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lunes, 28 de octubre de 2013

Ecos del fin de semana...













Boomerang bien lanzado
por Axel Buchheister.


El episodio de las acusaciones de Evelyn Matthei contra Franco Parisi no ha sido bien evaluado por algunos políticos de la centroderecha. Se dice en sordina que puede convertirse en un boomerang en su contra, pues viene a ratificar que es agresiva y arrebatada, que coloca al candidato independiente a su mismo nivel, dándole demasiada tribuna, y que complicará la segunda vuelta, en la que se necesitarán los votos de éste.


¿Se equivocó Evelyn Matthei? Por el contrario, todo parece indicar que acertó. Desde luego, cuando las cosas van mal -ella misma reconoció en Enade que iba atrás- nada se pierde con arriesgar fuerte: en el peor de los casos siguen igual, pero pueden mejorar y esa posibilidad hace que la apuesta valga la pena. Por otra parte, es cierto que quien va segundo debe siempre pelear con el primero y no con el tercero, pero ocurrió un hecho que obligó a alterar esa lógica: Parisi dijo en la Enade muy campante que ya está segundo en las encuestas. Un anuncio sin ningún fundamento y en boca de un candidato de poca credibilidad, pero que causó gran impacto. Entonces, seguir ignorándolo no hacía más que contribuir a que la imagen de Matthei fuera languideciendo.


Pero la principal razón de que su candidatura no despegara es que no estaba siendo ella misma. Tiene un carácter fuerte y eso es lo que el público aprecia en ella; a la gente le gusta que diga las cosas “pan pan, vino vino” (con alguna mala palabra incluida). Cierto que eso tiene también detractores y a veces se le pasa la mano, pero mantenerla contenida y “muy dama” lo único que hacía era desperfilarla, sin concitar algo a favor o en contra. Y lo que más debe preocupar a un político no es si hablan bien o mal de él, sino que no hablen de él. En suma, se estaba desperdiciando el principal atributo de la candidata, sin lograr nada concreto. Habrá costos en que se utilice, pero lo que importa es que sean menores que los beneficios. Y a juzgar por la cobertura de prensa hablando de ella, los últimos han sido claramente superiores a los primeros. Aparte de haber motivado al “voto duro”, que -una vez más- es clave en un régimen de sufragio voluntario, pues es el que se moviliza y concurre a votar.


El argumento de que se perderán los votos de Parisi en segunda vuelta no es válido. Es un candidato al que la gente adhiere por defecto, porque no quieren hacerlo por las opciones tradicionales. Por lo mismo, sus votantes no tienen un vínculo muy emotivo con él y difícilmente se ofenderán porque se lo haya cuestionado. En segunda vuelta hay que captar a los votantes de Parisi, no a él, cuando hoy nadie es dueño de los votos y los ciudadanos sienten que ya son grandecitos para decidir. Estuvo bien que la candidata haya dicho que no va a pactar con Parisi para el balotaje, ya que fortalece la percepción de que no es una política que anda con cálculos pequeños ni dobleces.


Los políticos de centroderecha harían bien en regirse más por sus principios y autoestima que por sus temores. Arriesgar es lo único que puede cambiar el rumbo de los acontecimientos, aunque no hay que perder el norte: el debate real es con la primera. En esto, el consejo de que no hay que victimizarla está demás si se pretende bajarla del pedestal en que se encuentra.


¿Quién quiere ser Presidente?,
por Joaquín García Huidobro.


Mientras los chilenos tuvimos sentido del ridículo, los candidatos Presidenciales fueron pocos, a pesar de que la Constitución no pida mucho para ser Presidente: que sea chileno, tenga 35 años y esté habilitado para votar. Ni siquiera exige saber leer y escribir. Esta democrática facilidad funciona porque existen ciertas condiciones implícitas que comparten todas las personas razonables. Así se entendió a lo largo de nuestra historia republicana.


El Tony Caluga fue el más grande de nuestros payasos, y Martín Vargas un notable boxeador, pero jamás se les ocurrió presentar una candidatura Presidencial, aunque cumplían todas las condiciones establecidas por la Ley. Ellos eran conscientes de la majestad del sillón presidencial y no querían hacer un papelón. Se dedicaban a lo suyo y lo hacían bien.


