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martes, 19 de noviembre de 2013

Ecos de la justa electoral del domingo…



Evelyn Matthei recibió ayer en su casa a  figuras de la alianza para planificar la campaña segunda vuelta, la postulante señaló que queremos armar una coalición lo más amplia posible y salir a buscar esa gente que no salió a votar",  sumando "nuevos rostros también".




El día después,
por Sergio Melnick.

La primera vuelta ha terminado ya con la tremenda complejidad de 4 elecciones simultáneas: Presidencial, Diputados, Senadores, Cores. En una primera mirada, hay sin duda un gran logro de Bachelet y un desastroso resultado para la Alianza, que hizo un papelón durante la campaña, por cierto con la colaboración esmerada del Gobierno. Todo eso es verdad, pero hay matices. Bachelet proyectó arrasar y ganar en la primera vuelta, lo que no logró; es un revés psicológico no menor. Matthei jugó a pasar a la segunda vuelta y lo logró. Bachelet decía tener un 75% de popularidad y sólo logró un 47%; es decir, ha ido perdiendo apoyo claramente. La derecha, a su vez, tenía un piso de 44%; hoy es de 25%. La Alianza ya había hecho un papelón terrible en las Municipales y aun así mantuvo a sus líderes. Hoy, con este porcentaje, es fundamental que se retiren y dejen espacio a otros más competentes.


Lo clave a considerar es que la participación electoral fue demasiado magra, aproximadamente un 50%, y, por ello, Bachelet con su 47% en realidad sólo representa un poco más de tres millones de votos en un universo de más de 13 millones; es decir, aproximadamente es sólo un 25% de los votantes habilitados. ¿De qué gran mayoría hablamos entonces que quieran tantos cambios y tan radicales? ¿Representa la nueva mayoría realmente a la “gran mayoría de los chilenos”? Claro que no; hoy sólo representan a un 25%. Por cierto, esta pobre convocatoria es un enorme papelón de la clase política y del Gobierno que se la jugaron por el voto voluntario.


Otros grandes perdedores fueron Claude, Parisi, Israel y Roxana, cada cual por sus propias razones. La agresividad de Claude y su diagnóstico de la sociedad están claramente equivocados: no representa ni al 1% de la población, y menos del 3% de los votantes. El movimiento estudiantil que él representa es muy menor en votos. Parisi, por su lado, le echó la culpa al empedrado, no estuvo ni cercano a la segunda vuelta, y su discurso de derrotado abrió lo peor de sí, que resultó muy feo. Roxana, a su vez, mostró un discurso descalificador y victimizado, de una realidad que básicamente no existe. Quizás otro gran dañado fue el CEP, que perdió todo el prestigio ganado en años. Dejó de ser el gran oráculo que era. Hoy es una encuesta más, quizás de las peores. Otra gran perdedora es la campaña del AC, y muestra que el tema Constitucional está lejos de ser una prioridad nacional como voluntaristamente cree Bachelet.


La segunda vuelta abre un nuevo escenario interesante. Los medios estarán focalizados en sólo dos candidatos, no en cientos. Será muy difícil para Bachelet “pasar” o evadir a los medios, sin pagar costos severos. Será difícil para Bachelet seguir hablando generalidades. Ahora debe entrar al área chica, y en eso ella no es especialmente competente. También es probable que finalmente deba empezar a dar explicaciones de sus promesas incumplidas, y de lo malo que fue su Gobierno en resultados, especialmente comparado con Piñera. Debe enfrentar cara a cara a Matthei, y eso no es fácil para ella.


Los debates pueden llegar a ser decisivos. Es efectivo que Bachelet está a un paso de ganar, pero el debate será más polarizado y por ello creo que votarán muchos más. A su vez, el resultado en el Congreso obligará a la nueva mayoría a negociar si quiere cumplir con sus promesas. Si ganan, veremos si son realmente democráticos o usarán la violencia del PC para presionar sin votos.


