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martes, 8 de septiembre de 2015

Temas para entender lo que pasa y lo que viene...

Esperábamos que la debilidad y falta de credibilidad ciudadana había tocado
fondo. Nos equivocamos, la encuesta Cadem-Plaza Pública, entregada ayer
nos muestra a la Mandatario con 22% de aprobación y un 70% de acogida.
Creemos que la imagen de la semana es la de las manifestaciones de las “damas
de blanco” chilenas en oposición al proyecto de Ley del Ejecutivo que que
permite el aborto con gtres causales bastante difusas.



Gran libro de Axel Kaiser,
por Sergio Melnick.


La verdadera historia de la humanidad se ha jugado siempre en las ideas, sean estas racionales o espirituales. Las mejores ideas han sido siempre hijas de la libertad, no de las tiranías. Sin embargo, el actual futuro se juega en la tecnología y en particular en una nueva mente tecnológica colectiva, un paso evolutivo crucial que está en marcha. Algunos hablan de la “singularidad” (fusión de la biología y la tecnología Kurzweil), otros de la “humanidad como nuevo ente biológico” (Lipton), otros de transhumanismo. Es un gran tema para el liberalismo moderno que no está siendo indagado y debiera ser el próximo libro del autor.


La izquierda tradicional, a pesar de ser ontológicamente materialista, es notablemente experta en las ideas, como lo es también en confundirlas o mezclarlas magistralmente con las emociones y cautivar así a las masas ansiosas y desinformadas propias de países en desarrollo. Eso es el populismo. La derecha, que supuestamente tiene una metafísica idealista, curiosamente invierte muy poco en las ideas, al menos en nuestro país. Como dice Axel Kaiser en La Tiranía de la igualdad, la derecha conservadora nunca ha entendido que el problema es intelectual e ideológico y no técnico. Los desafíos reales están en la subjetividad, no en lo finito. Por eso la derecha pierde sistemáticamente la pelea de la historia de las ideas y la cultura, muy bien definida por Gramsci. Como las ideas de la izquierda son más bien creencias fundamentalistas que racionalidad coherente y consistente, estas chocan una y otra vez contra la dura realidad y en especial con la naturaleza humana esencial. Siempre han querido “crear” un hombre nuevo, pero no han resuelto cómo el hombre viejo y malo podría hacer ese milagro.


A pesar de la contundente evidencia histórica que muestra que esas ideas fracasan en la práctica, y generan resultados exactamente opuestos a los deseados, la izquierda sigue “creyendo” en ellas. Creen y aman al Estado como los religiosos creen y aman a sus dioses. Creen en la ingeniería social, que es el fundamento esencial de todo totalitarismo. Creen que la igualdad es el único criterio de equidad. El gran problema de la sociedad no es la desigualdad, sino la escasez de recursos. El desafío de la eficiencia es -por ende- permanente y siempre despreciado por la ideología de la igualdad. Sólo la libertad y el emprendimiento libre aumentan los recursos.


El libro de Kaiser debiese ser lectura obligatoria en los colegios, pero Axel mismo se opondría radicalmente a ello, por restringir la libertad. Le encuentro razón. Los buenos empresarios debieran regalar, cada uno de ellos, 1.000 copias para difundir esas ideas de libertad, la búsqueda esencial del ser humano, y el fundamento esencial del emprendimiento y la innovación. Este nuevo libro de Kaiser disputa palmo a palmo las enormes debilidades conceptuales, y las aseveraciones sin fundamento, del libro El otro modelo, que inspira ideológicamente a este Gobierno. Kaiser solo contra cuatro autores les gana 6-0. El Gobierno precisamente en base a ese modelo ha fracasado de manera radical y en poco tiempo. La igualdad es finalmente enemiga mortal de la libertad, ya que ello sólo es posible hacia abajo, como lo hemos visto en las reformas estructurales de esta administración.


La izquierda habla de neoliberalismo y nunca lo ha estudiado ni entendido seriamente. Ni siquiera es consciente de sus orígenes, como señala el autor. La izquierda habla de una sociedad abstracta, independiente de los individuos, y ahí parten todos los errores. La izquierda desconfía esencialmente de las personas, las manipula. Los considera inteligentes para elegir el Presidente, pero no para elegir el colegio de un hijo. El mercado no es el que corrompe, es la ética debilitada la que corrompe al mercado. El mercado ha generado enorme cantidad de bienes públicos, como lo que ocurre hoy con la tecnología e internet. En fin, no es como sataniza la izquierda sino exactamente lo contrario.


Kaiser hace un análisis brillante de los derechos sociales, y demuestra cómo estos son expropiatorios del derecho de propiedad. Conceptualmente significa que algunos deben trabajar gratis para sustentar a otros, o que la riqueza no es de quien la produce sino que en parte es colectiva, pero ésta no se extrae, se crea, y ahí está la enorme diferencia.


La doctrina fundamental del liberalismo no es que todos sean iguales, sino que todos estén mejor que antes. Sin propiedad privada nunca habrá real libertad. La pobreza es tema del Estado sin duda.


Este libro es fundamental para entender el fracaso del Gobierno. En esencia, no sólo no cumplirá las promesas sino que los eventuales beneficiados terminarán peor de lo que estaban. Es el síndrome Transantiago. Las buenas intenciones no bastan para Gobernar. Se requieren ideas sólidas y buena gestión.


La Carta Magna,
por Karin Ebensperger.


Nada más difícil para una sociedad que el equilibrio entre la libertad individual y el ejercicio de la autoridad en un Estado de Derecho. En momentos en que en Chile discutimos sobre la Constitución, es interesante observar cómo han resuelto el tema en otras sociedades.


Estoy en Londres y me ha impresionado la devoción con que los británicos celebran los 800 años de la Carta Magna, que estableció el imperio de la Ley y el Estado de Derecho.