Todo eso ha cambiado. Ha llegado la moda de los candidatos exóticos e irrelevantes. Por eso, me permito sugerir algunas exigencias adicionales que habría que hacer a quienes pretenden postular a la Presidencia. De este modo, los chilenos que tenemos talentos diferentes no caeremos en la locura de meternos donde nadie nos ha llamado.


Quien postula a tan alto cargo conocerá algo tan básico como que las elecciones Presidenciales tienen por objeto elegir Presidente de la República de Chile. En otras palabras, no son un medio para hacerse famoso ni para conseguir gratuitamente un minuto de gloria. Para eso están los matinales o la posibilidad de subir a Youtube un video casero.


En el acto de inscripción de las candidaturas, se informará a los postulantes de que existe la Ley de gravedad, de modo que sus propuestas estén bien sujetas a la tierra y no anden por las nubes, como ha sucedido en esta penosa campaña.


Por otra parte, los candidatos a instaurar un Chile más justo pagarán sus deudas previsionales y laborales; no tendrán líos con la Justicia ni estarán enfrentados con la Masonería o cualquier otra institución de bien público. Sabrán que los Ministros son muy importantes; valorarán la experiencia y carecerán de fobias ante la tercera edad. Dicho con otras palabras, se abstendrán de proponer un Gabinete Ministerial sub 35, ya que los Secretarios de Estado son algo muy distinto de los teletubbies. Habrán de acreditar que conocen, al menos de oídas, la separación de los poderes del Estado, y que saben que no le corresponde al Presidente meter a la cárcel a los empresarios, Parlamentarios u otra gente que a Roxana le resulte sospechosa o poco simpática. Para eso hay Jueces y procesos Legales.


Entregarán a la ciudadanía su programa de Gobierno con tres meses de anticipación, porque confiarán, al menos en apariencia, en la responsabilidad cívica de los ciudadanos. Un funcionario del Servicio Electoral les leerá el significado que la Real Academia atribuye a la palabra Estadista (“Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”) y les explicará que los Estadistas no suelen emplear los garabatos como arma política, pues, como dice Aristóteles, “a la despreocupación por las palabras sucias sigue inmediatamente la despreocupación sobre los actos”.


Aunque solo se trate de una sugerencia, se los animará a dar muestras de chilenidad, por muy ecologistas e internacionales que sean. No se pide que vayan al acto vestidos de huaso o de pascuense, pues no a todos les sientan bien tales indumentarias, pero se les explicará que los trajes de la India no tienen una honda ligazón con nuestras tradiciones ancestrales.


Habrán de saber que la integridad territorial de un país es una materia importante, que no debe ser abordada con liviandad, por más que a Marcel Claude le preocupe la hermandad latinoamericana y el papel del mar en el desarrollo de los pueblos.


Finalmente, el más importante de los requisitos consiste en que los candidatos deberán probar que tienen capacidad de sonrojarse. Es el mejor antídoto contra el despropósito de presentarse a una elección de perros grandes sin tener el tamaño adecuado, y evita hacer de los debates Presidenciales un campeonato de ofertones.


¿Y cómo podrán acreditar los candidatos que poseen el don de la vergüenza? Bastará con que presenten un certificado del Servicio Médico Legal que acredite que su cara es de carne y no de palo.


Las verdaderas prioridades educacionales.


La educación chilena tiene deficiencias, pero no está en crisis como muchos afirman livianamente. Su estado debe ponerse en perspectiva realista. Por ejemplo, un reciente estudio internacional que analiza datos comparables para 49 países, muestra que, después de Letonia, Chile es el segundo país que más ha mejorado la calidad de su educación. Además, ha reducido las brechas de desempeño entre estudiantes de distinto nivel socioeconómico. En educación superior los avances también son significativos, no solo en productividad científica sino en oportunidades para quienes antes no tenían la posibilidad de acceder a estudios superiores.


