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miércoles, 17 de abril de 2013

Revisión de lo más importante de Chile y el mundo...

video



Video revela negocios oscuros vinculados 
a Néstor Kirchner El ex Presidente 
trasandino habría sacado del país 55
 millones de euros. Filmación fue realizada
 por el periodista Jorge Lanata.




La compañía aérea estadounidense American Airlines dijo que ha logrado arreglar el problema del sistema de reservas que ha interrumpido los viajes de miles de pasajeros cuyos vuelos han sido retrasados o cancelados.


 Perturbadora imagen de opositores al chavismo baleados  por chavistas  en Maturín, capital del estado Monagas en Venezuela. Los caídos, desarmados, prácticamente fueron fusilados.


 Ejercito venezolano recibió órdenes del Ejecutivo de quemar todos los votos utilizados en las fraudulentas elecciones del domingo para evitar la auditoría exigida por Capriles y recomendada por organismos internacionales.







Suspendido Velásquez.
Una buena noticia nos parece la suspención decretada, además de una multa del 12% de su sueldo mensual, por la Comisión de ética de la Cámara de Diputados hasta que aclare su condena por fraude al Fisco y pague a la Municipalidad de Coquimbo, de la que fue Alcalde,  con la que mantiene una deuda que esciende a los 286 millones de pesos.



Una oportunidad para prestigiar al Parlamento.
El Senado tiene hoy la posibilidad de prestigiar a la actividad pública y recuperar algo del prestigio que ha perdido la corporación rechazando la injusta e inmoral acusación con la que se quiere destituir al Ministro de Educación, Harald Beyer, que ha sido el único Secretario de Estado en esa cartera que se ha preocupado de aplicar la Ley y ha tomado medidas para mejorar la calidad de la educación pública.



Beyer: Simpatía republicana,
por Leonídas Montes.




Hace 500 años, el gran Niccolò Maquiavelo escribió su provocativo e influyente El Príncipe. El humanista florentino, en su histórico y fundamental opúsculo, develó la verdadera naturaleza de la política. Adelantándose en unos doscientos cincuenta años a David Hume, distinguió entre lo que debería ser y lo que es. Y para sustentar esta diferencia epistemológica utilizó, ni más ni menos, que a la idealizada política. La realidad de la política, nos hizo ver Maquiavelo, suele ser distinta a lo que quisiéramos. Lo que debería ser en política generalmente no coincide con la verità effetuale della cosa, con lo que realmente es. En cierto sentido, la práctica política —mantener o incrementar el poder— parece ser amoral. Por eso, Maquiavelo recomienda que quien quiera entrar a la política “debe aprender a ser no bueno”. El padre de la ciencia política moderna, si bien fue un republicano en vida y obra, no eludió esta dura realidad.


Y si nos atenemos a su cruda y realista concepción de la naturaleza humana, el gran Maquiavelo también es un precursor de la racionalidad económica y del public choice. Pero en economía existen importantes avances que demuestran que la racionalidad económica no es tan fría como parece. Algunos experimentos y la influencia de la evolución han demostrado que existe cooperación. O mejor dicho, que existe cierta predisposición al altruismo. Como ya había planteado el padre de la economía, Adam Smith, existe un principio en la naturaleza humana que nos lleva a celebrar y valorar el bienestar del otro, aunque esto no nos reporte beneficio alguno. Es su concepto de simpatía, que debe ser entendido como una especie de “empatía deliberativa”. Esto es, los seres humanos nos ponemos en los zapatos del otro, sentimos con él, pero también intentamos entender dónde y cómo pisan sus zapatos. Podemos sentir con los demás, pero sólo aprobamos las acciones cuando éstas obedecen a razones y circunstancias que podemos justificar éticamente. Dicho de otra forma, los sentimientos se mezclan con la razón.


Pero también existe otra cara de la realidad humana más simple, pero menos amable. Cuando dos equipos de fútbol se enfrentan en un partido importante, evidentemente ambos quieren ganar. Y si un jugador o un equipo comienzan a jugar sucio, el partido se pone más agresivo. Aumentan las tarjetas y el nivel del juego empeora. Lo mismo sucede con la corrupción, ya sea a nivel público y privado. Esta se expande como un cáncer social y perjudica a la comunidad. Posiblemente nuestros instintos de supervivencia atávicos a veces nos llevan a jugar sucio, aunque esto finalmente perjudique el bien de todos. Este fenómeno también se da en la política.