Decenas de miles de persona han visitado este ancestral documento exhibido en la Biblioteca Británica. Cada escuela del país recibió una copia de la Carta Magna, incorporando así desde la primera infancia la educación cívica y el respeto por las instituciones del Reino Unido. ¿Y qué establece esta Carta Magna que tras ocho siglos sigue siendo la piedra angular de la cual derivan las organizaciones del Estado de Derecho hasta hoy? Expresa principios intransables, como que nadie puede ser privado de su libertad, de sus derechos y de sus posesiones de ninguna manera, que a nadie se le negará la justicia y que nadie, ni siquiera el rey, está por encima de la Ley. Es muy notable que ya en 1215 se consagrara que la voz del pueblo debía ser oída por el rey Juan, debido a las tensiones por la tierra, la corrupción y la arbitrariedad.


Es, en esencia, un documento que garantiza las libertades inalienables de los individuos frente al poder, y las responsabilidades que todos tenemos respecto de los acuerdos y de la legalidad.


Sus conceptos están hoy impresos en muchas sociedades e inspiraron los orígenes del Parlamento y de la democracia en Occidente. La Carta Magna se ve reflejada por ejemplo en la Declaración de Derechos de Estados Unidos de 1791; también en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948. Su influencia permanente fue diseñando los modernos conceptos de libertades civiles y democracia.


Los ideales de la Carta Magna están vivos y son la base hasta hoy del Derecho inglés. Los británicos son tan conscientes de estos valores, que los han reforzado en los llamados principios Nolan, que son las normas de comportamiento exigidos a los funcionarios públicos y a los Parlamentarios: desinterés, integridad, objetividad, responsabilidad, transparencia, honestidad y liderazgo.


El pueblo británico valora estos grandes principios que son los que dan estabilidad a una nación; no se enredan en detalles interminables, como ocurre con las Constituciones que suelen redactarse en América Latina, y que pocos respetan. Son los buenos principios, simples y claros, los que ayudan a formar sociedades cohesionadas e instituciones legítimas.

Los tres chiflados,
por Fernando Villegas.


Al observador de la política latinoamericana bien podría alguna vez asaltarlo la perturbadora sensación de haber regresado a su infancia y estar en el cine viendo a Los Tres Chiflados dándose los sopapos y coscachos de siempre. Por qué no; después de todo el pueblo soberano de la región una y otra vez permite, con el ticket de sus votos, a Moe hacerse cargo de la economía, a Larry manejar la distribución de sobornos y maletines y a Curly enfrascarse en la tarea de distorsionar las instituciones. En Chile ese viajero del tiempo habría disfrutado esta semana de un sabroso “bonus track”: el fogoso ex Intendente Huenchumilla amenazando con un malón decimonónico de las etnias originarias.


Desde el punto de vista de la cátedra económica, desde el punto de vista de la moral y desde el de la eficiencia el Moe de turno es casi siempre un morón sin remedio, Larry -quien se multiplica en miles de especímenes- es un corrupto de pies a cabezas y Curly, micrófono en mano, no deja de espetar tonterías. Desde cualquier punto de vista el trío no hace sino arruinar a los países. Nótese que a las figuras estelares preciso es agregar el reparto, el Gran Elenco de los tíos, padres, sobrinos, hijos, amigotes y camaradas que pululan en los pasillos y recámaras del poder con cargos de gobierno, vendiendo influencias -se llama lobby- o sumidos hasta el cogote en oscuros negociados.


¿Cómo es posible?, se pregunta ese observador. ¿Cómo no los han sacado del escenario a patadas en el trasero? ¿Acaso ha prosperado tanto Argentina para que el peronismo, instaurado en los años 40 del siglo pasado, siga levantando cabeza con una encarnación tras otra? ¿Acaso Venezuela no va a la ruina y sin embargo el chavismo y el madurismo continúan en su sitio ganando 18 elecciones de 19? ¿Acaso Brasil, con ya más de 10 años de Gobierno del Partido de los Trabajadores, no afronta una crisis y putrefacción política como nunca antes tuvo? Pues bien, la función continúa porque dichos regímenes son reelegidos. Es entonces cuando ese observador, ya no pasmado sino hastiado, concluye que estos pueblos son de una irremediable necedad y se merecen lo que tienen, pensado lo cual se retira a su vida privada y se convierte en ciudadano desinteresado de la política. Con su hastío y retiro fortalece una de las condiciones que hacen posible los Gobiernos de los tres chiflados, esto es, de los populismos, régimen hacia el cual pareciera tender nuestro país. Es entonces necesario y quizás urgente echarle una mirada al reestreno que se nos viene, al populismo 2.0 en todo diferente al original salvo en una cosa en la que es idéntico, a saber, en su inevitable inepcia, irremediable esterilidad, atmósfera de barbarie, espíritu de vendetta y vocación por un atraso crónico.


Eternidad.
Este perpetuo reestreno no es de extrañar. Todo sistema político aspira a la eternidad, sinónimo de duración indefinida de los privilegios y de tiempo ilimitado para poner en práctica las agendas. Para lograrlo sus titulares hacen uso de cualesquiera mecanismos tengan a mano. Por eso el tema central de los tratadistas desde Platón en adelante, pasando por Macchiavelo, Hobbes y muchísimos más, es desentrañar la “cuestión del poder”, cómo se obtiene, cómo se promueve y sobre todo cómo se conserva. El Príncipe de Macchiavelo es un recetario para lograr esos efectos.


Los sistemas difieren en su grado de hospitalidad para los ambiciosos. La democracia clásica no lo es. De su esencia es mantener en vilo a quienes Gobiernan por la sola existencia de comicios frecuentes que pueden sacarlos abruptamente de sus posiciones. Si eso es un “vicio” de estabilidad, ha sido trasmutado en una virtud expresada en la frase “la alternancia en el poder”. Otros sistemas son más estables porque ninguna intervención popular los juzga y jubila y el poder puede conservarse largo tiempo, pero son peligrosos; un cambio de autócrata en el Imperio Romano o de Secretario General del PCUS en el Imperio soviético bien podía significar, para los engordados cortesanos del anterior tirano o “Secretario”, el reglamentario tiro en la nuca, un exilio miserable o con suerte sólo una caída en desgracia, en la pobreza y la oscuridad. Las monarquías con la sucesión teóricamente asegurada tampoco eran una taza de leche; se dependía del capricho del monarca y sus favoritos, de los azares de la procreación en el seno de la dinastía y de la discrecionalidad de un Estado manejado como propiedad inmobiliaria.