Yo insisto que ocurrirán nuevos eventos delicados, pero ahora en el lado de la Nueva Mayoría que podrían ser muy determinantes en los resultados de esta nueva contienda. La DC ha perdido fuerza y tomará una nueva posición. El PC ha cobrado bien su cuota de poder y ha ganado influencia. Eso los ha movido a la izquierda, pero ahora el desafío es conquistar al centro liberal, y en eso Matthei tiene una ventaja, en la medida en que la UDI no la presione más de la cuenta. Por cierto, Matthei debe hacer un cambio radical en su estrategia de campaña. Necesita cambiar al jefe del comando del 25%, mejorar su programa, además de fortalecer al centro liberal, incorporando nuevas entidades.


Será un segundo tiempo muy interesante. Un 50% de los chilenos no está ni ahí con la política, y ni siquiera se molestó en ir a votar. Ya hicimos un mal experimento de tratar de hacer cambios radicales con el apoyo de una minoría. Hoy es tiempo de madurez, de acuerdos, de buenas negociaciones, de amistad cívica, de mantener lo bueno y modificar lo que no anda bien. Pensar en un país de buenos y malos es un error de proporciones. Tenemos 30 años de gran progreso, vamos por otros 30 con el concurso de todos, no unos contra otros.


Todo de nuevo
por Luis Larraín.


Michelle Bachelet y Evelyn Matthei disputarán el 15 de diciembre la Presidencia de Chile.


La ventaja obtenida por Bachelet la hace favorita, pero no le garantiza el triunfo. Es otra elección y el ejercicio de endosar apoyos puede resultar fallido; el 2009 los votos de Frei sumados a los de MEO superaban a Piñera. Marco Enríquez y Parisi, con votaciones en torno al 10% congregaron a los descontentos con los bloques dominantes superando a alternativas más rupturistas o irrelevantes. Las elecciones representan un revés para las expectativas de la Concertación y del Partido Comunista, que apostaron a ganar en primera vuelta. Más de la mitad de los chilenos no quiso que Michelle Bachelet fuera Presidenta.


En definitiva, Bachelet no ha obtenido el mandato que pidió a la ciudadanía. El resultado Parlamentario, en términos de mayorías en ambas Cámaras, es peor para su coalición que el obtenido en las elecciones de 1989, 1993 y 1997. Está lejos de ser una derrota para la derecha como la del año 1965 como aseguraron algunos (ese año bajó de 45 a 9 Diputados y no sacó ni un Senador). Estamos más bien frente a una situación similar a la del año 2005 y recordemos que cuatro años después la Concertación perdió la Presidencia.


Si Bachelet gana la elección en diciembre, como todos los Presidentes de Chile desde 1990, deberá negociar con la oposición para llevar a cabo su programa de Gobierno. Podrá realizar su reforma tributaria, pues tiene las mayorías en el Congreso, aunque demorará en ponerla en práctica por su complejidad. Podrá hacer reformas en educación, pero algunas de ellas necesitarán la concurrencia de Parlamentarios de oposición y un difícil proceso de puesta en marcha.


Enfrentaría una ardua tarea para proponer una reforma Constitucional aceptable para la amplia mayoría de Senadores y Diputados que la institucionalidad exige. Tendría que negociar con los partidos de la Alianza y al interior de su coalición donde hay importantes diferencias. Habrá entre los suyos quienes la insten a imponer por la fuerza de la presión su programa, pero eso no le conviene al país y así tendrá que entenderlo si quiere hacer un buen Gobierno.


Evelyn Matthei, dada la diferencia de votos que la separa de Bachelet, sigue cuesta arriba en esta carrera Presidencial. Pero ya logró su primer objetivo, contra todo pronóstico, y su temple la llevará a disputar con fuerza el que sigue.


En ese afán confrontará sus ideas con Michelle Bachelet, lo que la candidata de la Concertación y el Partido Comunista evitó hacer en primera vuelta. Allí tiene una oportunidad preciosa para convencer a la ciudadanía de la conveniencia de que nuestro país siga por la senda de progreso en que ha transitado los últimos cuatro años, en lugar de dar el salto al vacío que propone Bachelet.


