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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Temas de actualidad…















Los ciegos en el cine

por Orlando Sáenz.


Nosotros los chilenos, consciente o inconscientemente, hemos pasado la vida observando, desde la platea privilegiada que enfrenta un telón de miles de kilómetros de ancho, lo que ocurre en Argentina. Por eso somos testigos fidedignos de uno de los fenómenos más impresionantes de la historia contemporánea: el tránsito, en poco más de medio siglo, del primer al tercer mundo de uno de los países más ricos e influyentes de la Tierra.


En la primera mitad del siglo XX, Argentina era una potencia política, cultural y económica. Su pampa húmeda era granero del mundo; su riqueza pecuaria no tenía parangones, y su macrópolis desde Buenos Aires a Córdoba respondía por más de la mitad de la producción industrial de América Latina. A la altura de la Segunda Guerra Mundial, sus reservas de oro superaban a Fort Knox; a principios del siglo su ingreso per cápita superaba al de Estados Unidos, y hacia 1915 sus exportaciones superaban la suma de las de Australia y Canadá. Como consecuencia de todo esto, su influencia política y económica, para no hablar de la cultural, pesaba más en nuestro planeta que la de todo el resto del continente austral.


Hoy Argentina es un país del montón, sin crédito ni prestigio. Su ingreso per cápita es inferior al nuestro; registra un impresionante récord de compromisos internacionales incumplidos; sus desórdenes internos ya no son noticia por lo reiterados, y solo la exportación de soya evita la bancarrota de un Estado artificialmente hipertrofiado que paniagua a un enorme porcentaje de la población. Hoy, si se quiere ver qué hace lo que queda del capital trasandino, hay que ir a ver edificios en Florida y Panamá, pero no nuevas fábricas en Córdoba o en la ubérrima Patagonia, y la cacería del dólar es el único deporte que amenaza la popularidad del fútbol. El pueblo que, alineado detrás de San Martín, liberó a la mitad de Sudamérica, hoy parece solo capaz de vociferar patriotiquería en los estadios, pero es incapaz de la disciplina y el esfuerzo para reversar esta fenomenal caída.


¿Qué es lo que ha ocurrido para que Argentina haya sufrido esta catástrofe? La historia no registra ni una guerra ni un cataclismo natural que ni remotamente la justifique. Lo que ocurrió a mitad del siglo XX fue la llegada al poder del General Perón, que plasmó la mortal combinación del populismo de Estado y la presión de las pobladas vociferantes, que se ha demostrado capaz de descalabrar cualquier prosperidad nacional. Esa combinación trituró la institucionalidad, lesionó el Estado de Derecho y dañó de tal modo la Gobernabilidad que la mayor parte del poder político ha quedado irrevocablemente transferida a grupos factuales en que anida la corrupción más extrema y la irresponsabilidad más descarada. La prolongación de esa situación, casi sin pausas, por más de medio siglo, explica sobradamente el desolador espectáculo actual.

Cualquiera diría que la observación del dantesco destino de Argentina inhibiría de raíz cualquier intento de seguir ese camino en Chile, pero resulta que en 1969 una parte considerable de nuestro electorado legitimó un régimen que intentó seguirlo, como fue el del Presidente Salvador Allende. En esa ocasión, la reacción popular evitó la acción prolongada de esa trituradora de la prosperidad que es la combinación populismo-calle, pero estamos hoy a días de una elección en que las mejores posibilidades de éxito están en un conglomerado que más que insinúa esa perspectiva. La propia señora Bachelet ha amenazado con modificar la institucionalidad con la fuerza de esa combinación y muchos de sus patrocinadores anuncian, sin reservas, que trabajarán desde dentro del gobierno y desde la activación de la calle para lograr lo que se proponen. Fue el mismo trabajo en dos niveles que el Presidente Gabriel González Videla desmontó con la Ley de Defensa de la Democracia, demostrando un valor y una responsabilidad que difícilmente se detectan en la actual candidata.