Menos mal que con el avance de la humanidad llegaron los populismos a ofrecer a los ávidos de poder la síntesis ideal: un remedo de elecciones democráticas que tranquilice la conciencia, supervivencia física garantizada y una larga gestión mientras dure la plata para beneficiar a la clientela.


Nuevas clientelas.
El populismo del siglo pasado se basaba en la simple dupla constituida por el “líder carismático” y la base electoral popular que lo sustentaba. El Estado, sin el vasto tinglado que maneja hoy, no tenía grandes capacidades para la beneficencia; normalmente a la querida chusma sólo se le ofrecían promesas, Leyes ineficaces, una esperanza, el “Cielito Lindo” y mucha buena onda. Era un populismo sin base institucional, sólo personal. El líder llegaba al poder a lomos de su clientela, pero ya en el Gobierno era muy pronto desmontado por elites, Congresos y ejércitos listos para intervenir a la primera ocasión. La imposibilidad de cumplir las promesas era siempre la causa.


El populismo actual es muchísimo más sólido. No se fundamenta en carismas, sino en estructuras y dinastías. La señora Rousseff carece de gracia, es más, peca de lo contrario, pero le bastó el mérito de su alta membresía en el Partido de los Trabajadores y la bendición apostólica de su antecesor, el señor Lula. Maduro, en Venezuela, no es precisamente un genio deslumbrante, un orador ciceroniano ni un chacotero como al menos solía serlo Menem sino un conductor de camiones cuya palanca de cambios sólo conoce la marcha atrás, pero la mano de Chávez se posó sobre su cerviz y eso bastó para ungirlo. La señora Kirchner tampoco da ejemplo de las “buenas prácticas” populistas del pasado, pero en su calidad de viuda de Kirchner contaba con los debidos antecedentes sacramentales. En suma, el populismo es ahora una suerte de monarquía popular, sistema bien organizado y no una anécdota de discursos, pistoletazos y primeras damas -Eva Perón- embalsamadas y escondidas en la trastienda de un rotativo; es hoy un duradero estado de cosas, no un accidente político, entidad institucional capaz de legar una máquina de poder dotada del maravilloso don de la auto- perpetuación. Lo hace a base de una amplia clientela de beneficiarios, el control del Estado y, llegado el caso, el fraude electoral que permite lo último. En breve, los populismos modernos no son fenómenos transitorios sino cuerpos estables y reelegibles. Como un buen circo itinerante, tienen líder pero no ya dependen de él.


Quid pro quo.
No se trata, entonces, que el populismo exista y persista por “necedad” del pueblo ni nos encaminemos a él -como aceleradamente sucede- debido a eso, sino es fruto de un regulado y frío intercambio de favores celebrado a plena conciencia entre una clientela de electores y sus patrones políticos, base a la cual se suman muchísimos miembros del aparato del Estado y sus familias, los intereses corporativos asociados a él y jóvenes declamando su apoyo por razones ideológicas. Eso suele ser suficiente, pero si acaso no lo es siempre es posible agregar una módica dosis de intervención electoral.




En breve: hoy ya no se requiere tener un talentoso Arturo Alessandri para encantar a las masas; una medianía funcionaria está en condiciones de cumplir igual función. En vez de arrojarle el abrigo a la “querida chusma” para que no pase frío se cuenta con un importante  presupuesto para calentarles el cutis a jóvenes, mujeres, ancianos y niños, a marginales o pobladores, a los desposeídos o a los “sectores vulnerables”, a las clases medias emergentes o a etnias especiales. Para eso está el “gasto social”.


Niños a la basura,
por Joaquín García Huidobro.


Para muchos de nosotros, la actual crisis de inmigración en Europa se reducía a unos titulares en la prensa, a análisis politológicos, a comparaciones históricas. Nos daba pena lo que le pasaba a esa pobre gente, pero parecía muy lejano. Así era, hasta que una foto de un pequeño niño sirio muerto, botado por el mar en las arenas de Turquía, vino a despertarnos.


Nos imaginamos a Aylan, con sus tres años de edad, chapoteando en las aguas, con la desesperación de quien no sabe nadar, hasta que sus escasas fuerzas se terminaron y comenzó a hundirse. Por su pequeña cabeza pasarían, rápidas, mil imágenes: la de su madre, que también se estaba ahogando a unos metros de distancia; las escenas terribles de la guerra, que los llevaron a huir con lo puesto, y probablemente también recordó el momento en que la familia se subió a una embarcación comandada por unos hombres de caras poco amables, pero que debía llevarlos a la libertad.


Este fenómeno de fría distancia nos puede afectar a cada rato, cada vez que nos quedamos en las estadísticas, los papeles, los argumentos, y olvidamos que detrás de todos esos hechos hay gente muy concreta, tan real como el pequeño Aylan. Otro tanto sucede con el abandono infantil. Una cosa es saber que existen esos casos, allá lejos, y otra muy distinta conocer la historia de Adrián, en Arica, viviendo en condiciones inhumanas, amamantado por una perra.


Con la discusión acerca del aborto sucede algo semejante, en cuanto percibimos como ajeno y distante lo que no vemos. Oímos sesudas elucubraciones sobre el liberalismo y la autonomía; se barajan semanas más o semanas menos. Pero tanta palabra nos hace olvidar lo fundamental: el niño o la niña que serán partidos en trocitos y luego chupados por un aspirador, o que recibirán una inyección con una solución salina que pondrá fin a sus días, como el agua del mar terminó con la de Aylan. En un caso, sus cadáveres podrán ser empleados en clases de Medicina o aprovechados para obtener diversos subproductos. En otros, simplemente irán a parar al basurero.