Las propuestas de Evelyn Matthei apuntan a hacerse cargo de las carencias que los chilenos acusan hoy. Si hay algo que ha demostrado esta elección es que en la política chilena la fidelidad ya no existe, no se puede contar con electorados cautivos y que la soberbia es mala consejera.


Hacia la segunda vuelta
por David Gallagher.


Erraron los vaticinios de que Bachelet ganaba en primera vuelta. Su comando manejó mal las expectativas, y ahora la candidata, sin perder su condición de fenómeno político, parece un poquito menos invencible. Desde luego, es muy improbable que pierda en segunda vuelta, pero quedan cuatro semanas y, como siempre se dice en estos casos, la segunda vuelta es otra elección.


Por lo tanto, no se puede ver el poco más de 25 por ciento de Matthei como un gran triunfo, pero es un resultado digno; sobre todo, que en algún momento se decía que ella, incluso, podría no salir segunda. Matthei, después de todo, no está tan, tan lejos del 29,6 por ciento que sacó Frei en 2009, siendo que en segunda vuelta Frei subió a 48,39 por ciento. Vale entonces, que Matthei haga la pelea estas próximas cuatro semanas, y que reciba todo el apoyo de su sector.


Es muy cuesta arriba su tarea, pero hay algunos factores a su favor. Primero, el tiempo: ha sido su peor enemigo, y las cuatro semanas adicionales representan una gran oportunidad. Segundo, era inevitable que el perfil de Matthei se perdiera entre los ocho otros candidatos en la primera vuelta, al tener Bachelet una ascendencia tan abrumadora. Ahora podrá debatir de igual a igual con Bachelet, y eso puede tener un efecto potente. Además, le permitirá comunicar mejor el programa sensato y moderado que tiene, y que intuyo está en sintonía con los deseos de una mayoría de chilenos, siendo el problema que no lo conocen.


Es cierto que hay legítimas dudas de cómo va a crecer la candidatura de Matthei. Quemó las naves con Parisi, quien la denostó en su discurso anoche; y los demás candidatos, liderados por Enríquez-Ominami, no son afines a ella. Sin embargo, los votos de todos estos candidatos son volátiles. Y habría que analizar el significado de la alta abstención de ayer. Muchos que no votaron son simplemente indiferentes, pero habrá otros que se quedaron en casa porque creían que la elección era carrera corrida. Eso, en segunda vuelta puede cambiar. Finalmente, Matthei tendrá ahora todo el apoyo de los partidos de su sector: en la primera vuelta fueron reticentes con ella, por priorizar las candidaturas al Congreso y pensar que era riesgoso jugarse por ella.


¿Adónde va Bachelet ahora? En 1999, Ricardo Lagos interpretó el hecho de que el 52 por ciento de los chilenos no votó por él como una señal de que no había un apoyo contundente a su programa. Dijo haber entendido el mensaje, y enmendó el rumbo. Ayer, más del 53 por ciento de los votantes optó por candidatos distintos a Bachelet. Es cierto que eran ocho contra una: en 1999, Lavín por sí solo consiguió el 47,5 por ciento, y tal vez ese era el mensaje que Lagos oyó. Sin embargo, llama la atención que Bachelet haya dicho anoche que habían triunfado todas las propuestas duras de su campaña. Parece que no piensa moderar su postura.


El discurso de Matthei anoche, en que prometió apelar a todos los chilenos moderados, marca una estrategia que parece ser la correcta para las semanas que vienen.


Segunda vuelta, segunda oportunidad.
por Gonzalo Cordero.


Ya es un hecho que habrá segunda vuelta Presidencial y los doblajes Senatoriales -al momento de escribirse esta columna- están también lejos de las aspiraciones de la Nueva Mayoría, aunque esto es un dato muy provisional, pero nos habla de un resultado que es bueno para Chile y una oportunidad importante para la Alianza y su abanderada Evelyn Matthei.