¿Cómo es posible que nuestra continua visión argentina no sea suficiente para inducirnos a evitar los peligros de ese sendero político? La respuesta está en que a nuestro cine van demasiados ciegos, que ni ven ni oyen el ejemplo que tienen a pocos kilómetros de distancia. Por cierto que no se trata de ciegos fisiológicos, sino de quienes ven, pero no observan, y oyen, pero no entienden. Es, en última instancia, un problema de cultura y un índice de cómo esta ha decaído en Chile. Esos ciegos pueden perfectamente poner a Chile en la ruta de Argentina y, aunque abran los ojos del entendimiento cuando los hechos los obliguen, ya no podrán evitar que la fecha del 15 de diciembre de 2013 no pase a la historia por el triunfo de la Nueva Mayoría, sino que por el fin del ciclo de progreso espectacular que Chile ha protagonizado en las últimas décadas.


Lo que se juega,

por Joaquín Fermandois.


Tras la primera vuelta, el panorama se ha decantado al menos en un sentido. La Ley de probabilidades de que en esa instancia se decidiría todo se vio desmentida al contarse los votos. Sin embargo el panorama general apenas cambió y el desenlace es más que seguro. Nada puede descalabrar a Michelle Bachelet, una suerte de candidata-teflón, que se cae y no se quiebra, en analogía con Ronald Reagan, a quien se le llamaba Presidente-teflón, ya que los escándalos y crisis de su Gobierno no dañaban y ni siquiera agrietaban su siempre alta popularidad.


¿Tiene sentido, entonces, contener esta marejada? Sí, porque no hacerlo crearía una fatídica descompensación en la vida política. Si miramos al Chile actual en lo esencial como continuidad desde 1990 —como a mí me parece que debe hacerse—, se puede concluir que el sistema funcionó relativamente bien con la centroizquierda en el Gobierno y la centroderecha en la oposición. Cuando se invirtieron las cosas, algo se descarriló, y las grandes movilizaciones no fueron más que uno de los rostros del nuevo escenario.


La Concertación dejó de creer en ella misma, es decir, en cómo configurar una idea de la democracia moderna que pudiera desempeñarse a la altura de los tiempos. Y la derecha, en el Gobierno o en los partidos, perdió toda noción de cómo explicar lo que quería hacer y cuál era su meta. Ello, en medio de una administración que no ha hecho nada de mal las tareas por las que principal, pero no exclusivamente, se debe juzgar a los Gobiernos. Si esto fue producto de una convulsión que retorna cada cierto tiempo indeterminado —como tiendo a pensarlo— o fruto de un malestar definitivo “con el modelo”, como suele afirmarse, es algo sobre lo que se debatirá sin fin. Lo que fue la Concertación está en búsqueda de algo nuevo, encantada con levedad, pero no del todo convencida, acerca de las bondades del populismo latinoamericano y, a la vez, cómoda en la nueva democracia chilena. Solo resta la inercia para que las cosas vuelvan al redil. No es suficiente.


La derecha, en un proceso de autodestrucción —alimentado también desde La Moneda— que no le sucede por vez primera, quedó fuera del juego en términos del lenguaje público y de destreza en la competencia política, y ha luchado con éxito por su mera supervivencia. ¿Importa? Sí, y mucho. Acecha el “síndrome 1965”, cuando en las elecciones Parlamentarias de marzo de ese año la derecha fue pulverizada. La consecuencia fue que las otras fuerzas quedaron sin contrapeso y no tuvieron límites los experimentos y temeridades mentales y prácticas. No es que la derecha de antes haya sobresalido por su brillantez, sino que el sistema se desbalanceó por la ausencia de equilibrio. En muchos sentidos la situación de ahora es muy diferente. El país está más consolidado, aunque también vacilante consigo mismo, y a la derecha le pudo ir peor en las recientes elecciones (se lo hubiese merecido, aunque no creo que con un buen resultado para Chile).


La búsqueda de ese equilibrio debiera ser la meta del próximo domingo. Si Evelyn se eleva muy poco por sobre el cuarto que obtuvo en la primera vuelta, sería una grave derrota psicológica. Si alcanza el tercio o un poco más de la votación, queda en una situación desmedrada, aunque no sin mérito personal, teniendo en cuenta la situación rocambolesca que en último término originó su candidatura. Sería, de todas maneras, un triunfo atronador para Michelle Bachelet. Si Evelyn Matthei alcanza o hasta supera un tris la figura —por ahora mágica— del 40%, volvería a crear un atisbo de simetría, sobre la cual se puede negociar un futuro sensato. Evelyn quedaría también como carta válida para 2017.


Depende de ella,

por Leónidas Montes.