Generalizar en la idea de crisis crea una sensación de refundación de nuestro sistema educacional. Sin embargo, ese camino lleva a una pérdida de rumbo y, más temprano que tarde, a un retroceso en los avances educacionales logrados, al perderse de vista las prioridades y urgencias. En la experiencia comparada, el éxito o fracaso de un sistema educacional no está ligado a la organización jurídica de sus instituciones, a la combinación público-privada de su matrícula ni a los diseños específicos de los financiamientos. Sin embargo, precisamente estos asuntos ocupan gran parte del debate público en Chile. Las democracias avanzadas no están tratando permanentemente de refundar sus instituciones y políticas educacionales, sino que implementan iniciativas que suponen continuidad y cambio, en un marco bien definido de prioridades. Desde el punto de vista de los recursos, las prioridades están mal enfocadas en nuestro debate público.


En el Gobierno actual, el presupuesto de educación superior creció algo más rápido que el del resto del sistema educacional. Según los planteamientos de las candidaturas Presidenciales que han presentado programas o esbozado iniciativas (excepto la de Matthei), esta tendencia se fortalecería en los próximos años. Sin embargo, según la OCDE, los mayores déficits de recursos en Chile, medidos por estudiante, se concentran en educación escolar. Dado que las principales oportunidades para producir una sociedad más equitativa e inclusiva están en los niveles escolares iniciales, es evidente adónde deben ir los recursos.


Si en una primera etapa aseguramos una educación de excelencia desde parvularia hasta 6° básico, y simultáneamente sentamos las bases para que inmediatamente se mueva en la misma dirección la educación secundaria, una sociedad con mayor movilidad social tendrá grandes posibilidades de materializarse. Pero es indispensable hacer las cosas bien, y nuestros líderes políticos, sociales y empresariales deben resistir los cantos de sirena de grupos con capacidad de presión.


En educación parvularia no debe ponerse el acento solo en crear más salas cuna o jardines infantiles. La evidencia comparada sugiere que es alta la inversión por niño que realizamos, pero ese promedio esconde grandes diferencias injustificadas entre ellos, según la sala cuna o jardín a que asisten. Esto debe cambiar —una subvención por niño es una opción—, y al mismo tiempo debemos asegurar un uso más eficiente de los recursos.


Sin cambios institucionales, eso se ve muy difícil. Los actuales proveedores Estatales son simultáneamente verdaderas empresas públicas, pero con atribuciones propias de organismos fiscalizadores (particularmente en el caso de la Junji). Esta realidad se está abordando, pero debe ser definitivamente aclarada en el próximo Gobierno. Además, es razonable repensar el nivel medio mayor, esto es entre 3 y 4 años, desde una perspectiva más cercana a los colegios que en la actualidad. Es importante que este nivel junto con prekínder y kínder reciban una atención más específica y con exigencias más precisas. La calidad no está garantizada, y la evidencia disponible muestra muy poca eficacia —si alguna— de estos programas.


No se trata de escolarizar en exceso esta etapa, pero tampoco se pueden dejar de definir metas específicas, sobre todo si la inversión en este nivel apunta a reducir las brechas que se producen entre niños que provienen de hogares de distinto capital cultural. Para los niños menores de 3 años, las salas cuna deben convertirse en verdaderos centros de desarrollo de la primera infancia, que trabajen más intensivamente con las familias, particularmente en los sectores más vulnerables. Intervenciones de esta naturaleza, bien diseñadas, pueden significar enormes beneficios sociales.


El sistema escolar no podrá seguir teniendo grandes avances si no logra desarrollar suficientes capacidades directivas y docentes. La preparación inicial y la formación continua de nuestros docentes requieren un cambio mayor. Las universidades no han estado a la altura de este reto. Reclaman más recursos, pero las iniciativas que proponen no son particularmente interesantes. Esta inversión puede ser socialmente valiosa solo si se cuenta con proyectos más ambiciosos y de mejor calidad, similares a los de países como Singapur o Finlandia.


A la vez, la selección profesional de directores que ha estado desarrollándose en los dos últimos años tiene que ser acompañada por una mayor autonomía de estos profesionales en sus cargos. Reformas Legales recientes fueron un avance, pero aún sorprende la poca injerencia que en la educación Estatal tienen estos directores para seleccionar y evaluar a sus equipos docentes. Los dos últimos Gobiernos han enviado proyectos para modificar la institucionalidad de la educación Estatal. Ninguno ha avanzado. Es hora de resolver esta situación.


