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sábado, 27 de abril de 2013

MEDITACIONES PARA EL FIN DE SEMANA...


El Presidente Sebastián Piñera  junto a los Mandatarios de México, Enrique Peña Nieto, y de Colombia, Juan Manuel Santos, recorrió la feria de artesanías instalada en Puerto Príncipe, Haití, en el marco de la V Cumbre de Estados del Caribe.

El Ministro de Hacienda, Felipe Larraín, señaló que expresaron a Codelco la necesidad controlar  los costos de producción de cobre ante la baja del metal rojo.

Incautan  documentación y equipos computacionales en dependencias del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) por presuntas irregularidades en la realización del Censo 2012. Renunció el Director Nacional Francisco Javier Labbé.

Augusto Pinochet Molina será candidato a Diputado por el Distrito 44 (Concepción, Chiguayante, San Pedro de la Paz) planteándo que  "La idea es plantear una nueva opción; una derecha más derecha, sin ninguna vergüenza de lo que somos”.


Política y conflicto,
por Agustín Squella.


Vivir en sociedad es hacerlo en relaciones de intercambio, de colaboración, de solidaridad, y también de conflicto. En toda sociedad hay siempre, inevitablemente, relaciones de esos cuatro tipos. Solo si la sociedad se reduce a mercado podría considerarse que todo lo que se produce entre las personas son relaciones de intercambio (te doy para que me des, como en una compraventa cualquiera), y solo una visión angelical de ella afirmaría que lo que existe son únicamente vínculos de colaboración (cooperamos para un objetivo común, que es lo que ocurre, por ejemplo, en una sala de clases) y de solidaridad (nos asistimos unos a otros, especialmente a quienes se encuentran en situación de desventaja, que es lo que pasaría, por ejemplo, si parte de las cotizaciones previsionales de los más ricos fueran a un fondo que permitiera mejorar las pensiones de los más pobres). Por su lado, la idea también unilateral de la sociedad como campo de batalla en el que a cada instante se enfrentan intereses contrapuestos de individuos y de grupos, conduce a la creencia de que lo característico de la vida en común es el conflicto.


Si la sociedad como un todo no puede ser reducida a ninguno de esos cuatro tipos de relaciones, la política, como una de las tantas actividades que se desarrollan en ella, tiene que ver en mayor medida con el conflicto. La política es lucha por el poder -por conseguirlo, por ejercerlo, por incrementarlo y por conservarlo- y es ingenuo esperar que ella no muestre la enojosa cara del conflicto. Así, y al revés de la frase de Clausewitz, la política es continuación de la guerra por otros medios -pacíficos, se entiende-, ha sido un progreso en la historia de la humanidad que el voto haya sustituido al tiro de gracia del vencedor sobre el vencido y que las decisiones colectivas se adopten sin derramamiento de sangre e incluso sin excluir al vencido de las deliberaciones y votaciones que, por ejemplo, tienen lugar en un Parlamento.


En síntesis: vivir en sociedad es hacerlo también en relaciones de conflicto, de manera que este, lejos de ser una patología, resulta inseparable de la vida en común, y todo lo más que se puede hacer frente al conflicto no es eliminarlo, sino establecer instancias y procedimientos que permitan darle un curso y una solución, pronta, eficaz y pacífica. Más inseparable aún es el conflicto de la política, dado que lo que se encuentra en juego es el poder. Lo malo, sin embargo, incluso tratándose de la política, es el conflicto a cualquier precio, que es lo que tuvimos en Chile a inicios de la década de los 70 del pasado siglo.


No hay signos de que estemos de nuevo en la idea del conflicto a cualquier precio, pero sí de que la lógica conveniente para una política democrática -partidario/adversario- se está debilitando a favor de la dialéctica guerrera amigo/enemigo. Es probable que la causa de ese hecho se encuentre en que estamos viviendo un año de elecciones, pero no todo acaba allí. Cualquiera advierte un encono demasiado encendido, por momentos hasta vulgar, en el que predominan el recelo, la descalificación e incluso el desprecio por quienes piensan de manera diferente. Las fuerzas políticas en el Gobierno se comportan como si siempre fueran a estar en él y las de oposición como si tal constituyera el papel de su vida, en circunstancias de que el que hoy Gobierna bien puede ser mañana oposición y que esta, a su vez, podría en el futuro alcanzar el Gobierno. Por tanto, el que Gobierna no debe hacer a la oposición lo que no querría que esta le hiciera mañana desde el Gobierno, mientras que la oposición no debería hacer al Gobierno lo que no querría que las fuerzas políticas hoy en él le hicieran mañana cuando sean oposición.