No es de extrañar que muchos partidarios del aborto hayan cambiado de opinión con solo ver alguno de los documentales de Bernard Nathanson, el médico que una vez fuera llamado el "rey del aborto" y que abandonó esas prácticas cuando el ultrasonido le permitió ver las reacciones de un feto al que un amigo suyo estaba eliminando mediante un aborto. Necesitamos ver para creer lo que está sucediendo, sea en Siria, en Arica o en un quirófano.


El hecho de no ver, nos impide reparar hasta en las cuestiones más elementales. Así, entre los conceptos que más se utilizan en la discusión sobre el aborto está el de autonomía de la mujer, pero se olvida que la mayoría de las víctimas del aborto son precisamente mujeres. En 1990, Amartya Sen publicó un famoso ensayo en The New York Review of Books con el título "More than 100 million women are missing". Aludía al incremento del aborto selectivo en países como China y la India, donde se prefiere a los hijos varones sobre las mujeres. Han pasado 25 años, y la cifra de las mujeres que faltan en el mundo supera los 160 millones, fruto de una macabra selección antinatural.


Naturalmente, no solo los partidarios del aborto corren el peligro de olvidar a las personas concretas que serán víctimas de esta práctica. También están las mujeres violadas, las que sufren la angustia de un embarazo que piensan que no pueden llevar a término, abandonadas por todos en el momento en que más ayuda necesitan. Cuando uno ve "Solas", la película de Benito Zambrano, o "Preciosa", de Lee Daniels, no puede menos que quedar con el estómago apretado al ver tanto sufrimiento en esas jóvenes embarazadas víctimas del abandono, y pensar que ese dolor no solo tiene lugar en la pantalla, sino también en la vida real de millones de mujeres en todo el mundo.


Es verdad que la vida tiene un valor absoluto, no simplemente la vida en abstracto, sino la vida real, de todos, incluidos esos indefensos como Aylan, Adrián y esos niños y niñas cuyos casos en parte son distintos (entre otras razones, porque no los vemos y desconocemos sus nombres) si bien tienen la misma dignidad. Pero también las mujeres que pasan por esos momentos terribles requieren un apoyo absoluto, porque sin él cualquier propuesta provida sería tan selectiva y parcial como lamentablemente sucede con la postura favorable al aborto. Solo un acompañamiento absoluto les ayudará a vencer la desesperación y ver que quizá una esperanza viene en su vientre.



Nadie gana, todos pierden,
por Héctor Soto.


La gran damnificada de la reciente encuesta Adimark fue la Presidente Bachelet. El problema, sin embargo, ya no es sólo suyo, sino de todo el país. Pocas veces el desánimo en distintos planos de la actividad nacional había llegado tan lejos. Siendo menor la conflictividad social que en los peores momentos del Gobierno anterior, la crisis, al menos en términos de credibilidad y confianza en la clase política, es sustancialmente más profunda. Y lo peor es que no da visos de aflojar. En el último año, el país ha estado destruyendo confianzas, quemando expectativas y farreándose oportunidades a una velocidad que es al menos preocupante. Esto jamás se había visto tan concentrada y corrosivamente. Hasta los más indignados que protestaban el 2011 albergaban por lo bajo la ilusión de que todo cambiaría para mejor el día que acabáramos con el lucro, garantizáramos la educación gratis y de calidad para todos y se convocara a una asamblea constituyente. Hoy, esos fetiches no conmueven a nadie y lo poco que se ha hecho en esta dirección -como lo reconocen los propios partidarios del Gobierno- es chapucero, vacilante e improvisado, si es que no abiertamente descaminado.


La dificultad en estos momentos es doble. Por una parte, la Presidente se resiste con tozudez a cambiar los rumbos de su Gobierno. Por la otra, a la administración le quedan 32 largos meses por delante y la amenaza de que las cosas sigan empeorando es alta. Si bien las bases de la economía y de la institucionalidad todavía están sanas, hay consenso en que el país no tiene la suerte comprada. No es cierto que esta crisis esté radicada sólo en las elites. El desprecio con que la gente está mirando la política, el recorte mes a mes en las expectativas de los consumidores, la anomia ciudadana respecto de los temas públicos establecen que el fenómeno está mucho más extendido de lo que se suele reconocer. Las familias podrán seguir acudiendo como siempre a los malls o a los cines los fines de semana, y la congestión a la hora del taco es más o menos parecida. Sin embargo, hay un cambio anímico que se está traduciendo en frustración.


Tal como van las cosas -y en función del atrincheramiento de la Presidenta en una nube que ya la está dejando con poco contacto con la realidad, por muchas que sean las selfies que le pidan-, lo que perfila para el horizonte más inmediato es un Gobierno de administración empeñado en que las platas Fiscales le cuadren y en que sus problemas políticos al menos no se agudicen, puesto que se está dando por descontado que no se van a resolver. Pareciera no haber ni en Hacienda ni en los equipos de La Moneda espaldas ni musculatura política para más. Son tantos los frentes de conflicto que el Gobierno tiene abiertos (la gratuidad de la educación superior, el caso Caval y el computador de Dávalos, las platas irregulares de la política, la crisis de la delincuencia, el zapato chino del “proceso constituyente”, la bomba de tiempo de La Araucanía, los hospitales públicos, la desafección del bloque oficialista, Codelco…) que la estrategia oficial no está apuntando a otra cosa que a contener, que a apagar incendios, a tratar de terminar el día sin nuevos escándalos en el noticiario. Que esto sea suficiente para transmutar en confianza la depresión existente o para volver a poner la economía en movimiento equivale a algo muy parecido a salir de caza con una trampa para ratones.