Se acerca el gran día y, con ello, un nuevo Gobierno. Esta semana, hay que reconocerlo, ha sido políticamente tranquila. Quizá demasiado. Pareciera que el calor hubiera reemplazado el fervor electoral. Es como si ya todo estuviera dicho. O escrito. La derecha, humillada y derrotada por la maligna fortuna, debe hacer su catarsis. En cambio, la Concertación ha sido tocada por la buena fortuna. Esa diosa Fortuna de los clásicos que representa la suerte, la abundancia y la fertilidad, ha bendecido a la coalición opositora. ¿Se imagina usted a la Concertación sin ella? Sólo recuerde los problemas que tenía la oposición. Parecía destruida, sin norte. No había orden y cundía la desesperación. Algunos próceres de la vieja guardia auguraban que nunca volverían al poder. Pero ella volvió. A un nuevo Chile donde campean la desconfianza y el hastío hacia los políticos y la política. Bachelet ha bajado desde los cielos de Nueva York para enmendar el rumbo. Su imagen y figura inspiran esa confianza que se ha visto vulnerada, abusada. Si hasta su nombre ahora lo pronunciamos con un acento reverencialmente afrancesado.


La Concertación, rescatada y anestesiada por “Mishelle Bashelet”, se convirtió en la Nueva Mayoría. La única diferencia es que se agrega el Partido Comunista. Es cierto que el PC chileno es algo anacrónico. Algunos camaradas deben ruborizarse al recordar la carta que firmaron y enviaron a Kim Jong-un, el joven líder de la dinastía comunista que sucedió a su padre Kim Jong-il que también sucedió a su abuelo Kim Il-sung. El joven dictador recién destituyó a su tío y mandó a fusilar a sus colaboradores. Pero el caso de la dinastía castrista no es tan diferente. Ese dictador, que algunos jóvenes idealistas todavía consideran como un “faro de esperanza”, sigue tras las bambalinas del poder. Convertido en una leyenda, Fidel Castro todavía hace de las suyas. En la Cuba revolucionaria suceden cosas raras. Ocurren accidentes extraños. Y la policía secreta hace lo que quiere. Pero en esa isla, donde el régimen castrista envejece y agoniza, hay buenos médicos. Nadie podría negar que, en ese paraíso de la igualdad, la atención médica que recibe el anciano líder es excepcional. Pero estos detalles no nos interesan en Chile. Tampoco nos importan las excentricidades de la señora K. O las locuras de Maduro. Somos como otra isla.


Lo positivo es que el PC, al entrar a la arena política, se institucionaliza. Y finalmente evolucionará como lo han hecho los comunistas en Europa. Que el PC local se adapte a la realidad democrática es una buena noticia. Pero que entiendan el valor de la verdadera democracia, es otra historia. Ya no tienen a Rusia, ni a la RDA. En lo concreto, sólo les queda Fidel y, a lo lejos, esa figura vergonzosa y caricaturesca de Kim Jong-un. Pero la realidad del Congreso y del país se debería imponer por sobre esos discursos que mantienen encendido el dogma y la fe comunista. Como esa verdadera religión que es, seguirán pregonando sus ideas con esa convicción que sólo les entrega la fe, esa fe que impone un orden férreo entre sus militantes. Porque al final, lo único que no pierde un ateo ideológicamente convencido es su fe.


La buena fortuna de la Nueva Mayoría es ella, Michelle Bachelet. Ella decide. Ella envía las señales. La lealtad y el silencio son la clave. En su comando rondan el misterio y el hermetismo. Su círculo cercano se cuida. Nadie quiere quemarse o que lo quemen. En definitiva, como todo es ella, dependemos de una persona. Y eso, a cualquier liberal, le genera cierto desasosiego y desconfianza. Esta es la verdadera incertidumbre. No sabemos si se corrió mucho a la izquierda o si sigue siendo moderada. Si elegirá a fulano o fulana para tal Ministerio. Todo depende de ella, de su intuición, de su instinto. A ella le tincaba que el Transantiago no iba a funcionar. Algo le decía que no lo hiciera, nos confesó. Y esa vez, tenía razón. Pero puede que no siempre la tenga.


Es cierto que ha moderado su discurso. No hará tonteras, nos dice. Ya se tragó el Transantiago, insiste. Ojalá que ahora no se equivoque. Pero para que así sea, lo más importante es votar. Y así no depender tanto de una sola persona.


Un vaso medio rojo,

por Juan Cristóbal Nagel.