Logrado el objetivo de llegar a la segunda vuelta para la Alianza y frustrado el de ganar en primera de la Nueva Mayoría, el análisis debiera ser ponderado en ambos comandos. Bachelet tiene por delante una elección en la que no se ve la necesidad de buscar apoyos, ni hacer compromisos con los candidatos alternativos. Por lo mismo, su campaña en el mes que viene será muy indicativa de su verdadero proyecto de Gobierno, pues si ella busca activamente el apoyo de los que promovían asamblea constituyente, de los que quieren un cambio radical de nuestro modelo de desarrollo, ello no será hecho por una necesidad electoral, sino por una definición de voluntad política.


Evelyn Matthei, por su parte, tendrá la posibilidad de confrontar a Michelle Bachelet en forma directa y no entre nueve candidatos. En buena medida, por las expectativas que construyó, la campaña de Bachelet no termina ganadora esta jornada; ese ambiente es favorable para iniciar esta nueva etapa con viento a favor. Pero en ese contexto es necesario ser realista y reconocer que un 25% no es una cifra para dejar satisfecha a la Alianza; estamos lejos del 37 ó 38% que siempre ha sido el voto duro de este sector. La segunda vuelta debiera ser una campaña de contrastes, que recupere una mística que se vio bastante menguada en el último tiempo.


Por otro lado parece que la Alianza debiera reflexionar muy profundamente si tiene sentido embarcarse en una reforma del sistema binominal, no porque le convenga a la derecha, sino porque una vez más muestra que es una garantía de estabilidad, que impide el surgimiento de opciones extremas. El efecto ordenador de la política que tienen los sistemas electorales mayoritarios es demasiado importante para países como Chile. El porcentaje de participación, por su parte, nos muestra que éste no es un país en que la gente esté polarizada, ni quiera cambiarlo todo con la urgencia que mostraban los candidatos de posiciones más extremas, que obtuvieron porcentajes ínfimos y cuyos discursos no fueron capaces de movilizar la cantidad de electores que presagiaban sus discursos.


El resultado Parlamentario, sin la avalancha de doblajes que se temían, hace respirar más tranquila a mucha gente en la Nueva Mayoría.  Las cifras muestran que una Bachelet en 46% no es la “marea roja” que se creía que iba a ser; lo que se ve bajo los números históricos es la Alianza por Chile, eso también debiera ser motivo de análisis a la hora de construir el discurso de segunda vuelta. ¿Qué electores hay que ir a buscar? Primero el elector tradicional, histórico del sector, que hoy no se ve bien representado por sus dirigentes y candidatos.


Hoy es posible pensar en un país que en los próximos cuatro años mantendrá, en lo sustancial, el rumbo que le ha permitido progresar, pero ello exigirá que en el Congreso los Parlamentarios de la Alianza actúen con convicción y liderazgo para mantener posiciones necesarias para Chile y que vuelvan a ser una alternativa clara y contrastante con la izquierda. La segunda vuelta es una segunda oportunidad para ofrecer un proyecto de centroderecha con convicción y claridad.


Sigue la carrera.
por Juan Andrés Fontaine.


Habrá segunda vuelta. Ese es el hecho político más contundente del día domingo. Mientras Evelyn Matthei logró su meta de extender la campaña y ganarse un espacio para defender —cara a cara— su proyecto para Chile, Michelle Bachelet no consiguió su objetivo de finiquitar aquí la carrera y evitar esa confrontación de ideas. Comienza entonces una nueva etapa.

No puede desconocerse que, aunque inferior a lo que se había propuesto, Michelle Bachelet ha obtenido un resultado muy contundente. Pero ni su votación ni la de su lista Parlamentaria reflejan la avalancha esperada ni sustentan la hipótesis de que Chile inicia un nuevo ciclo de transformaciones profundas.