Hay que reconocer que parte importante del desaliento que transmiten actualmente las encuestas también está conectado a que no se vislumbran mayores alternativas. Es cierto que la campaña Presidencial se va a adelantar y que ya se están viendo prematuros acomodos. Pero también lo es que lo que han perdido el Gobierno y la Presidente en términos de adhesión y confianza política no lo está capitalizando nadie. Tampoco han soplado vientos favorables para la oposición, al menos para la oposición de derecha, no obstante que la agenda diaria de noticias (delincuencia, desempleo, atentados en el sur, cambios de criterio en el asunto de la gratuidad) le deja la mesa puesta para darse un banquete. Y nada: por buenas o malas razones, y más allá del fortalecimiento que ha registrado la imagen de Sebastián Piñera en el sector, la oposición está a dieta. A dieta y haciendo gárgaras con el discurso de la unidad. ¿Unidad para qué, en torno a qué y con qué nuevas soluciones?


Todo indica que Chile está necesitando a gritos otra agenda y que sea conjunta. Algo hay que hacer para reactivar la economía. Y algo hay que hacer también para comenzar a restituirle el prestigio a las instituciones. Lo ocurrido esta semana con el incidente que afectó al Senador Fulvio Rossi (revelación de correo pedigüeño al gerente de SQM, crítica transversal de sus correligionarios y suspensión voluntaria de su militancia al PS) abre lo que quizás sea un principio de demarcación. De ser así, tendrían que irse para su casa todos los que queden tocados por los escándalos. No será la más perfecta ni la más justa, pero -vamos- es una fórmula. Estando pendientes en el Parlamento varias de las iniciativas que planteó la Comisión Engel, desde luego esto no es lo único que hay que hacer. Pero ya basta de seguir perdiendo el tiempo. Es el Gobierno el que debe presentar al país un plan político de regeneración de la confianza, entre otras cosas porque está visto que sin su iniciativa es difícil que la clase política tenga el incentivo para asumir los riesgos envueltos en la definición de un nuevo rayado de cancha congruente con las expectativas ciudadanas.


Es para eso que se necesita liderazgo. Pedirlo en este momento, precisamente cuando se advierte un enorme vacío de poder, es como exigir agua mineral helada y en copa de cristal a los tres días de andar perdidos por el desierto. Liderazgo es justo lo que no hay. ¿Sabrá La Moneda que el desánimo puede ser tan letal como la sed?


Color esperanza,
por Cristina Bitar.


Puede ser efecto de la última encuesta de Adimark o de la perspectiva naturalmente más global que da la Secretaría General de la Presidencia, pero la entrevista de Nicolás Eyzaguirre en El Mercurio del domingo marca el punto de inflexión más profundo que hemos visto desde que se inició la gestión de la Presidente Bachelet.




Dos aspectos hacen de esta entrevista un hito: la mirada autocrítica es de una extensión y calado que, si asumiéramos que el Ejecutivo va a seguir este rumbo, sería un Gobierno muy diferente en los años que le restan. Pero, además, se percibe en las palabras del Ministro una preocupación muy auténtica por el rumbo que ha tomado el país, tanto en relación con la implementación del programa de Gobierno, como de la dinámica social y política en que estamos inmersos.




Hay una autocrítica que es central y dice relación con la improvisación. A estas alturas parece un dato ampliamente compartido, pero que hasta ahora no había tenido un reconocimiento así de claro y de parte de un miembro de este nivel en el Gabinete. Tácitamente y sin nombrarlos –se aprecia un grado de cuidado en las palabras y conceptos infrecuente en él– hace una crítica feroz al equipo que trabajó en el programa y tuvo a su cargo la implementación técnica, así como la conducción política, del llamado primer tiempo.




Esta entrevista permite varias lecturas y deducir varias consecuencias. La improvisación, una vez asumida, debiera llevar a dedicar el tiempo que queda a corregir lo mal hecho –reforma tributaria– y encarrilar por buenos derroteros las que están en tramitación. Y el resto, como en ese viejo chiste de Condorito, bueno, el resto que espere. Ese es otro efecto brutal de la lógica en que se coloca Eyzaguirre: para efectos políticos –la voluntad de moldear la sociedad de una cierta manera y no únicamente administrarla– se da por terminado el actual período Presidencial. Las reformas son las que están hoy sobre la mesa y no hay más. No se entendería que se insistiera en la improvisación ya reconocida.




Otro elemento insoslayable es el retorno a la lógica del diálogo y del consenso; el Ministro aparece extraordinariamente alejado de conceptos como “las mayorías están para ejercerlas”, que se escucharon mucho el año pasado. Por el contrario, reaparecen dos características que imprimieron carácter a la vieja Concertación: la valoración de lo hecho en el pasado y el diálogo para buscar acuerdos.




La entrevista está demasiado cuidada en sus términos para no asumir que es la expresión de decisiones reflexionadas en el Gobierno y compartidas desde la misma Presidente. Una entrevista que, como la canción de Diego Torres, podría titularse “color esperanza”.


Control de identidad.



Por unanimidad se aprobó en la Comisión de Constitución de la Cámara el proyecto de Ley que autoriza a las policías a realizar controles de identidad a cualquier persona, donde quiera que se encuentre, y sin necesidad de que existan sospechas o indicios de que tal persona ha cometido o se dispone a cometer algún delito. Si la persona no es capaz de identificarse o se niega a hacerlo, puede ser conducida a la unidad policial más cercana para fines de identificación. El conjunto de estos procedimientos no puede extenderse por más de cuatro horas. La aprobación definitiva de estas nuevas reglas, que se añadirían al actual artículo 85 del Código Procesal Penal, proporcionará al Estado una herramienta para la prevención de la delincuencia.


La normativa aprobada contiene como parte esencial una serie de resguardos con el fin de evitar el uso abusivo o discriminatorio de la nueva atribución. Así, el funcionario debe otorgar a la persona facilidades para identificarse y atender especialmente a consideraciones de trato igualitario o no discriminatorio. Se establece, asimismo, la obligación de elaborar un procedimiento estandarizado de reclamo para quienes estimen que han sido objeto de un tratamiento arbitrario o discriminatorio. Este procedimiento es complementado con obligaciones de registro y publicidad de las estadísticas correspondientes a estas denuncias, y por obligaciones de información bastante detalladas al Ministerio del Interior y Seguridad Pública.


