa: Don Francisco y Sábados Gigantes. Ahí está todo simbolizado, contenido y desarrollado, marcando una época; ahí está nuestra historia, con lo bueno y, es verdad, también con mucho de lo malo. Pero el balance no admite dudas: nuestra televisión sólo puede inclinarse y rendir tributo ante esta dupla de programa y animador que es, por lejos, lo más importante de sus primeros cincuenta años. Los personajes que vieron la luz entre los focos de esos estudios: Mandolino, La Cuatro, El Tío Valentín y tantos otros, se encuentran en el fondo de nuestra memoria individual y colectiva.


Trascendió las fronteras y se convirtió en un fenómeno del mundo latino, en Estados Unidos e Hispanoamérica. Ese fue su último logro, pero siempre será nuestro Sábados Gigantes (así, con las eses al final), con sus concursos, sus entrevistas, su humor y su extensión, que ahora parece exorbitante.


Ha llegado a su fin, como era natural y lógico, pero hay personas y creaciones que no terminan, porque se hacen parte de nuestra cultura, nuestra historia, nuestra identidad. Los Gigantes son eternos, porque son gigantes. Hasta siempre, Don Francisco.


Desconocimiento de la Constitución.


Fue la propia Presidente Bachelet quien, pese a mantener la prioridad de una reforma Constitucional en contra de lo que espera la población como foco de los esfuerzos de su Gobierno, aludió a la necesidad de iniciar el proceso Constitucional con una suerte de actividad de carácter cívico destinada a enseñar a los ciudadanos acerca del contenido y sentido de una Carta Fundamental.


A juzgar por los resultados de una reciente encuesta de la Universidad del Desarrollo, la mandatario parece estar en lo correcto en cuanto al desconocimiento que tiene la población respecto del texto Constitucional. Aunque ese mismo hecho pareciera contradecir el supuesto clamor ciudadano que demandaría cumplir su propuesta programática de elaborar una nueva Constitución.


La investigación de esa casa de estudios reveló preocupantes datos sobre el grado de desconocimiento que tiene la ciudadanía sobre la Constitución política que rige en Chile. Realizada sobre una base muestral de 1.007 personas en agosto, el estudio determinó que el 73% de los encuestados dijo no conocer ningún contenido de la Carta Fundamental; el 82% reconoció no saber en qué consiste una asamblea constituyente y un alto porcentaje de 67% ignora aun el principio democrático esencial de la separación de poderes del Estado, propuesto por Montesquieu ya en el año 1768.


Las altas cifras de ignorancia cívica que revela esta encuesta contrastan de alguna manera con el lugar prioritario en que la actual coalición Gobernante ha colocado el tema de una nueva Constitución. No hay consistencia lógica entre ambas realidades. Las autoridades Gubernamentales han llamado a un proceso constituyente y liderado un movimiento por una nueva Carta Suprema, construyendo esta supuesta necesidad a partir de un fuerte desconocimiento popular del tema.


La encuesta, de reflejar cifras extrapolables a nivel nacional, es una señal de alerta cívica que debe llevar a corregir el énfasis político del Ejecutivo. Por un lado, revela que el llamado a una nueva Constitución o a una gran reforma Constitucional -que efectivamente tiene apoyo ciudadano- ha tenido componentes importantes de consigna política, y capitalizado un sentimiento de insatisfacción que no está vinculado al orden institucional de la República. Por otro, la encuesta reafirma la relevancia de los esfuerzos por restablecer la educación cívica como un ramo con identidad propia y no distribuir sus contenidos en diversos ramos de las ciencias sociales. Eso último valida de paso la prioridad dada a la fase de enseñanza jurídica dentro del llamado proceso constituyente.


Gobernando en terreno.


Aun en tiempos de adversidad, las oportunidades nunca faltan. Otra cosa es que las personas y los Gobiernos se decidan a aprovecharlas o no. La actual administración, que se ha farreado hasta el momento todas y cada una de las oportunidades para sintonizar con las aspiraciones de la ciudadanía, podría encontrar en el reciente terremoto la oportunidad para descargarse de aquellos lastres que terminaron apartándolo del sentir mayoritario.