A Evelyn Matthei no le será fácil remontar la diferencia que las separa. Pero la candidatura de la Nueva Mayoría ha alimentado expectativas y demandas que, de resultar elegida, le serán difíciles de administrar. Nueva Constitución para hacer al Estado responsable del bienestar de cada cual, educación gratuita universal, impuestazo que se supone no daña, son todas promesas que encierran un riesgo de desestabilización política y económica. La campaña de Matthei habrá de destacar las diferencias que la separan de ese proyecto y denunciar la amenaza contra las libertades que provienen del Estatismo emergente.


Objetivamente, la Alianza ha recibido una votación insatisfactoria. Pero la segunda vuelta le proporciona una oportunidad para hablarles a los seis millones de votantes que no acudieron a las urnas —pensando tal vez que la victoria de Bachelet era segura— y que valoran el camino del progreso económico y social que ofrece la Alianza. Una oportunidad para ampliar su convocatoria, apelando a los jóvenes y otros grupos con un discurso más amplio, que recoja mejor el proyecto de una centroderecha abierta y dialogante, partidaria de la libertad en todos los campos y capaz de impulsar un veloz desarrollo económico y social. Muchos de los que se inclinaron por los candidatos que no pasaron a la segunda vuelta han de sentirse atraídos por ese proyecto. La victoria del Presidente Piñera cuatro años atrás se nutrió de esos votos.


Es una paradoja que pese a que el primer Gobierno de la Alianza concluye con una muy exitosa cosecha de resultados económicos y sociales, su votación ha sido decepcionante. La falla parece haber sido de índole política. Por razones que ya habrá tiempo de estudiar, el Gobierno no logró infundir en su coalición el entusiasmo necesario en torno al programa, no consiguió imprimir a su empeño modernizador un sentido más amplio que la mera estadística económica y no logró convencer al electorado de que los macizos avances en materia de crecimiento, emprendimiento y empleo son fruto de las políticas aplicadas.


La segunda vuelta es una oportunidad para corregir esas deficiencias. Con el respaldo que le otorga su buena gestión de Gobierno, la Coalición debe reunir sus fuerzas, tender puentes hacia sectores aledaños, dar más nitidez a su mensaje y mostrar más convicción en sus principios y prioridades.


Una nueva campaña.


El efecto más inmediato de la votación del domingo  es el llamado a una segunda vuelta de la elección Presidencial. Pese al elevado porcentaje obtenido por Michelle Bachelet, no se cumplió la expectativa de un triunfo definitivo e inmediato que ella misma contribuyó a crear y que, al no obtenerse, dejó en su gente un evidente saldo de frustración. Si bien está muy cerca de lograr el 15 de diciembre la mayoría absoluta requerida, este tropiezo debería indicarle que su coalición no ha arrasado, como algunos creían, sino que necesita todavía ampliar una convocatoria que en alta proporción se dirige al mismo sector, nada radicalizado, que aspira a recibir los beneficios del crecimiento económico, busca seguridad y confía en ella para obtenerla, y que por eso en buena medida prefirió antes a Sebastián Piñera.


Para Evelyn Matthei, lo ocurrido le da la oportunidad de enfrentar por fin cara a cara a su rival en un verdadero debate sobre propuestas concretas que se difuminó en los foros imposibles con nueve actores. Si el comando de la ex Presidenta espera conquistar los votos de los otros siete postulantes, y en especial los de ME-O, por las similitudes que haya en sus críticas al modelo aplicado hasta ahora (también por ella), Matthei tiene la posibilidad de movilizar a parte significativa de esa mitad del electorado que se abstuvo y al que nos referíamos al hablar de la ex Presidenta. No se trata, por cierto, de los grupos antisistema que allí han surgido, sino de los ciudadanos, quizás demasiado cómodos y apáticos, pero moderados, que se sienten víctimas de abusos tanto económicos como de violencia física y de inseguridad, incluidos tanto la delincuencia como el fenómeno de los encapuchados.