Por cierto que la prevención del delito requiere mucho más que una nueva regla sobre control de identidad. En especial, es indispensable una mayor profesionalización y coordinación de todas las instituciones y servicios asociados a la prevención y persecución del delito con resultados tangibles que hoy no se ven. Pero la nueva atribución pondrá en manos de las policías un instrumento importante y debatido, que ellas mismas han solicitado. La Ley que lo establezca obligará a los ciudadanos a ceder una porción de su privacidad -y, en ocasiones, también de su libertad ambulatoria- en aras de obtener efectivamente una mejor seguridad pública. Por esta razón, el Estado y las policías deben ser particularmente conscientes de que el sacrificio en materia de libertades solo estará justificado en la medida en que se observen frutos concretos en la prevención del delito. Sin estos resultados, la regla solo dará lugar a un Estado con menos libertades que antes.


Inconsistencias en causales para legalizar el aborto.



Para precaver el rechazo del proyecto de Ley que legaliza el aborto en tres casos, fundamentalmente ante críticas de la Democracia Cristiana, el Gobierno presentó indicaciones para corregir aspectos controvertidos. Se dispone en ellas que el facultativo que constate la violación como causal de interrupción del embarazo debe denunciarla; se reduce el plazo para practicar el aborto en menores de edad, de 18 a 14 semanas de embarazo, y se establece un sistema de acompañamiento a la mujer embarazada.


Algunos personeros de dicho partido se han mostrado conformes con las indicaciones, en razón que sus inquietudes ante el proyecto de Ley han sido acogidas. Este predicamento llama la atención cuando hay envuelto un dilema de principios: se está o no por proteger la vida del feto. El socialcristianismo está por la protección de la vida y rechaza, por ende, el aborto. Por lo mismo, ajustes en el proyecto de Ley para restringir la procedencia de la interrupción del embarazo o corregir ambigüedades que amenazaban en constituirse en un subterfugio para ampliar la aplicación de causales supuestamente restrictivas, no son una respuesta en la medida que se sigue permitiendo una práctica que atenta contra el ser humano que está en el vientre materno.


Por otra parte, no es realmente efectivo que las indicaciones resuelvan los inconvenientes que se han planteado. La violación para que se considere causal bastaría que la acrediten facultativos, regulación que pugna con el hecho que se trata de un delito que sólo un Tribunal puede tener por comprobado, con lo que se producirá una contradicción si judicialmente se declara que el ilícito no tuvo lugar o no está probado, cuando el aborto ya ha sido practicado. Establecer la obligación de denunciar el delito es concordante con la Legislación penal, pero no resuelve el referido inconveniente. Por otra parte, es sabido que la gran mayoría de las violaciones de menores de edad las perpetran parientes o personas cercanas, motivo por el que no se denuncian y los eventuales embarazos llegan a término. Por consiguiente, esta causal, que provoca gran adhesión en el debate público, tiene mucho de irreal; y lo es más, si quienes tendrían que prestar su asentimiento al aborto, tratándose de una menor, pueden ser autores o responsables del delito. Si en subsidio se establece que el asentimiento lo dé un Juez de familia no está definido con qué base resolverá.


Asimismo, no hace mucha diferencia restringir el número de semanas para autorizar el aborto en las menores, pues es evidente que ya a las 14 semanas, como a las 18, existe una vida en gestación, siendo difícil comprender por qué ella merece protección desde el momento que se alcanza una fecha que arbitrariamente escoge la Ley y no antes. El acompañamiento parece ser un aporte para minimizar la opción por la interrupción del embarazo, pero no queda claro en qué consistirá concretamente, como tampoco qué efectividad tendrá, si se consideran las graves carencias de atención y disponibilidad de recursos que tiene hoy el sistema público de salud. Es ilusorio presumir que se contará con psicólogos o asistentes sociales y otros medios reales para acompañar a la mujer. En suma, cuestionamientos que se basan en principios no pueden ser resueltos con soluciones prácticas que apenas moderen los efectos.


Nuevo fracaso de OEA.



Las presiones de Venezuela sobre sus socios caribeños, a los que les entrega petróleo en condiciones privilegiadas, explican parte de las 11 abstenciones en la votación. Sin embargo, hay otras que no se justifican. Brasil y Argentina, dos potencias regionales, pudieron haber tenido una participación destacada en devolver relevancia al principal foro hemisférico. Con su voto, ambos países le hicieron el juego a Venezuela, que buscaba trasladar la discusión a Unasur, un foro que Caracas siente más favorable a sus intereses, y Brasil perdió una oportunidad inigualable de mostrar liderazgo, ese que trata de ganar a nivel mundial en el grupo de los BRICS. Chile junto a Perú y México demostraron voluntad por apoyar a su socio de la Alianza del Pacífico y con su voto favorable dieron una señal de que la OEA les importa.


Cada vez están más claras las divisiones ideológicas entre los países bolivarianos que desprecian la existencia de OEA y las naciones que buscan darle un rol relevante a la organización hemisférica. En el medio quedaron países que anteponen intereses menores a dos objetivos declarados de la organización: el afianzamiento de la paz y seguridad continental, y la prevención de conflictos y resolución pacífica de controversias.


Si bien los países miembros no pudieron ponerse de acuerdo, al menos la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -un órgano autónomo de OEA, cuyos miembros son independientes de sus países- emitió un comunicado que estaba a la altura de las circunstancias, instando a Venezuela a actuar de acuerdo a las normas internacionales y "detener cualquier expulsión colectiva, arbitraria y/o sumaria", y garantice el debido proceso para las deportaciones.


Si Colombia y Venezuela resuelven la situación mediante el diálogo bilateral, será igualmente un triunfo de la Diplomacia, pero se perdió una buena oportunidad para demostrar que el multilateralismo todavía tiene un papel en la región. El actuar del nuevo Secretario General será determinante para el logro de ese objetivo.


Oportunidad de un cambio de rumbo en gratuidad.