En las catástrofes nacionales los Gobiernos se vuelven efectivamente mucho más necesarios que en tiempos de normalidad. Claro que para estar a la altura de las circunstancias eso pasa por desplegar una capacidad de gestión que las actuales autoridades no han tenido. Este ha sido el frente donde el Gobierno peor lo ha hecho, en parte porque se dejó arrastrar por ideologismos trasnochados y en parte también porque se empeñó en apartar de la gestión pública a los cuadros técnicos más idóneos que la Concertación había forjado durante dos décadas para la administración del Estado. Las dos grandes reformas realizadas hasta ahora -la tributaria y la educacional- estuvieron en manos de equipos abiertamente incompetentes y autistas que -sintiéndose dueños de la verdad- no dejaron error por cometer. La economía ya ha estado pagando el precio de esos disparates y la sociedad deberá hacer otro tanto en los próximos años, en términos de deterioro global del sistema educativo.


Ahora el dilema vuelve a ser entre perseverar en la dirección escogida o utilizar el nuevo escenario para recapacitar. En cierto modo, el terremoto se ajusta a las pretensiones de la Presidente Bachelet de aislarse del debate político -que le disgusta, que menosprecia, para el cual tiene muy poco repertorio intelectual y donde ha fracasado cada vez que ha resuelto intervenir- y de salir a terreno y acercarse a la gente. Es la reacción clásica de todo mandatario en problemas y corresponde al primero y más básico de los impulsos. Los Presidentes sienten que florecen fuera de Santiago besando niños, estrechando manos, repartiendo abrazos y tomándose selfies. Y sienten que se achican inexorablemente cuando tienen que Gobernar, cuando tienen que justificar sus decisiones o explicar la decepción asociada a las iniciativas que promueven.


Como este es, por lejos, el Gobierno de mayor carga ideológica que ha tenido el país después de Allende y Pinochet, lo cierto es que no hay demasiado margen para esperar rectificaciones. Lo ocurrido esta semana con la presentación de las indicaciones del Ejecutivo a la reforma laboral vino a despejar las últimas interrogantes que todavía rondaban sobre la gestión del nuevo Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés. Posiblemente él hubiera querido otro desenlace, pero no, ya no hay espacio para maniobrar. La huelga sin reemplazo va a como dé lugar y va no obstante que este sea el peor momento para introducirla. La convicción más profunda de la Nueva Mayoría es que en Chile las relaciones entre el capital y el trabajo son especialmente asimétricas y que la única manera de restaurar el equilibrio social es fortaleciendo a los sindicatos y entregándoles a sus cúpulas un poder de negociación que, junto con frenar el dinamismo de las empresas, terminarán pagando por igual los cesantes, los miles de chilenos que podrían trabajar y no tienen la oportunidad de hacerlo y, por cierto, los consumidores. Para el oficialismo la corrección de la asimetría no pasa por crear más puestos de trabajo ni tampoco por un mercado laboral especialmente activo que haga que los empleadores se disputen la mano de obra con remuneraciones cada vez mejores. No, ni por nada. Confían en que si se estira un poco la cuerda en la negociación colectiva, los trabajadores sindicalizados siempre quedarán mejor remunerados, y de allí no se mueven. Lo que no quieren ver es que eso se traducirá a muy corto andar en menos empleos de los que la economía podría generar y en mayor informalidad aún en el mercado laboral.


En esto ni la cátedra ni el sentido común se pierden un instante. México -por ejemplo- tiene una Legislación laboral que el progresismo más ferviente consideraría “avanzada” en relación a la estadounidense. Sin embargo, no es lo que piensan los millones de trabajadores mexicanos que se van a Estados Unidos venciendo múltiples barreras policiales y migratorias. Y tampoco digamos que los beneficios sociales mexicanos induzcan a los trabajadores gringos a irse a un país donde supuestamente sus derechos podrían estar más protegidos. Salvo para el oficialismo, en esto no hay dónde perderse. Sin embargo, los voladores de luces del laboralismo son tan potentes que el Gobierno ha decidido comprárselos -comprárselos a lo mejor no al contado, pero sí en cuotas- sin saber que al hacerlo está aportando otro grano de arena a la que podría ser su causa más indeliberada, más inconsciente, pero también más sostenida: sacar a Chile del camino al desarrollo, devolverlo a la brevedad al triste desempeño que el país tuvo desde la década del 40 hasta los 70.


Las Fiestas Patrias tuvieron anímicamente marcadas este año por el fuerte sismo que afectó al Norte Chico y la zona central y por la reaparición del Gobierno en la agenda informativa. Es evidente que el nuevo contexto obligará a reasignaciones presupuestarias y más de alguna mascada terminarán perdiendo los fondos soberanos. Quizás no hay otra alternativa y es lo que haya que hacer. Pero sólo porque no se hizo lo que en su momento debió haberse hecho.


Un país mejor preparado.