¿La hora de los partidos? Todo esto debería marcar un estilo diferente, más activo y contrapuesto, en la segunda vuelta, y aunque no altere finalmente el balance electoral, podría influir en las políticas que orienten el nuevo período. En efecto, al no haberse dado ya la definición Presidencial, el poder casi absoluto que se atribuía a Bachelet habrá de considerar más el apoyo de los partidos, y el futuro Parlamento, pese a su mayoría en ambas Cámaras, no será tan distinto de los anteriores y desde luego no dará lugar a reformas sustanciales sin los necesarios (y convenientes) acuerdos a que anoche aludió, por ejemplo, el nuevo Senador Allamand. De paso, no está de más mencionar el pobre rendimiento (8% según su vocera) de la bien organizada campaña para marcar los votos en favor de una asamblea constituyente.


Porque el otro resultado significativo de la jornada de ayer está en los cambios en la representatividad de los partidos. En los totales, la Nueva Mayoría crece en dos Senadores (aunque quedando fuera los emblemáticos Soledad Alvear y Camilo Escalona) y en siete Diputados (entre ellos tres nuevos comunistas) más tres independientes afines. La Alianza pierde siete Diputados (nueve de la UDI menos dos en que crece RN), aunque adquiere uno del nuevo Evópoli, conservando la cantidad de Senadores. Pero hay un independiente más en el Senado (promovido por el PRSD que queda sin representación) y tres en la Cámara, no comprometidos con las coaliciones.


Política de acuerdos. Si bien el PC y los independientes marcarán finalmente las mayorías, lo más probable es que el eventual Gobierno de Bachelet requeriría acuerdos para reformas institucionales de importancia, sin perjuicio de que en otras menores le baste, además de aquéllos, con varios posibles díscolos de centroderecha. Todo lo anterior tiende a un panorama en que habrá una pugna fuerte (y una indispensable opción de quien Gobierne) entre la presión callejera y cada vez con más énfasis anarquista, y la vía moderada de los consensos.


Finalmente, el paso a la segunda vuelta traerá casi necesariamente una postergación de las quejas y acusaciones internas de la Alianza, y hasta quizás una disminución de ellas si el extraordinario esfuerzo de Evelyn Matthei logra modificar a lo menos en parte el panorama político. En todo caso, es previsible que, más allá de las cuentas personales, haya (como también ocurrirá en la DC) una seria revisión de estrategias futuras, además de una definición del largo enfrentamiento sobre la “nueva derecha” y, muy probablemente, el inicio de los lineamientos de candidaturas para el 2017, que habrán de considerar datos de ayer, como la pérdida de la Senaturía de Golborne y las logradas por Allamand y Ossandón, en relación a las posibles aspiraciones de Piñera.


Enfoques Internacionales:
Buenas noticias en China.


Meses antes del más importante encuentro de los jerarcas comunistas chinos —el tercero de la era de Xi Jinping— estaban circulando documentos “semioficiales” en los que se discurría en torno a cuáles serían las líneas generales de las reformas que se adoptarían en el Comité Central. El hecho de que el primer comunicado oficial aludiera a “dejar que el mercado juegue un papel decisivo en la asignación de recursos”, pero que el Gobierno “mantendrá la preponderancia de los sectores económicos del Estado y les dejarán desempeñar el rol motor” —más allá de jugar ambiguamente con los conceptos de socialismo y mercado—, puso a la vista que el camino escogido no es una ruptura con el pasado, sino un cambio en la gradualidad —“paso a paso”, evocando a Deng Xiaoping—.


Uno de los anuncios más interesantes es que se creará un “grupo de política económica” dentro del PC, con amplias atribuciones para delinear y supervisar las reformas. Lo positivo de este “grupo” es que empujará los cambios y doblegará a los burócratas de Ministerios y agencias que se resistan a ellos.


Es habitual que estos plenarios vayan dosificando la información por días, semanas e incluso meses. De lo que se sabe, destaca el que se fije un plazo relativamente corto, el año 2020, para obtener “resultados decisivos”, con lo que Xi parece querer acelerar las reformas.