El Consejo Consultivo para la Reforma a la Educación Superior, instancia creada recientemente por el Ministerio de Educación para “colaborar en la construcción de la nueva política para la educación superior”, celebró el viernes su primera sesión y, no obstante las expectativas que se han forjado en torno a dicho comité, que a juicio de algunas voces podría colocar mesura y orientar mejor una reforma hasta ahora enteramente errática, aún no es posible anticipar si prestará una efectiva contribución. Esta primera sesión no ahondó en mayores definiciones, fijando lo que será su estructura de trabajo para los próximos tres meses.


Si bien este nuevo consejo tiene por misión brindar asesoría en la reforma a la educación superior -habría sido deseable que su composición fuera más pluralista y recogiera el aporte de expertos también de oposición-, parece obvio que la razón que motivó su creación fue el naufragio político que ha representado el proyecto de gratuidad en universidades y centros de formación técnica, en el cual se ha apreciado un grado de improvisación de escaso precedente. Ello es explicable cuando el proyecto contempla que una institución sólo podría acceder a este beneficio Estatal en la medida que se someta a un conjunto de condiciones que arriesgan desnaturalizar la autonomía universitaria, introduciendo además odiosas discriminaciones entre los propios estudiantes.


Las destempladas críticas que sectores más radicalizados han proferido en contra de esta instancia -que el Colegio de Profesores solicitara la renuncia de uno de sus integrantes, el ex Ministro de Educación Sergio Bitar- es un signo de las extremas dificultades para llevar adelante un debate sereno y en profundidad sobre la reforma al sistema de educación superior. En tal sentido, el nuevo consejo podría hacer una contribución relevante en la medida que introduzca grados de realismo en dicho proyecto y consiga una total reformulación del mismo. Naturalmente que una señal en esa dirección sería que el Consejo persuada al Ministerio de que la gratuidad no puede comenzar el 2016, pues tal como se ha diseñado resulta inviable y ocasionaría un daño de incalculables dimensiones sobre el sistema universitario y los propios alumnos.


Algunos miembros del Consejo han sugerido la conveniencia de dividir el proyecto de educación superior; otros se han abierto a la posibilidad de proponer su postergación; todo ello podría constituir un primer paso en la dirección correcta, pero su tarea estará lejos de rendir frutos si acaso no se consigue una reformulación completa del proyecto de gratuidad. Su mera postergación sería en los hechos un fracaso. Posiblemente ello excede el mandato que el propio Ministerio le ha conferido, pero si no existe una instancia de auténtica crítica e independencia de juicio sentaría un muy negativo precedente que se constituya una entidad de esta naturaleza con el único fin de intentar conferirle sustentabilidad política a un proyecto que carece de ella a la luz de las fundadas críticas que se le han formulado.


Inexplicablemente el Ministerio se contradice en los objetivos que persigue, porque a la par de haber nombrado a este Consejo mantiene la intención de incluir la gratuidad mediante una glosa en la Ley de Presupuestos, con el fin de ponerla en marcha en 2016, mientras que pretende enviar el proyecto a trámite Legislativo en diciembre, tiempo insuficiente para introducir las correcciones que se requieren.


Un líder de los sesenta para el laborismo.


Un remezón de proporciones recibió el Partido Laborista (PL) británico en las Legislativas de mayo pasado y ahora, probablemente, recibirá otro, cuando sea elegido líder de la agrupación Jeremy Corbyn, un político que representa al viejo laborismo, ese que todos creían que Tony Blair había enterrado. Su candidatura, que no iba a ser sino simbólica y "para abrir el debate", parece encaminada a la victoria.


A los 66 años, Corbyn se mantiene fiel a las convicciones que tenía a los 20: "antiimperialista", contrario a la OTAN y a la guerra, a favor de las nacionalizaciones de empresas y de la intervención del Estado, y antimonarquista. Es vegetariano, no toma alcohol y todos dicen que es una especie de asceta. Y cuando ya nadie pensaba que esas "viejas ideas socialistas", sesenteras, podían atraer a los votantes, su popularidad dentro de las filas laboristas se disparó, al mismo tiempo que subieron las inscripciones y afiliaciones al partido. Ha tenido un éxito similar al de Podemos, en España, o Syriza, en Grecia, y por las mismas razones.


Si Corbyn se precia de coherencia ideológica, fue puesto a prueba cuando se supo que uno de sus hijos asistía a un colegio "selectivo", en vez de ir al que le habían asignado en el barrio. El escándalo mermó cuando él y su mujer, la chilena Claudia Bracchitta, explicaron que se separaron por ese tema. Fue ella, aseguraron a la prensa, la que tomó la decisión de mandarlo a un colegio selectivo (un grammar school ) de otra Comuna porque el que le correspondía era de muy baja calidad. Largas discusiones sobre el asunto educacional -"y otras incompatibilidades"- terminaron con el matrimonio en 1997, dicen ellos, pero el niño finalmente asistió a uno de los cinco mejores colegios públicos ingleses, el Queen Elizabeth's de Barnet. Corbyn ha vuelto a tocar el tema en esta campaña porque no acepta quedar como un político que apoya el sistema de educación pública no selectivo, "inclusivo", para otros, pero no para sus hijos. Ahora está casado con una empresaria mexicana que importa café desde su país.


La incógnita es qué pasará con el laborismo dirigido por Corbyn. Los conservadores esperan que esto mantenga a sus rivales en las cuerdas, y a ellos, en el poder. Dentro del partido, en cambio, hay preocupación. El sector "renovado" teme que Corbyn lleve al PL "al abismo", como dijo el propio Blair. Su "euroescepticismo" va a contrapelo del establishment del partido; lo mismo con su oposición a la OTAN, y sus propuestas de alza de impuestos a las pymes, de nacionalizaciones sin compensación y de financiar infraestructura con mayor emisión. Su ambigüedad en declaraciones sobre "la trágica" muerte de Bin Laden provocó la repulsa de muchos, que, preocupados por el avance del terrorismo, apoyan políticas de seguridad.