La fuerza de la naturaleza nos ha vuelto a golpear, causando muerte y destrucción. Es un ciclo de eterno retorno, que nos obliga a estar siempre alertas y preparados para hacer frente a la repetición constante de dichos fenómenos.


Aunque el terremoto y posterior maremoto fueron percibidos en ocho Regiones del país, los efectos más fuertes se concentraron en la Región de Coquimbo. Los daños en el sector costero fueron elocuentes. Un balance entregado esta mañana por el Ministerio del Interior habla de 656 viviendas destruidas y 9.061 damnificados, además de las 13 personas que fallecieron, y otras cuatro que continúan desaparecidas. Sólo en el puerto de Coquimbo, además, la destrucción de infraestructura pública alcanzó a los siete mil millones de pesos.


Bien sabemos que estas cifras podrían incrementarse a medida que se conozca nueva información. Sin embargo, es evidente que la mayor parte del país ha resistido razonablemente bien el remezón de 8,4 grados Richter y sus centenares de réplicas. El comportamiento de la infraestructura crítica ha sido especialmente positivo: los servicios básicos se interrumpieron de forma acotada y no hubo que suspender el transporte aéreo ni por carretera.


Dicha respuesta es el resultado de haber asumido con responsabilidad la aplicación de técnicas y procesos constructivos antisísmicos, debidamente cautelados por los entes reguladores. También la eficacia del modelo predictivo sobre maremotos y la educación sísmica de la población permitieron que se alertara rápidamente a quienes estaban en las zonas costeras, y se los evacuara de forma oportuna.


Este balance positivo no debe ser sinónimo de conformidad, ni menos inhibir el análisis crítico de la eficacia de las medidas que se implementan, o la necesidad de otras nuevas. Por de pronto, un grupo de especialistas ha señalado la conveniencia de priorizar la inversión en alarmas y métodos de evacuación preventiva, por delante de fortalecer la red de sismógrafos y otros instrumentos de monitoreo. Asimismo, el Subsecretario del Interior ha planteado también la necesidad de revisar las normativas respecto de los lugares dónde instalar la infraestructura crítica y la construcción privada, impidiendo la construcción bajo la cota de 20 metros.


Se trata de dos asuntos que deben ser discutidos con cuidado, balanceando adecuadamente las ventajas y riesgos de cada medida, y con la certeza de que la prioridad debe ser salvar vidas.


Derechos sociales y realidad económica.


Consultada en entrevista realizada por "El Mercurio" acerca de la posibilidad de que los plazos para alcanzar la gratuidad universal en la educación superior queden fijados explícitamente en la Ley que se enviará a tramitación al Congreso, la Diputado Camila Vallejo (PC), que dirige la comisión de Educación de la Cámara, contestó afirmativamente, agregando que "garantizar derechos no tiene que estar sujeto al crecimiento económico".


Esa declaración parece revelar la idea de que es posible fundar derechos que supongan gastos sobre una base económica que no esté asegurada. Así, se vuelve obligatoria la provisión de un derecho, pero ¿qué ocurre si llegado el caso, este no se puede financiar? En algunos países se convierten en letra muerta o se Legisla reduciéndolos, provocando frustración en la población y un enorme costo social. En otros, cuando el mundo político no enfrenta los efectos de la situación creada por él mismo, son los Tribunales los que asumen un papel protagónico y ordenan a la administración la satisfacción de esos derechos, con independencia de la fuente de financiamiento. Es lo que se está viviendo hoy en Colombia, donde fruto de una Constitución que da espacio para interpretar como derechos lo que se suele consagrar como aspiraciones sociales, al final el poder de decisión política acaba entregado al Poder Judicial. Eso ha significado que el Estado haya debido incrementar en más de 5% el presupuesto Fiscal para satisfacer derechos sociales que los Tribunales han amparado, afectando la disponibilidad de recursos para otras prioridades y programas que pueden ser eventualmente más urgentes o de mayor beneficio colectivo.


Por eso es que el orden en que deben promulgarse derechos de este tipo es el inverso, es decir, solo una vez que el cumplimiento de las exigencias económicas para su satisfacción está asegurado. En el mediano y corto plazo, en lugar de consagrar estas aspiraciones como derechos individuales exigibles por medios jurídicos, su eventual consagración Constitucional debe establecerse como aspiraciones colectivas que se busca alcanzar y que orientan la acción del Estado y la sociedad.


Está visto que la discusión acerca de los derechos debe ser tan madura como madura ha de ser la capacidad efectiva de un Estado para solventarlos. Así fue, por ejemplo, como se instauró en Chile el derecho a la educación primaria y secundaria, cuando el país estuvo en condiciones de poderlo garantizar.