Quienes esperaban que el Comité diera una solución al problema de las empresas Estatales deberán conformarse por ahora con el anuncio de que se “promocionará la reforma pro mercado para romper monopolios e introducir competencia”. Antes solo habían dicho que “tendrán que regirse por prácticas corporativas modernas”. Los analistas consideran que los privilegios que tienen las empresas Estatales en China —que manejan bancos, telecomunicaciones y energía, entre otras— son un freno al desarrollo, pues ellas compiten con ventaja sobre las privadas, sin acceso a iguales créditos en condiciones preferentes.


Sobre el sistema financiero, se habló de modernizarlo, de permitir que se creen bancos pequeños y medianos, y de que se trabajaría para profundizar la reforma Fiscal e impositiva y hacer más transparente los procesos. Todavía hay incógnita en algo fundamental para los analistas, cual es la liberalización de las tasas de interés y de cambio, para permitir el flujo de capitales. Por ahora se anunció que se “acelerará la convertibilidad de la cuenta de capital”.


Derechos para los campesinos
Una de las reformas más esperadas era la del agro, y específicamente aquella que permitiría a los campesinos ser propietarios de tierras. Eso no ha ocurrido. Sin embargo, una buena noticia es que se relaja el sistema del hukou, o registro de residencia, lo que permitirá a más campesinos emigrar a la ciudad, formalizará el mercado laboral y dará un impulso a la urbanización. La mitad de la población china, de 1.400 millones de personas, sigue vinculada al campo. Muchos de ellos se han ido a la ciudad, pero allí no tienen acceso a salud, educación o vivienda. En 1978, los campesinos fueron liberados de las “comunas” o granjas colectivas, pero siguieron sin ser dueños de la tierra o de sus casas y sufriendo injusticias. Los Gobiernos locales, según The Economist, están en crisis y no pueden enfrentar aumentos salariales, por lo que desplazan a los campesinos y requisan tierras para venderlas a inmobiliarias.


Otro aspecto positivo de los anuncios es que se haya decidido flexibilizar la política del hijo único, pero, sobre todo, crear un sistema de seguridad social.


Sobre temas políticos aún no hay nada nuevo, pero sí emergió que Xi consolida su poder. Eso quedó claro con la creación de un Comité de Seguridad Nacional, bajo su mando, que deberá coordinar a la policía, militares y otras agencias, tanto en temas de seguridad interna como de política exterior.


Repercusiones para Chile.
¿Qué alcances tiene todo esto para Chile? No pocos. China es nuestro principal socio comercial, al que no solo le vendemos cobre.


Los cambios en el gigante asiático pueden ser favorables a nuestros intereses, pero se deberá observar con cuidado cómo se da el cambio de estrategia de crecimiento que quiere el Gobierno de Xi, desde una prioridad en exportaciones a otra de mayor consumo interno. Para eso, necesita mejorar el equilibrio doméstico, apoyar a las clases medias con mejores salarios y seguridad social, de manera que puedan incorporarse como consumidores. Y la urbanización es buena noticia: se necesitarán más viviendas e infraestructura urbana. Una ralentización del crecimiento chino (el segundo semestre fue de 7,5%, el más bajo en 20 años) es mala noticia para todas las economías que, como la chilena, dependen del mercado chino para su desarrollo —y en especial cuando esto afecta el precio del cobre—.


Chilenos a trabajar para evitar que la concertación
y su Estatismo  vuelvan a La Moneda…Se puede…
 

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Evelyn Matthei evaluó en CNN los 3 primeros meses de Bachelet…

Impactante: Ex dirigente secundaria sería la joven encapuchada grabada por Carabineros.

LANATA : CARTA A CRISTINA FERNÁNDEZ.

Juzgue usted si Bachelet sabía o no del maremoto... , video gentileza EMOL-

"La desnacionalización del cobre no la hizo Pinochet sino que fue la concertación".

Polémica por video de la Onemi del 27F, Bachelet niega tsunami...Gentileza EMOL.

Bachalet niega tsunami a las 8:59am del 27F
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Marcha Soldados del 73, con imágenes

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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