¿Será mucho pedir que en lo que resta de año el Gobierno se comporte pensando en que quizás mañana será oposición y que esta lo haga considerando que en el futuro próximo podría ser Gobierno?


La desconfianza,
por Jorge Edwards.


El debate académico, el de los filósofos, los ensayistas, los historiadores, se ventila todavía en la prensa. Se dedican muchas páginas al fútbol, a la farándula, a la vida privada de los personajes públicos, pero la discusión de ideas, la reinterpretación, la lectura crítica, conservan su espacio, a pesar de todo. Mientras esto ocurra, la conciencia europea podrá seguir respirando. Leo una cita de Robespierre en el texto de una historiadora actual de la Revolución Francesa. “Frente al sentimiento íntimo de la libertad, escribía Robespierre, la desconfianza juega el mismo papel que los celos en el amor”. La desconfianza, que pide cuentas, que exige transparencia, que ejerce una vigilancia constante, sería, por lo tanto, una virtud republicana. Pero el nombre de Robespierre, claro está, el tirano del nuevo orden, el vigía de la pureza revolucionaria, nos desanima. Es, con diferencias de matices, el antepasado más directo de José Stalin. Es un excesivo, un primer extremista, un hombre de la familia mental del Padre de los Pueblos. Y no hemos salido por completo, al menos en los debates de ahora, de la alternativa entre la guillotina, el paredón, o la blandura socialdemócrata, las concesiones, el posibilismo, los poderes negociados. “No conozco más que dos partidos, alegaba Robespierre, el de los buenos y el de los malos ciudadanos”. La oposición, en resumen, no debe ser tolerada; la oposición al Gobierno progresista está formada por el partido de los malos, por lacras sociales. Ahora bien, cuando estas ideas mantienen una vigencia intelectual en Europa, cuando pueden discutirse en las aulas o en columnas de prensa, corren el riesgo de ser tomadas al pie de la letra en América Latina. Allí hay gente simple, pero astuta, infinitamente ambiciosa, que se aprovecha sin escrúpulos de ideas europeas complejas y que en definitiva no entiende.


En Chile, en debates Constitucionales de apariencia técnica, de supuesta seriedad jurídica, somos capaces de llegar a conclusiones que de serias tienen bastante poco. Y la desigualdad de fortunas sirve de justificación para casi todo. Entro en una nueva página de ensayismo dominical de París. Si la pobreza no es un crimen, como se sostenía en la campaña publicitaria de una institución benéfica, la riqueza, afirma el autor de un ensayo de estos días, el señor Pascal Bruckner, tampoco lo es. Y agrega que vivimos en un momento de refundación del capitalismo después de la etapa de Thatcher y Reagan. Sólo los capitalistas son capaces de matar el capitalismo, declaró en una oportunidad el Alcalde Félix Rohatyn de Nueva York. Y quizá, también, de salvarlo de sus propios excesos, de su voracidad autodestructiva.


La riqueza personal, por grande que sea, puede tener una justificación: crear más riqueza, difundir la cultura, contribuir a enriquecer la mente humana. ¿Pura utopía? Conocemos la diferencia entre los nuevos ricos y los ricos tradicionales. ¿Podemos defender en alguna forma la riqueza, la nueva y la vieja, o son indefendibles? Y en este último caso, ¿pueden crecer las sociedades humanas sin que se produzcan desigualdades cada vez mayores?