El caso de Harald Beyer, cuya acusación se comienza a discutir hoy en el Senado, tiene algo de todo esto. Y es importante por lo mismo. Aunque Beyer ha recibido una simpatía transversal que cualquier político soñaría, quizá es demasiado bueno. Nadie, en su sano juicio, duda de su capacidad y preparación para el cargo. Y si bien los Senadores saben que su voto es en conciencia, al parecer esa conciencia será política, independiente de la idoneidad y dignidad de la persona. Beyer podría ser sólo otra víctima del juego político sucio.


Esta acusación Constitucional a ratos se asemeja a un reality show. Sólo recuerde los rostros enardecidos de varios honorables celebrando la victoria. Andrade incluso llegó a decir “hay olor a funeral aquí, ya matamos a uno”. Es cierto, puede ser un brutal triunfo político para algunos. Pero tendrá un lamentable costo republicano. Efectivamente, lo triste es que las personas con cierto espíritu republicano consultadas por este tema inevitablemente se encogen de hombros y susurran, resignados, “así es la política”. Esta impotencia poco a poco corroe el espíritu republicano y ahuyenta a cientos de jóvenes interesados en el servicio público. Y así se exalta la ley del más fuerte, del juego sucio y la farandulización en la política.


Muy posiblemente, mañana (hoy)  primará esa ansiedad de poder que hoy domina y une a la oposición. Maquiavelo, un republicano realista, temía la corruzione. El esperado resultado adverso será sólo otra señal de corrupción republicana que suma al desprestigio de la política. Por todo esto, es posible que Harald Beyer pase a la historia como un mártir republicano. De ser así, ojalá no sea también el último de los republicanos.



Ganar en la coalición... ¡y perder en el país!,
por Genaro Arriagada.



Al observar la política chilena del último año (o más), es notorio el esfuerzo de varios grupos opositores por copar el espacio de la Concertación, luego destruirla y fundar en ese terreno una alianza distinta cuya orientación ideológica también parece clara.


Esos sectores parten por declarar muerta a la Concertación y desconocer sus realizaciones y legado. Nada importa que bajo sus cuatro gobiernos el ingreso per cápita del país se haya triplicado y la pobreza reducido a un tercio. Tampoco el liderazgo alcanzado por Chile en todos los índices que miden el progreso de las naciones: el de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas; el de Transparency International en corrupción; el de libertad económica de la Heritage Foundation; el de calidad de la democracia, de Freedom House; el de la Fundación Konrad Adenauer; en la calidad del Estado, el del Banco Mundial y el de la Bertelsmann Stiftung; y tantos otros, que sería largo mencionar.


La Concertación, su obra, su historia, queda así abandonada, a merced de la crítica de la derecha -lo que es comprensible- y, a la vez, negada por dirigentes de los propios partidos que la componen, lo que, además de una injusticia, es una estupidez.


Decretada su muerte, se propone su reemplazo por una coalición que integra el Partido Comunista, una de las entidades más ortodoxas entre las colectividades de ese carácter que aún sobreviven en el mundo. Se intenta agregar el PRO, de Enríquez-Ominami, e incluso sumar otras entidades que históricamente se han ubicado a la izquierda de la Concertación, y obviamente esto conduce a un balance donde la DC juega un rol mucho menor.


Pero no solo es un cambio orgánico, sino también programático. Algunas de las fuerzas que impulsan esta nueva coalición se inscriben en una tendencia antipartidos que intenta sustituir la influencia de estas organizaciones en favor de una participación ciudadana que no se precisa. Otros sitúan en el corazón de esta propuesta temas que definen como la "agenda valórica", que son muy legítimos -entre otros, aborto terapéutico, protección e igualdad de los derechos de las minorías sexuales-, pero que expuestos en sus versiones más radicales llevan a una confrontación con sectores progresistas del vasto mundo cristiano.


Frente a la necesidad de una reforma de la Constitución, que parece necesaria y razonable, se evita discutir lo esencial, que es el contenido de esas reformas, para reducirlo al reclamo de una Asamblea Constituyente que, carente de la definición anterior, resulta así una suerte de salto al vacío. El listado de estas propuestas es bastante más extenso.