Las elecciones Municipales en Venezuela significaron la consolidación del statu quo que mantiene a este país en vilo, con dos fuerzas altamente polarizadas que en términos electorales son casi equivalentes.


El Gobierno obtuvo la mayoría de las Alcaldías disputadas. La fortaleza del Gobierno estuvo en ciudades medianas (cien a doscientos mil habitantes) como Puerto Cabello o Guanare. De las ciudades grandes, solo consiguieron ganar Maracay (1 millón de habitantes) y el centro de Caracas. El chavismo continúa siendo hegemónico en gran parte de la Venezuela rural.


La oposición se consolidó en los grandes centros urbanos del país. Ganó cuatro de los cinco Municipios de Caracas, así como la Alcaldía Mayor de la ciudad, una especie de Intendencia Metropolitana. También ganó en las principales ciudades del interior del país: Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Maturín y Mérida se anotaron con el movimiento opositor. La “guinda” que coronó la torta opositora fue la conquista de la Alcaldía de Barinas (más de 300 mil habitantes), capital del Estado natal de Hugo Chávez.


¿Qué ocurrió con el voto popular? Depende de cómo se lo mire. La alianza del PSUV ganó a la opositora MUD por siete puntos, pero si se incorporan a los votantes disidentes chavistas y a los opositores que concurrieron divididos, la oposición supera al chavismo. A pesar de que las cifras oficiales todavía se están procesando, Venezuela continúa siendo un país dividido por la mitad.


Muchas veces se dice que el quiebre en la sociedad venezolana ocurre por estratos sociales. Hay algo de verdad en eso, pero hay un quiebre geográfico importante también. El votante urbano tiende a ser más moderado, mira con recelo el populismo, y no quiere una sociedad cubanizada, por lo que tenderá a votar por los candidatos de la oposición. El votante rural —aquel que vive donde no hay muchas empresas, y donde el gran “cacique” económico es el Estado— pareciera caer más fácilmente por las ofertas demagógicas del chavismo.


La oposición, que había enmarcado esta elección como un referéndum para la gestión de Nicolás Maduro, quería demostrar que el “chavismo sin Chávez” era un fracaso. Con una contundente victoria, pretendían abrir las puertas para una transición enmarcada dentro de la Constitución. Eso tendrá que esperar.


Mientras tanto, el tiempo juega en contra del Gobierno. Los precios del petróleo continúan cayendo, y la situación Fiscal del Gobierno es como la de la economía venezolana en general, muy precaria. El Gobierno ha comenzado a recurrir a la fuerza para manejar las dificultades, comprando o amenazando medios de comunicación, atacando a empresarios privados y aumentando su control sobre la economía.


A la par de ello, el Gobierno se muestra poco hábil en su gestión. Los apagones siguen causando estragos sobre la vida de las personas, y Nicolás Maduro continúa apareciendo poco capaz de establecer una narrativa que le permita la Gobernabilidad. Entre sus alusiones al “Comandante supremo”, sus teorías estrafalarias acerca del “saboteo” opositor a la red eléctrica, y su alegato de que la oposición lleva a cabo una “guerra económica”, el resultado es que los votantes urbanos no le creen.


Así, entre la fuerza y la farsa, el statu quo venezolano continúa, esperando que el mercado petrolero termine quebrando el empate y decidiendo la viabilidad futura de la Revolución Bolivariana.


Programas Presidenciales y crecimiento.


El crecimiento económico no ha recibido una atención protagónica en los contenidos y en el tono de la campaña Presidencial de segunda vuelta. Es otra de las ausencias en una campaña que no ha logrado perfilarse como habría sido esperable. Para la Nueva Mayoría, el crecimiento no es uno de los ejes de su programa, pues este se ha centrado en cambios estructurales en la organización de la educación, del sistema tributario y de la Constitución.


En el caso de la Alianza, a pesar de que el crecimiento sí forma parte fundamental de su programa, el lenguaje y el debate de la campaña han sido capturados en parte por la respuesta a los tres ejes del programa de Michelle Bachelet y la forma en que Matthei enfrentaría esos temas, y, en parte, por la discusión sobre la Justicia, la igualdad y los abusos, que han copado la agenda. Lamentablemente, eso ha obligado a su comando a destinar más tiempo a discutir “lo que el Estado puede hacer por las personas, y menos a lo que las personas pueden hacer por sí mismas y por su país”.