La educación secundaria es el área con mayor déficit relativo de recursos, especialmente en la educación técnico-profesional, a la que asiste el 44% de nuestros jóvenes, con una vulnerabilidad superior al promedio. El actual Gobierno es el que más énfasis ha puesto en esta modalidad, pero se requiere fortalecer su conexión con el mundo de la empresa y asegurar mejor su calidad. Las remuneraciones de los docentes de la educación secundaria son tal vez las más rezagadas y deben comenzar a subir, pero contra desempeño en la sala de clases.


En educación superior, la principal tarea es crear y consolidar un sistema creíble de acreditación de la calidad, que reconozca la heterogeneidad de las instituciones, pero al mismo tiempo asegure que ellas cumplen con los estándares para la misión que se han fijado. Esto debe acompañarse de un financiamiento apropiado de los estudiantes con mérito, que combine becas y préstamos.


La gratuidad no debe ser una prioridad, porque si los créditos son vinculados al ingreso y se extinguen tras un plazo razonable, se protege a los estudiantes de un endeudamiento excesivo y se liberan recursos para prioridades más urgentes. Por cierto, hay que crear incentivos para que las instituciones de educación superior ofrezcan programas pertinentes, y no como en la actualidad, en que varios de ellos están lejos de ser una inversión atractiva para los jóvenes o el Estado. Estos incentivos deben ser acompañados con una muy buena información para los estudiantes y sus familias, que elimine las asimetrías respecto de criterios básicos con los que se evalúan esos programas.


Requisitos para candidatura Presidencial.


La elección Presidencial del 17 de noviembre tendrá el mayor número de candidatos en la historia de Chile. En las cinco elecciones Presidenciales que se han realizado en Chile desde 1989, el número de candidatos ha fluctuado entre tres (1989) y seis (1993 y 1999). En la historia de las elecciones realizadas entre 1932 y 1970, sólo dos veces hubo cinco candidatos. Esta vez, serán 9 en la papeleta.


Si bien a primera vista el aumento de las opciones enriquece la democracia y atrae a votantes más escépticos de las grandes coaliciones, es necesario repensar las consecuencias para el debate de esta alta fragmentación de las opciones Presidenciales. Tras dos debates Presidenciales y ad portas de otros dos, la semana que viene, queda de manifiesto que el alto número de candidatos a La Moneda entorpece la discusión de ideas.


Los nueve postulantes se ven forzados a diferenciarse, no a través de propuestas, sino que en base a caricaturizar a los oponentes más cercanos. Eso ha derivado en una campaña electoral que ha tenido dos sellos: los fuertes ataques personales entre los candidatos y el poco debate programático, al punto que varios de los candidatos aún no entregan programa de Gobierno, a 20 días de la elección.


Empiezan, en este escenario, a surgir voces que piden subir las barreras de entrada para ser candidato Presidencial. Otros, por el contrario, estiman que el mecanismo de la segunda vuelta permite al país tener más opciones en la primera elección -respetando así a las minorías y movimientos políticos incipientes- y a la vez, debate posterior entre las opciones con posibilidades reales de llegar a La Moneda.


Requisitos a repensar. En Chile, los requisitos para acceder a la Presidencia están en la Constitución. Según ésta, se establece que para ser Presidente de la República se debe ser chileno, tener (como mínimo) 35 años de edad y ser ciudadano con derecho a sufragio. Si el candidato pertenece a un partido político o lista de partidos, basta con que la misma colectividad lo inscriba como abanderado. El candidato debe estar afiliado al correspondiente partido desde a lo menos dos meses antes de la fecha de cierre de inscripción de candidaturas y no haber sido afiliado de otro partido dentro de los nueve meses anteriores a dicha fecha. Si el candidato es independiente, no puede haber pertenecido a un partido por lo menos dos meses antes del cierre de inscripción de candidaturas, y contar con el patrocinio ciudadano (firmas) de por lo menos el 0,5% de los votantes de la última elección para Diputados.