No cabe duda de que este giro orgánico y programático importa abandonar el centro y no tener cuidado por un eventual desplazamiento de decenas de miles de votos, que hoy se ubican en la periferia de la Concertación hacia una candidatura de derecha.


La razón de esta arrogancia es un triunfalismo donde el éxito electoral de Bachelet se estima asegurado por un tan amplio margen, que admite espacios para renuncias y errores. Contrariamente a esa visión, creo que el resultado de la elección presidencial va a ser estrecho. Para la oposición, un resultado favorable de 53 a 47 por ciento sería un notable éxito, pues equivaldría al doble de la ventaja que Piñera sacó a Frei (51,5 contra 48,5), o, dicho en términos de número de votos, Frei hubiera triunfado si solo 155 mil electores hubieran salido del campo de Piñera para ubicarse en el de él.


Este error, de impulsar estrategias que llevan a ganar en el propio partido para luego perder en el país, es muy frecuente. Dos ejemplos de la política norteamericana pueden servir para ilustrar este desvarío. En la derecha, el caso reciente del Tea Party, que ganó el Partido Republicano, pero perdió el centro y, con ello, el país. Años antes había sido la izquierda del Partido Demócrata, que de tanto extremar una agenda radical perdió el centro y fortaleció a una derecha cristiana que dio grandes triunfos al Partido Republicano.



Los políticos que necesitamos
por Patricio Zapata.



En mi última columna recordaba a Jacques Maritain. Lo hice con ocasión de estarse cumpliendo, en estos días, 40 años de su muerte. Anuncié, entonces, una segunda columna sobre su idea de la buena política.


Debo confesar que he estado tentado de cambiar de tema. En la medida que no existe una legión de lectores ansiosos por una secuela maritaniana, nadie echaría de menos si en su reemplazo dedicaba mejor estas líneas a comentar asuntos contingentes de evidente mayor sex appeal (p.e., la  acusación constitucional al Ministro Beyer o la campaña de las primarias).


Al final, sin embargo y en esta oportunidad, he decidido escribir sobre lo que yo considero importante y no sobre lo que se supone que los lectores esperan leer. Ya habrá ocasiones para volver a opinar de lo que todos hablan.


Maritain escribió sobre política en un tiempo de aguda crisis política. Lo hizo en unos años 30 marcados por la crisis del capitalismo y el surgimiento aparentemente imparable de los grandes totalitarismos. En los años 40, instalado en los Estados Unidos, reflexionó sobre la política  mientras la mitad del planeta se enfrascaba en una sangrienta guerra mundial.


No se le escapaba a Maritain que los problemas de entonces respondían, en buena medida, a factores estructurales y que, en ese sentido, la buena política a la que él aspiraba, suponía necesariamente una reforma profunda de las instituciones. No obstante esta comprensión, Maritain siempre abogó por un nuevo tipo de políticos, que sin esperar el acaecimiento de los grandes cambios macro, empezaran desde ya a operar con su testimonio: la transformación.


Para referirse a los políticos que necesitamos, Maritain habló de “minorías proféticas de choque” (“Carta Democrática”) o derechamente de “un nuevo estilo de santidad” (“Humanismo Integral”).


Con la expresión “minorías proféticas”, Maritain se refería a políticos que en vez de dedicarse a adular a la multitud (seguir las encuestas diríamos hoy) se atreven a plantear los caminos difíciles del sacrificio y el esfuerzo compartido. ¡Pero cuidado! Estos profetas no son iluminados autoritarios que desprecian a la plebe. Se trata de líderes que sabiendo escuchar y estando dispuestos a respetar la voz del pueblo, no confunden esas virtudes con la actitud cobarde del que nunca defiende posiciones de principios.


La idea de que en la política también se puede vivir la “santidad”, no tiene nada que ver con imponer algún tipo de integrismo talibán. Lo que Maritain rechaza es aquel siniestro sentido común moderno, tan bien explicado por Maquiavelo, de que los asuntos del mundo son, a fin de cuentas, territorio del Diablo y que, por tanto, quien esté preocupado por su alma, mejor no entre en la política.


La idea de Maritain, por el contrario, es que nuestra comunidad necesita siempre de políticos que, desde el amor al prójimo, intenten siempre sujetar sus actos a las exigencias de una moral de medios y fines y a una ética de la honestidad.



Venezuela: Una victoria con visos de derrota.