Esa famosa frase del discurso inaugural del Presidente Kennedy, de enero de 1961, resume con precisión y realismo que lo que construye una nación es aquello que hagan las personas individuales con su esfuerzo diario. En particular, el crecimiento económico —base del mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, por su contribución a la creación de riqueza del país y por la posibilidad que abre para crear bienes públicos que beneficien a todos, además de ayudas específicas para los más vulnerables— se funda mucho más en el emprendimiento y el empeño individual de cada uno, y menos en lo que el Estado les entregue como ayuda, por importante que ella sea.


Con todo, el crecimiento, aunque relativamente ausente de la campaña, no lo está de los programas. El de Bachelet contempla lanzar una agenda de productividad, innovación y crecimiento, y otra de energía. El impulso que el Estado daría a esos esfuerzos sería parte de su sello, en particular en los temas energéticos y en el agua —una posible Empresa Nacional de Energía a partir de Enap, y un Delegado Presidencial para los Recursos Hídricos—. Algo similar ocurriría con las pymes, creándose una red de apoyo y acompañamiento a nuevos emprendedores, a partir de Corfo y BancoEstado. En innovación se crearía una Subsecretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación, y se fortalecerían el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, las Becas Chile y los clusters Regionales. La reforma tributaria que financiaría la educación tendría un efecto indirecto y de más largo plazo en el crecimiento, aunque para que recaudase los recursos que espera, requeriría que las empresas tengan altas utilidades y que no enfrenten un ambiente hostil.


En cuanto a crecimiento, el programa de Matthei está orientado a incentivar el aumento de la inversión, fortaleciendo la certeza Jurídica que la rodea y atrayendo inversión extranjera en sectores no tradicionales, con tasas impositivas de 25% en vez de 35% durante 10 años. También considera promover una Agenda de Competitividad 2.0, impulsando el emprendimiento y bajando la burocracia —notarios, timbres, certificados—, y una pro-pyme mediante incentivos tributarios, tanto relativos a la inversión como postergando el pago del IVA en 30 días.


Así, pese a que la campaña no se ha centrado en el crecimiento, al analizar las medidas propuestas al respecto, se observa una mirada más dirigista en el caso de la Nueva Mayoría, y otra de más confianza en las personas como principales creadoras de riqueza, en la Alianza.


Es difícil que el elector corriente extraiga de ahí conclusiones, pero la historia mundial sí las brinda abundantemente respecto de los resultados de uno y otro enfoque.


Certezas para la inversión.


Una polémica se ha desatado entre el Gobierno y el comando de Michelle Bachelet por declaraciones del Ministro Secretario General de la Presidencia, sobre los efectos del programa de la candidata de la Nueva Mayoría sobre la actividad económica y la inversión. Más allá del debate técnico que pueda darse en esta materia, hay algunos puntos que deben analizarse de manera de enfrentar el tema de fondo: la insuficiente inversión en Chile y cómo el país atrae el interés de capitales extranjeros. Hoy, Chile tiene una inversión en torno al 25% del PIB, pero debería estar sobre el 30% si queremos mantener las tasas de crecimiento sobre el 6%, que generen mejores y más empleos.


Para elevar el nivel de inversión, el país enfrenta varias dificultades, entre ellas, el encarecimiento de la energía debido a la lentitud del Estado para resolver este nudo, que se complica con la Judicialización de varios proyectos. También inciden los errores de los privados en la paralización de inversiones, siendo el caso de Pascua Lama el más reciente. Adicionalmente, ha habido lentitud en el desarrollo de concesiones de infraestructura, que al final del periodo de este Gobierno vuelven a acelerarse con el puente del Chacao y un tramo de la autopista Américo Vespucio Oriente. A lo anterior habría que agregar el entorno internacional, con un robustecimiento de la economía de EE.UU., que atrae mayores inversiones.


Todas estas variables en juego que inciden sobre la inversión no pueden asignarse como responsabilidad de la Nueva Mayoría. Opinable es el asunto de las expectativas, materia sobre la que tampoco existen datos objetivos para concluir que la inversión ya esté afectada por dicha candidatura. Sin embargo, el programa de esa coalición contiene elementos que pueden producir incertidumbres en algunos sectores empresariales nacionales y extranjeros, y sería de interés para el país que sean clarificados. Entre ellos está la eliminación del DL 600, el detalle de la reforma tributaria y una puerta abierta a cambios a la autonomía del Banco Central. Otra tema que genera dudas es el concepto, agregado, de dominio “pleno” de las aguas y los recursos mineros, entre otros, que tiene implicancias sobre los límites de la propiedad para los inversionistas.