Se dice que Corbyn nunca ha mantenido buenas relaciones con los demás Parlamentarios laboristas, y eso pone en duda su real capacidad para dirigir la maquinaria del partido, y más, para ganar las elecciones de 2020. Por eso, algunos piensan que Corbyn puede ser un líder de transición, y que luego deje el paso a un Parlamentario más joven que represente las ideas de izquierda, pero que tenga posibilidades de ganar las elecciones generales del 2020. Tiene tiempo todavía, aunque algunos temen que en ese lapso se produzca la división definitiva del laborismo.


Avance para mejorar la política.



El Gobierno propuso una modificación Legal destinada a extender de 90 a 200 días el período de campañas previo a una elección, lo que unido a otros cambios permitiría superar el absurdo que significa hoy lo limitado del plazo y la ausencia de otras flexibilidades indispensables para permitir una campaña informada y competitiva.


La investigación de las denuncias por aportes ilegales a las campañas y el análisis de las reformas propuestas para prevenirlas, han puesto de manifiesto que la Ley vigente contempla un plazo de campaña muy estrecho y que limita la posibilidad de obtener fondos por la vía prevista, para garantizar la reserva y el respeto de los límites. El acertado planteamiento Gubernamental se enmarca dentro del proyecto de fortalecimiento de la democracia, y es probable incluso que se establezca un plazo mayor para las candidaturas Presidenciales, por el tiempo que requiere difundir una postulación en todo el país. También se evalúa una indicación Parlamentaria para permitir la formación de los denominados "comités exploratorios", una forma de regularizar las precampañas de los candidatos.


Es importante que no se pierda de vista que una condición primordial que deben cumplir estas reformas es lograr que existan elecciones informadas y más competitivas, toda vez que sucesivas reformas limitaron mucho el espacio de los nuevos candidatos para darse conocer y así desafiar a los incumbentes. Por ello, cabría abordar también un aumento general del período de propaganda electoral -el proyecto sólo lo incrementa para la prensa y la televisión-, así como eliminar restricciones obsoletas a la publicidad televisiva, sobre todo desde que existe un límite de gasto que previene las objeciones que fundaban esa limitación. Todo esto, unido a un sistema de aportes que garantice la reserva y que los libere de impuestos, sería un avance relevante para la calidad de los procesos electorales.


"Bachelet contra las Cuerdas" titula el medio español elmundo.es un artículo del analista John Müller.


"En Chile se dice que lo único que mantiene unida a la Nueva Mayoría, es que todos están de acuerdo en criticar a Bachelet".


Su "popularidad (72% reprueba su gestión cuando aún no entera a la mitad de su período) ha sido destruida por varios factores: un programa maximalista radical que no interpreta a todos los chilenos; una mala lectura de la coyuntura económica internacional que ya en 2014 se volvió adversa para Chile, y la elección de colaboradores muy mediocres"


"Sin embargo, nada ha hecho tanto daño como su propio hijo Sebastián Dávalos Bachelet (dice El Mundo). Cuando los chilenos se enteraron que uno de los banqueros más poderosos del país, había financiado un pelotazo inmobiliario de la empresa que tenían Dávalos y su esposa, la Presidente quedó situada en el ojo del huracán"


"El hijo formaba parte del Gobierno bajo el ampuloso cargo de 'Director Sociocultural de la Presidencia' y tuvo que dimitir en febrero de este año, no sin antes ordenar el borrado de su computador"


"Que su propio hijo pasara en pocas horas a formar parte del 1% más rico del país contra el que Bachelet había hecho campaña exigiendo que pagaran más impuestos para mitigar las desigualdades, sentenció el Programa electoral de la NM y de paso a Bachelet que no se ha recuperado del impacto".


"Hace poco tiempo, la Presidente cambió dos puestos claves de su Gabinete, los Ministros de Interior y Hacienda. Sin embargo a los pocos días desautorizó a uno de ellos  y debilitó al otro, razón por la cual ambos llevan todo este tiempo tratando de recomponer su autoridad ..."


"En la prensa se habla de un golpe blanco (...) y que dimitirá después del 11 de marzo de 2016, para permitir que el Congreso elija un sucesor por lo que resta de su mandato".


"Nada indica que la incertidumbre vaya a ceder (refiriéndose a la crisis de confianza empresarial aunque también a la política)  y se acerca la fecha en que el hijo de Bachelet debe ser imputado o absuelto por tráfico de influencias. Si se formaliza la acusación, la continuidad de la Presidente parece muy difícil".


En un sentido similar Carlos Peña en su columna de El Mercurio, sostiene que "los fracasos Gubernamentales no tienen más que dos explicaciones básicas: que el camino elegido por el Gobierno es el correcto, pero quienes lo integran  son torpes a la hora de transitarlo, o el camino escogido es erróneo y aunque se ponga esmero y cuidado al recorrerlo, el resultado será peor".


"¿En cuál de esas alternativas se encuentra el Gobierno de la Presidente Bachelet? En una tercera: el camino es erróneo y los encargados de transitarlo además son torpes".

Drástico el Rector quien argumenta que los sociólogos de la NM, no solo se equivocaron sino que fueron necios a la hora del diagnóstico: que vendieron un cuento chino al país a la clase emergente y a la clase media. Y que como casi en todo, los errores "son casi siempre intelectuales".


Algo menos sofisticado pero no menos atinado, es el escrito de Pablo Halpern (ex asesor comunicacional de Frei Ruiz Tagle) en otra columna, esta vez para el diario El País de España, al hablar de "Bachelet bizarra" para criticar la defensa desesperada de su propia figura (ej. "las personas siguen sacándose fotos y selfies conmigo" o "y le hice así (saluda) y él me hizo así (saluda). No tuvo nada de frío el saludo" (con Alberto Arenas a la distancia después de sacarlo del cargo) y el atropello a todos los códigos que hacen a la investidura Presidencial la cual "tiene una fuerte carga simbólica" sostiene Halpern.


"Los roles y, particularmente, el de Presidente traen aparejados (as) ciertas formas. Cuando estas se transgreden, como lo hizo Michelle Bachelet en su entrevista a La Tercera (sobre el incidente Arenas) algo se desmorona. En este caso la investidura Presidencial".

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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