Es responsabilidad del mundo político velar por no extremar la tensión entre expectativas y realidad.


La unidad nacional, base para el desarrollo de Chile.
Para cualquier ciudadano es evidente que hoy en Chile existe una crisis de confianza y un ánimo pesimista, incluso de frustración, sobre el futuro. Incluso en los debates públicos y privados se advierte una mayor polarización, y que lejos de generarse consensos, parecen extremarse las posiciones en uno y otro sector del abanico político. Cuando algunos observadores señalan desde fuera del país que la situación no es tan negativa, parece preferible confiar en la percepción de los que viven nuestra realidad y están comprometidos con su futuro.


Ciertamente resulta más fácil y políticamente lucrativo marcar las diferencias, tanto de parte del Gobierno como de la oposición, a fin de obtener el apoyo de una gran masa del país que no apoya ni a uno ni a otro en estos momentos. Pero sería una muy mala comprensión de la realidad pretender que ese abuso de las diferencias no será captado y castigado por los ciudadanos.


En coyunturas como ésta parece indispensable que los líderes de opinión de los diversos ámbitos del quehacer nacional tengan una pausa de reflexión y, más allá de las legítimas diferencias que puedan existir en el debate público, dediquen algún esfuerzo a recuperar y coincidir en los elementos que constituyen nuestra nacionalidad y de los que, legítimamente, debemos sentirnos orgullosos.


Entre esos elementos que nos unen e identifican está la conformación de la nacionalidad a partir del aporte que han realizado nuestros pueblos originarios y los inmigrantes que, de distinta forma y en distintas épocas, han contribuido al desarrollo del país. Ese desarrollo no habría sido posible si unos y otros no hubieran estado dispuestos a integrarse y a aceptar las diferencias en pro de un bien general, más que a exacerbarlas y promover el conflicto. Esa actitud es la que hoy se necesita.


También cabe destacar la voluntad que siempre hemos exhibido para enfrentar las dificultades que recurrentemente surgen a partir de nuestro aislamiento o de desastres naturales que nos ponen a prueba.


La explicación del pesimismo está en buena parte en que los chilenos valoran los progresos que el país ha logrado en los últimos 30 años y ven con preocupación que ese círculo virtuoso no siga o, peor aún, se pierda lo avanzado. Por eso, para revertirlo una condición indispensable es que se reconozcan los avances que se han logrado y el hecho que son resultado de la contribución de todos los sectores políticos y sociales. Por eso, no cabe duda que así como no fue buena idea la descalificación que el Gobierno anterior hizo de las gestiones anteriores ("en 20 días se hizo más que en 20 años"), tampoco lo ha sido el propósito de la actual por refundarlo todo –bien representado en el concepto de la "retroexcavadora".


Lo que el país espera de sus líderes es que sin renunciar a las legítimas diferencias que existen sobre la mejor forma de conducir los asuntos públicos, y que se deben expresar con transparencia en el debate público, exista la disposición genuina de trabajar en conjunto sobre la base de las mejores virtudes republicanas.


Una reforma laboral que dañará al país.





El objetivo declarado del proyecto de reforma laboral aprobado por la Cámara de Diputados es "equilibrar" fuerzas entre empresarios y trabajadores en la negociación de remuneraciones en las empresas. En lo que afecta a las empresas de mayor tamaño, el Gobierno definió indicaciones a dicho proyecto para incorporarle, entre otras correcciones, algo que se acerque en sus efectos al reemplazo interno de trabajadores en huelga, que vetan la CUT y sectores del oficialismo. Tras una discusión aparentemente técnica para lograr "proporcionalidad", sin embargo, lo que el Gobierno afina es una reforma que satisface la presión de grupos de interés vinculados al mundo sindical, y que representa uno de los golpes más severos al modelo económico social chileno.


Mientras en su alocución a los empresarios participantes en el Chile Day, en Londres, el Ministro de Hacienda invitaba a trabajar para devolver su legitimidad a la empresa privada y el sistema de mercado, con su propuesta de reforma laboral transforma en Ley una visión profundamente descalificadora de esas mismas instituciones. En la lógica de la reforma laboral, no se entiende el mercado laboral chileno como una institución que permite a los trabajadores ganar remuneraciones en línea con su productividad. La reforma responde al diagnóstico de un mercado en que empleadores poderosos imponen salarios bajo su productividad a trabajadores débiles y desprotegidos. Por eso, y sin ninguna referencia a productividad, la reforma da a los sindicatos una licencia para monopolizar y administrar la oferta de servicios laborales a las empresas, con el objetivo de aumentar las remuneraciones de sus socios con recursos extraídos desde la remuneración al capital.