Estas iniciativas y otras pueden generar algún grado de incertidumbre, por lo que sería deseable que se profundice en su explicación y en las medidas que se proponen para aumentar la inversión pública y privada.


La economía chilena de cara a un nuevo ciclo.


El informe de Política Monetaria (IPoM) de diciembre indica que, junto con una incipiente superación de la recesión en Europa, tasas menores de crecimiento en China y una recuperación más clara en Estados Unidos, estaría finalizando el “súper ciclo” económico que benefició a Chile con bajas tasas de interés, buenos precios de exportaciones y abundante financiamiento externo. El país tendría un crecimiento en 2014 parecido al de este año, sustancialmente más pausado que lo vivido en los tres años previos. El Banco Central estima que la cuenta corriente tendrá un déficit en 2014 en torno al 3,7% del PIB, en su opinión manejable, y que no habrá amenazas inflacionarias, en el contexto de una desaceleración continuada de la demanda agregada. Habría menos presión en el mercado laboral, pero una situación de empleo todavía positiva. Subsistirían riesgos macroeconómicos: algunos de alto impacto, pero de baja probabilidad de ocurrencia, como una desaceleración severa de China o una crisis financiera mayor en Europa; otros, como la cuasi certeza de la pronta corrección en la política monetaria de Estados Unidos, de impacto acotado.


Sin perjuicio de su corrección técnica, cuesta conciliar esta tranquilizadora visión macroeconómica con la evidente mayor sensibilidad en el ambiente de negocios del país, que se refleja, por ejemplo, en el desempeño del mercado accionario chileno. El mismo IPoM ilustra la fuerte caída de los precios en dólares de acciones de sociedades anónimas chilenas durante 2013, que excede largamente la baja en precios de acciones en los países emergentes, y en particular las de Latinoamérica. Todo esto, a pesar de un mejor comportamiento relativo de los flujos de financiamiento externo hacia el país.


 Más allá de la sostenibilidad macroeconómica, el fin del “súper ciclo” económico está coincidiendo con la revisión de un ciclo político que se extendió por más de 20 años, cuando el país creció, disminuyó su pobreza y posibilitó el desarrollo de una clase media poderosa que hoy presionaría por ajustes. Esta revisión, según se percibe, pone en discusión importantes aspectos institucionales, fiscales, tributarios, o relativos a políticas sociales, todos muy relacionados con los incentivos a la acción empresarial, y en parte debe ser la explicación de la mayor incertidumbre y cambio en expectativas que se expresan en una menor valoración de las empresas.


El mercado también puede estar estimando efectos más severos para Chile del cambio en política monetaria en Estados Unidos. El tamaño del balance de la Reserva Federal no tiene precedentes históricos, y no es fácil anticipar la forma precisa de las políticas por las que va a evolucionar hacia una mayor normalidad, ni los desarrollos que experimentarán las expectativas de los agentes económicos, que son igualmente relevantes.


En definitiva, mirando al 2014, las perspectivas deben considerar las tendencias macroeconómicas domésticas, las incertidumbres en torno a condiciones económicas externas, y una parte importante de la atención debe ser puesta en los temas estructurales de los que depende que un eventual nuevo ciclo político se dé en un contexto de prosperidad económica mantenida.


Licitación de terrenos Fiscales.


El Ministerio de Bienes Nacionales ha anunciado la licitación de diversos terrenos a lo largo de Chile, con el fin, entre otros, de hacer viable una serie de iniciativas que están a la espera de una posible ubicación para sus proyectos. Por cierto, la venta de tales terrenos se ha hecho coordinadamente con otros Ministerios, para asegurar que en tales espacios estén presentes en el futuro los proyectos de viviendas con otros de carácter industrial, energético o turístico, por citar solo algunos. Si bien cabe esperar un mayor ordenamiento territorial como resultado de estas licitaciones, la experiencia indica que el país debiera mantenerse atento a lo que se haga en este campo.