En estas elecciones 2013, sólo uno de los candidatos no reunió las firmas exigidas (Gustavo Ruz, del Movimiento por la Asamblea Constituyente), que en esta oportunidad eran poco más de 36 mil. En tanto, Franco Parisi y Tomás Jocelyn-Holt acreditaron sus candidaturas con 44.693 firmas y 38.558, respectivamente, y fueron ratificados como candidatos por el Servel.


No hay en la Ley exigencias adicionales que descarten a candidatos con juicios pendientes, como las que han salido al tapete en las últimas semanas a raíz de las acusaciones que pesan sobre Franco Parisi por no pago de cotizaciones en una escuela particular subvencionada en la que participaba junto a su hermano.


Más que sumar requisitos, al parecer hoy las condiciones están para que se presenten candidatos con poco apoyo, que saben que no tienen posibilidades hoy, pero esperan darse a conocer para futuras elecciones o pavimentar carreras de diferente tipo. ¿Qué lecciones se pueden extraer de una elección altamente fragmentada y donde ha primado la pequeñez por sobre la discusión de las grandes visiones de país? Primero, repensar que la franja televisiva Presidencial entregue a todos los postulantes mismo tiempo; segundo, revisar la devolución de dinero por voto, lo que para los candidatos chicos supone entrar en la arena política con casi nulo riesgo para sus finanzas. A esto se podría sumar el abrir una discusión sobre la escasa calidad de debates tan masivos y organizarse para que se debata por grupos.


Franja debilitada. Un ejemplo concreto de la pobreza del debate que genera el alto número de candidatos se observa claramente en la franja televisiva, que por Ley establece igual tiempo a todos los candidatos Presidenciales. Esta instancia de difusión (que va dos veces al día y se alterna entre candidatos Presidenciales, Parlamentarios y ahora Cores) para la campaña 2013, supone que cada uno tenga poco más de 130 segundos. Este breve tiempo impide a los Presidenciables desarrollar su visión de país y sus propuestas más concretas. Al final, más que ideas y posturas, lo que se valora son las imágenes o las estrategias de marketing, que deberían más bien ser apoyo a la difusión de ideas.


La situación ha llevado a algunos a plantear que se debe aplicar un mecanismo de división del tiempo similar a la franja Parlamentaria, donde se consideran los votos del partido o coalición en las últimas elecciones disponibles.


Pago por voto con umbral. Según la Legislación vigente, el Estado devuelve a los candidatos un monto de dinero por cada voto recibido contra las facturas de gasto en campaña. Esto supone que en el caso de Presidenciables de pocos votos y con campañas baratas, se corre poco riesgo financiero, lo que hace atractivo embarcarse en una carrera Presidencial testimonial. Una alternativa a explorar, pero que tiene ciertos costos en términos de dinamismo democrático que no deben desestimarse, es modificar la Ley de financiamiento público de la política para que ponga un umbral a partir del cual se pagarán los votos. Así, sólo aquellos candidatos con porcentajes relevantes de votación esperada presentarán su candidatura.


¿Debates de a 9? En el actual escenario electoral, con una contendora ex Presidente que lidera cómodamente las encuestas, los incentivos de esa candidatura son subir a todos los candidatos al debate para mantener en segundo plano a las alternativas que le siguen. En ese escenario, los debates de esta semana y la que viene serán entre los 9 candidatos. Para el ciudadano es difícil procesar en esta información fragmentada y de tantas fuentes.


Chile ha avanzado en la calidad de su democracia aceleradamente en los últimos años, pero ahora toca ir afinando las fórmulas a los desafíos que pone la realidad.


TV digital: una ley que nos devuelve al pasado.


Tras cinco años de ardua tramitación, en los que se introdujeron diversos cambios al cuerpo Legal, el Congreso despachó recientemente el proyecto de Ley de televisión digital terrestre. Esto constituye una buena noticia, pues beneficiará a la teleaudiencia al introducir tecnología de punta que permitirá ampliar la oferta de contenidos y mejorar la calidad de imagen de los mismos. Sin embargo, es lamentable que una iniciativa que debía constituir el peldaño para la instalación en Chile del moderno formato digital insista en incluir restricciones y definiciones propias de una época pasada. Al entregarle al Estado amplias prerrogativas en una serie de ámbitos, el proyecto aprobado no respeta adecuadamente la libertad de expresión, el pluralismo en la difusión de ideas y la autonomía editorial de los medios de comunicación.