Con la votación del domingo, es difícil pensar que la "revolución bolivariana" de Venezuela dirigida por Nicolás Maduro siga el mismo camino que le imprimió Hugo Chávez. El resultado demostró que ya no es válida la percepción de que el chavismo es invencible: esta fue una victoria con visos de derrota. Casi el 50% (49,07%, antes del recuento de votos) de los venezolanos está en contra de la profundización del modelo socialista, un porcentaje mayor que el obtenido por la oposición en octubre pasado, cuando el Comandante buscaba su reelección. Aun usando todas las herramientas del amplio poder Presidencial venezolano, con todo el aparato estatal disponible para apoyar al candidato oficial, Maduro recibió 700 mil votos menos que su mentor, cifra que debería hacerlo meditar sobre el real mandato que recibió de las urnas. Ante un país partido en dos, surge la duda de si será más fuerte la capacidad aglutinadora del gobierno o la fuerza disgregadora de un chavismo que comience a pedir cuentas a Maduro.


La actual revolución socialista, a diferencia de la de los años 60 y 70, no busca el poder total por las armas, sino por los votos. Venezuela, siguiendo de cerca el modelo cubano para las transformaciones sociales -expropiaciones y nacionalizaciones, intervención del Estado en todas las áreas de la economía y de la vida privada, control de los medios de comunicación-, tomó su rumbo propio para tratar de consolidar el régimen mediante una "democracia popular plebiscitaria" en la que a través del voto permanente, dirigido por el carismático Chávez, obtuviera el poder absoluto. Estas elecciones probaron que ese modelo tuvo un éxito limitado, y que sin Chávez, la "magia" del poder popular comienza a desvanecerse.


El Gobierno de Maduro tiene desafíos económicos importantes -como el control de la inflación y la necesidad urgente de mejorar la productividad petrolera-, y también los más dramáticos en el ámbito de la seguridad y de las relaciones internacionales. Es curioso que una de sus primeras señales hacia el exterior -al margen de vociferantes declaraciones sobre integración y solidaridad latinoamericana- la enviara Maduro a Washington mediante el fogueado político demócrata Bill Richardson, a quien aseguró que quiere regularizar las relaciones Diplomáticas, que hace años están a nivel de Agregado Comercial. EE.UU. sigue siendo el principal cliente del petróleo venezolano, al cual China aún no desplaza, y además su proveedor de bencina, ya que después del incendio en la mayor refinería venezolana, Pdvsa no es capaz de satisfacer la enorme demanda interna. Quizás sea un signo de que Maduro se percibe como más vulnerable.


Para la oposición se avecinan desafíos enormes y tiempos difíciles. Debe mantenerse unida hasta, al menos, las elecciones Legislativas de 2015. Será un reto para los seguidores de Capriles, pero también un deber para con los electores que confiaron en que podrían derrotar al chavismo. Pero su única opción de desplazarlo es mantener esa unidad que tan buenos resultados le dio en estas elecciones marcadas por la adversidad y la falta de solidaridad hemisférica: ni la OEA ni ningún otro organismo regional se hicieron cargo de los reparos a la abrumadora desigualdad de condiciones en una elección que se proclamaba como limpiamente democrática. Esa prescindencia de la OEA favoreció a Maduro, que pudo actuar en el proceso electoral con toda libertad. Su respaldo post factum a las peticiones de un recuento completo de los votos y el ofrecimiento de ayuda para ello fue, evidentemente, tardío e inconducente.



Otro imperativo será resistir las presiones y provocaciones del oficialismo. En su desafiante discurso de victoria, Maduro insistió en que su prioridad es la "paz, paz, paz". Sin embargo, sus reiterados llamados a defenderse del "sabotaje de la oposición" y apelaciones al "poder popular" para defenderse del "enemigo de la patria", de los supuestos "planes para violentar el país", y su amenaza de que "sabremos actuar si alguien levanta su insolente voz sobre el pueblo de Venezuela", hacen pensar que, más allá de tratar de frenar una violencia que es solo entelequia, veladamente estaba haciendo todo lo contrario.
 









 En la defensa del orden público, chileno, la presunción de inocencia corre a favor de los manifestantes e, increíblemente, el cumplimiento del deber policial es controlado por "inspectores de derechos humanos"...




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Marcha Soldados del 73, con imágenes

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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