Algo más del 50% del territorio nacional pertenece al Estado y está en manos del Ministerio de Bienes Nacionales. Esto ha causado variadas trabas a diversos proyectos que no pueden encontrar las ubicaciones necesarias para realizarse, incluyendo en algunas Regiones los espacios apropiados para construir viviendas. En Antofagasta se ha llegado a tener las casas y departamentos más caros del país, por encima de la Región Metropolitana, en parte debido a la escasez de suelos, pese a que BB.NN. es dueño de buena parte de los terrenos que rodean a la ciudad. Licitaciones anteriores han motivado quejas de parte de sus potenciales compradores, por los altos precios que solicita el Estado. Si bien este no debiera tener como único fin aprovechar al máximo la alta demanda que ocasiona el auge minero, tampoco puede destruir el mercado ni perder el mayor valor que objetivamente han adquirido tales terrenos.


La Cámara Chilena de la Construcción ha objetado que no sean más las licitaciones de sitios y que el Estado esté sentado en esos espacios que podrían aliviar al mercado en Antofagasta, donde existen miles de subsidios otorgados, pero no han encontrado forma de colocarse. Algo similar, aunque en menor escala, sucede en otros polos de desarrollo nacional, como Puerto Montt.


Además de las dificultades de encontrar terrenos, quienes quieren desarrollar sus proyectos se topan con los planos reguladores de las ciudades, que están atrasados o fijan exigencias poco realistas. No obstante, las situaciones de una ciudad a otra son muy diversas, y si existen carencias de planos reguladores, también hay otros que son resueltamente defendidos por sus actuales vecinos, con atendibles razones. El buen ordenamiento del territorio es una exigencia de los tiempos actuales, en que un proyecto turístico de grandes magnitudes puede quedar anulado por otro pesquero, industrial o minero.


Dadas las complejidades que involucra la política de Bienes Nacionales, deberá examinarse con cierto grado de detalle la licitación de más de 300 inmuebles en todas las Regiones del país. Según lo informó el Ministro del ramo, se piensa vender siete mil hectáreas y concesionar otras 13 mil en el año 2014. En ocasiones anteriores, algunos de estos grandes procesos de enajenación han terminado decepcionando, sin lograr la venta ni la concesión de los grandes paños anunciados. Esta vez, todo parece indicar que se trata de lugares que deberían despertar el interés de los inversionistas. La mayor parte de los terrenos ofertados corresponderá a la categoría habitacional, con ubicación en la zona norte, donde estos prácticamente se licitarán en todas las ciudades. Pero también habrá concesiones orientadas al turismo, que no siempre tienen una historia positiva, pues suele suceder que terminan en ocupaciones que destruyen el valor de tales ubicaciones. El que este anuncio se produzca a poco de un cambio de Gobierno introduce una incertidumbre adicional, pero también crea la oportunidad de darle continuidad a una política necesaria.


Debilidad ante agresión al Presidente.

        

La agresión de la que fue objeto el Presidente de la República el viernes pasado -cuando una mujer le lanzó un escupitajo, además de un ligero golpe y proferir insultos verbales- constituye un acto grave y que, lamentablemente, por ahora ha encontrado una débil respuesta en Tribunales. Estos calificaron el episodio como una cuestión de relevancia menor. Con ello se ha sentado un negativo precedente, porque la señal que se transmite es que la agresión al Jefe de Estado -y por lo mismo, a cualquier autoridad- pareciera no tener mayor importancia, lo que constituye un golpe a la institucionalidad republicana.


Si bien la mujer -dirigente de las Asambleas Populares de Puente Alto- fue imputada por la Fiscalía por el delito de atentado contra la autoridad, el Tribunal de Garantía estimó que apenas se trata de una “falta”, lo que justificaría su libertad sin necesidad de aplicar medidas cautelares. Resulta discutible esta apreciación jurídica, más aún cuando la agresora se ufanó de sus actos y señaló que si pudiera “lo volvería a hacer mil veces”.


En el último tiempo se ha registrado una serie de agresiones a autoridades que no han encontrado una sanción ejemplificadora. Uno de los casos más llamativos fue la violenta manifestación que un grupo de activistas realizó en dependencias del ex Congreso Nacional, ocasión en que fue violentado el Ministro de Educación, además de verse interrumpido el trabajo Legislativo. Inexplicablemente, el Tribunal consintió en que los agresores recibieran como sanción realizar campañas de “bien público” -acuerdo que fue desestimado por la Corte de Apelaciones-, lo que sienta la impunidad y envía una equívoca señal a la sociedad, caso que parece estar repitiéndose con la agresión al Presidente de la República. No tiene lógica alguna que los Tribunales apliquen la Ley de una manera tan laxa, en especial cuando se encuentra en juego el principio de autoridad y su actuación puede llegar a fomentar actos que pudieran llegar a ser más violentos.