En un comienzo, el proyecto estuvo orientado a establecer los requisitos técnicos para migrar desde la televisión análoga a la digital. Sin embargo, con el tiempo la iniciativa fue incorporando materias que regulan aspectos de contenido y el tratamiento que hacen de éstos los concesionarios y permisionarios (operadores de cable) de televisión. Por ello, es una lástima que el Gobierno no haya usado su poder de veto y que el destino de los aspectos más polémicos de la Ley se jueguen ahora al todo o nada en el Tribunal Constitucional, ante el cual un grupo de Diputados de la UDI ha presentado un requerimiento.


La norma incorpora disposiciones que deberían ser declaradas inadmisibles por el TC. Una de ellas se refiere al concepto de pluralismo, que define de manera poco precisa, obligando a los canales a “promover en los contenidos entregados la observancia de esos principios” y otorgando al Consejo Nacional de Televisión (CNTV) la facultad para sancionar a aquellos que no cumplan esta exigencia. Este precepto modifica la regla del “correcto funcionamiento” que rige actualmente a la televisión, y arriesga permitir una intromisión indebida del Estado en la determinación de los contenidos que se transmiten, al dejar a discrecionalidad del CNTV qué es pluralista y qué no. La prerrogativa se puede prestar para lesionar la libertad de expresión y la autonomía de los medios.


La obligación que se les impone a las estaciones de TV de difundir campañas Estatales de interés o utilidad pública que serán definidas por el Gobierno en conjunto con el CNTV, sin posibilidad de oponerse o de realizar una campaña alternativa, también es una discriminación arbitraria que abre la puerta a la transmisión de propaganda del Ejecutivo de turno. La experiencia de otros países de la región debe resultar aleccionadora: allí donde los Gobiernos son capaces de utilizar a los medios a través de mecanismos Legales que pasan a llevar las garantías básicas, baja la calidad del debate y la democracia subsiste bajo amenaza. Otra disposición a considerar es la que entrega a TVN una segunda concesión con medios propios, privilegio vedado para el resto de los titulares de una concesión y que establece una diferencia sin fundamento. Finalmente, el que los permisionarios deban difundir en su grilla programática a lo menos cuatro canales Regionales o comunitarios de la localidad donde operan afecta el precepto Constitucional de libre iniciativa económica. Sobre estos reparos se deberá pronunciar el TC en un plazo máximo de un mes. Cabe esperar que tenga en consideración estos cuestionamientos.


Correspondencia para meditar.


Señor Director:


Jaime Guzmán, mi hermano asesinado.


A propósito de la cobertura mediática que hace algunos días tuvo el estreno de una película centrada en la vida personal y política de mi hermano asesinado, quisiera a través de su medio manifestar a nombre de mi familia nuestra más profunda desazón por la falsificación que se hace tanto de su vida personal como de la gratuita descalificación moral que recibe su actuar político.


Aun cuando toda manifestación artística merece ser respetada y analizada en su mérito, no es justificable para una familia tener que guardar silencio frente a una obra cuyo único hilo conductor es la interpretación caricaturizada e interesada de su vida y obra.


Valoramos todo análisis político de nuestra historia reciente que se base en la realidad de los hechos, que tenga un mínimo de rigor histórico y que, por sobre todas las cosas, sea útil y constructivo en nuestro proceso de reconciliación y reencuentro como nación. La trayectoria pública y privada de mi hermano estará siempre abierta a quien quiera escrutarla de buena fe y con la necesaria altura de miras, alejada de las consignas interesadas que tanto mal nos han hecho en el pasado.


No nos queda más que manifestar nuestro profundo rechazo al uso comercial que se ha intentado hacer con el patrimonio más valorado que tenemos las personas: nuestra familia y nuestra historia familiar.


M. Isabel Guzmán Errázuriz.


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Marcha Soldados del 73, con imágenes

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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