Las repercusiones de sustituir el mercado y la competencia por mecanismos de reparto en base a "equilibrio" de fuerzas, son profundas y múltiples. Para los empresarios, ver limitada su libertad de contratación y enfrentarse a una lógica de determinación de remuneraciones en función de evitar la parálisis de la empresa es un fuerte desincentivo a invertir y a generar empleo. Para los trabajadores, los incentivos serán a fortalecer su capacidad de ejercer la fuerza, en desmedro de un mayor énfasis en la capacitación y desarrollo de productividad que premiaba el mercado.


En una nueva negociación, los Ministros de Hacienda y Economía concordaron con Parlamentarios oficialistas y oposición un conjunto de indicaciones para eximir a las micro y pequeñas empresas de algunas de las regulaciones que está incorporando la Legislación laboral. Estos acuerdos -como aumento en el quorum exigido para constituir sindicatos y el reconocimiento de grupos negociadores diferentes al sindicato- que parecen necesarios a la luz del contenido de la Legislación en gestación, hacen aún más evidente las graves limitaciones que afectarán a las empresas de mayor tamaño.


El nuevo modelo laboral no podrá replicar el crecimiento de la masa de remuneraciones al 5,7% (promedio, real) por año de los últimos veintiocho años, que acercó al país hacia el desarrollo. En cambio, medidas que sí mejorarían el mercado laboral han quedado pendientes. El país se encamina así a una mayor conflictividad y menor crecimiento.




Bolivia amenaza la seguridad nacional.


Los 875 kilómetros de frontera con Bolivia no se protegen únicamente con la defensa jurídica de nuestra soberanía en La Haya. Son un problema para la seguridad nacional, por el narcotráfico que impone Bolivia. Hay que denunciarlo con firmeza en los foros mundiales y redoblar el control fronterizo. Allí se han detenido soldados bolivianos involucrados en contrabando, a narcotraficantes y casi corrientemente se incautan cuantiosos cargamentos de droga. Entregando más territorio a Bolivia esos riesgos se incrementan.


Bolivia es el segundo productor mundial de coca y el mayor de cocaína. Procesa coca peruana en sus laboratorios. Es también el principal origen del narcotráfico.


El Presidente Morales potencia esos daños y por tiempo indefinido: su Constitución permitirá reelegirlo a lo menos hasta el año 2025.


Ha trascendido una investigación en Estados Unidos sobre la participación del entorno del Vicepresidente de Bolivia, García Linera, en el narcotráfico. Recién fue invitado por la Universidad de Chile a presentar el libro "Socialismo y Estado Plurinacional". Lo hizo en el Aula Magna de la Escuela de Derecho ante la lamentable presencia del rector. García Linera es el gran impulsor de la demanda para que Chile ceda territorio y con ello se facilite el narcotráfico. Según se investiga, el amigo más cercano del Vicepresidente y el piloto del avión Presidencial serían narcos. Tenía razón el Gobierno austríaco cuando detuvo y revisó el avión Presidencial en que viajaba Morales. No son extrañas las vinculaciones bolivianas con el narcotráfico. El General Sanabria, antes zar antinarcóticos, está preso en los Estados Unidos por complicidad en ese delito. Por lo mismo está sujeto a proceso el anterior Jefe de la Policía Nacional de Bolivia. Evo Morales es Presidente del Sindicato de Cocaleros y aumentó los permisos para cultivar coca, expulsó a la agencia norteamericana antidrogas y rechaza la cooperación internacional para combatir el narcotráfico. Todo siempre victimizándose e invocando su indigenismo y la intervención extranjera.


En pocos días el Tribunal de La Haya sentenciará sobre su competencia. En los días siguientes los Presidentes de Chile y Bolivia coincidirán durante la Asamblea de Naciones Unidas en Nueva York. Cualquiera sea la sentencia, Morales se victimizará y volverá a reclamar territorio nacional. La Asamblea es una buena oportunidad para replicarle afirmando que Chile no está dispuesto a entregar territorios amparados por un tratado más que centenario y que compartir frontera con Bolivia es un riesgo para la seguridad nacional, por el narcotráfico boliviano que, además, está poniendo en peligro el libre tránsito que Chile le otorga a Bolivia. Otros Gobiernos comprenderán: también están afectados por el narcotráfico boliviano.


Chile acosado por los desastres y el mal Gobierno
debe levantarse y con fuerza iniciar su reconstrucción.

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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