Correspondencia destacada.


Señor Director:


El acertijo del gato.


La Concertación, perdón, la “Nueva Mayoría”, es decir, el PC agregado a aquella, ha colocado a Chile en una encrucijada vital, que en una primera fase se definiría el próximo 15 de diciembre, si es elegida la señora Bachelet.


Esta situación me evoca un discurso que le escuché a don Eduardo Frei Montalva en un acto electoral, en que recordaba un texto de un libro de enseñanza de francés cuando este idioma era materia obligatoria, una especie de acertijo respecto de un felino, y que decía: tiene los ojos de un gato, los bigotes de un gato, el pelo, la cola, las orejas, etcétera de un gato, pero no es un gato. Y ante el desconcierto de la juventud colegial el relato terminaba disipando su curiosidad al precisar que no se trataba de un gato, sino de una gata.


Cuando la Nueva Mayoría se refiere a temas esenciales como la educación, el esquema de las actividades económicas, y la estructura política del país, en un “papel en blanco”, como lo ha puntualizado el constituyente del 2005, no es difícil suponer que está esbozada la construcción de una república socialista, manifestada con términos reiterativos fuertes, como “cambio radical y profundo” y “creación de un nuevo ciclo histórico”. ¿Una Revolución?


Los protagonistas del eventual triunfo de la señora Bachelet siguen teniendo las mismas características morfológicas del gato de hace más de 40 años, solo que sabemos el desenlace del acertijo.


Sergio Rillon.


Señor Director:


Chile y Haití, sopla viento norte.


Que el Presidente del Senado de Haití sugiera que su país esta ad portas de una grave crisis y que haya solicitado que las tropas chilenas actúen según los intereses de parte de la sociedad haitiana, no ha causado mayor inquietud en nuestras autoridades civiles y militares. Lo entiendo, ellos no están patrullando en Haití ni enfrentando los problemas en terreno.


Con prontitud y poca acuciosidad se extiende nuestra presencia sin evaluar o exigir accountability de esta compleja misión y, lo peor, nuestras autoridades no perciben que en Haití sopla viento norte, y si llueve, Chile se va a mojar.


Defensa, Cancillería y en especial el Senado, pese a sus frecuentes visitas a Haití, no han entendido la gravedad del problema. En forma irresponsable les estamos traspasando a nuestros Comandantes un serio problema. Ellos deberán impartir órdenes en un escenario de crisis, y si la autoridad haitiana tiene razón, quizás debamos lamentar las bajas de algunos de los nuestros y por cierto de ciudadanos haitianos.


Dejamos en los mandos militares el éxito o fracaso de nuestra participación en una operación de paz, cuando la verdad, el problema excede a nuestros soldados.


Algo huele mal y no es en Dinamarca, es en nuestra sociedad. Nuestros soldados y los ciudadanos que ellos representan no se lo merecen.


Eduardo Aldunate Herman.

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EMPRENDEDORES RESPONDEN A LAS MENTIRAS DEL OFICIALISMO BACHELETISTA.

#GolpeAlaPyme.

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Evelyn Matthei evaluó en CNN los 3 primeros meses de Bachelet…

Impactante: Ex dirigente secundaria sería la joven encapuchada grabada por Carabineros.

LANATA : CARTA A CRISTINA FERNÁNDEZ.

Juzgue usted si Bachelet sabía o no del maremoto... , video gentileza EMOL-

"La desnacionalización del cobre no la hizo Pinochet sino que fue la concertación".

Polémica por video de la Onemi del 27F, Bachelet niega tsunami...Gentileza EMOL.

Bachalet niega tsunami a las 8:59am del 27F
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Mantenemos este video como un homenaje a Felipe Cubillos .

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Canción Nacional de Chile completa con todas sus estrofas....

Imagenes de un recuerdo siniestro

Marcha Soldados del 73, con imágenes

PARA VER COMPLETO HAGA DOBLE CLIC SOBRE EL VÍDEO.

Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

Padre nuestro que estás.....

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