Maximiliano Robespierre creyó, finalmente, en la ruptura con el antiguo régimen, en el temible Comité de Salud Pública y en la guillotina. Stalin llegó a conclusiones parecidas. Los principales enemigos de aquellos personajes son las políticas de progresos graduales, de reformas aceptables. En períodos de crisis, de reajustes inevitables, la crítica se hace general. Pronto llegamos al invierno de nuestro descontento, para citar a Shakespeare. Ahora se discute en Francia sobre la próxima gran figura histórica que debería ingresar al Panteón de los Hombres Ilustres. ¿Cuáles serán los nombres de los “panteonizables” para la Presidencia de Hollande, se preguntan algunos? Y se habla, entre otros, de Diderot y de Jules Michelet. Aunque quizá no tenga derecho a hacerlo, me permito esbozar una opinión personal. Me parece que la palabra de Denis Diderot es civilizada, acogedora, transformadora, pacífica. Su crítica del pasado es convincente, más contundente que ninguna otra, y a la vez humana, en último término conciliadora. Michelet, escritor de genio, prosista insuperable, que a veces parece inspirado por voces superiores, como una Juana de Arco de la historia, incurre, sin embargo, en desconfianzas difíciles de tolerar. Admira a Montaigne, por ejemplo, porque no se puede dejar de admirar su escritura, pero desconfía de su posición política, de su visión de los sucesos contemporáneos, de sus bienes personales. Participa de la desconfianza que Robespierre había elevado a la condición de virtud cívica. Diderot, en cambio, el impagable autor de La religiosa, es capaz de describir con gracia, con humor, con belleza verbal, la diferencia entre un asado aristocrático, en un claro de bosque, entre caballeros cazadores, y la olla democrática, doméstica y modesta, de familia, donde todos los ingredientes entran y contribuyen al sabor final, popular. Me divierto con la prosa brillante de Jules Michelet, adquiero sabiduría en las páginas inimitables de Michel de Montaigne, el Señor de la Montaña, como lo llamaba Quevedo, y voto, aunque no tenga derecho a voto, por Diderot, el amable, el ingenioso, el precursor de la modernidad, para todos los panteones de este mundo.


Fin al lucro,
por Rolf Lüders.

Hay políticos de izquierda y centro insuperables para inventar eslóganes y para luego lograr que la población los haga suyos. Sucedió hace años, primero con los momios, luego con la alegría, y se repite ahora con el fin al lucro. Al cambiar el verdadero sentido de la palabra lucro, cargarla de emoción y darle un significado peyorativo, se está atacando comunicacionalmente y en forma muy efectiva a la vena yugular de nuestro modelo.


El lucro es definido como la ganancia, beneficio, utilidad, logro o provecho que se consigue en un asunto o negocio. Punto. De acuerdo con esta definición y en estricto rigor, tal logro no tiene por qué ser monetario, como sucede de hecho en el caso de algunas organizaciones cooperativas, universidades, colegios y fundaciones, sin perjuicio de que en nuestra legislación generalmente lo sea. Sin embargo, algunos están logrando cambiar radicalmente su sentido y el lucro está pasando a ser en Chile una expresión casi grosera, sinónimo de ganancias excesivas, de usura y de abuso.


El fin de las organizaciones es producir bienes y servicios, incentivados por las ganancias o logros a obtener, sujetas a las restricciones imperantes. Reconociendo el poder de los incentivos mencionados, materiales o no, en las modernas economías sociales de mercado y particularmente en la chilena, el Estado vela por maximizar la competencia, para asegurar así que las organizaciones cumplan sus objetivos sociales, al mismo tiempo que las ganancias, de ser materiales, sean normales. Si no es posible generar competencia, las autoridades recurren a otros medios de regulación     -tales  como fijaciones de precios, licitaciones, etc.- para lograr los mismos objetivos.


Así, el lucro o la ganancia -entendida en su verdadero significado y legitimada principalmente por la competencia- es en el modelo chileno el instrumento que  incentiva la creación de nuevas organizaciones, incluyendo aquellas del área social.  Además, fomenta la  innovación y permite asignar en forma descentralizada y en principio óptima, los recursos de que dispone el país. Más importante, posibilita tener un sistema en que cada ciudadano pueda realizar su proyecto personal en un ambiente de plena libertad, cosa que a menudo -desafortunadamente- sólo valoramos cuando el entorno nos lo impide. Estos proyectos no tienen por qué privilegiar lo material, como tampoco lo tienen que hacer las organizaciones en que se realizan.


La grave tergiversación del concepto del lucro en Chile es obra de unos pocos que pretenden modificar radicalmente nuestro modelo. Para ello aprovecharon hábilmente algunos lamentables abusos de connotación pública. Estos y otros que existen o puedan surgir, se pueden y deben evitar a futuro, pero jamás se debe perder de vista que son nimios, comparados con aquellos que se producen a diario bajo regímenes totalitarios. Por esto, los que apreciamos los beneficios en una democracia representativa y de una economía social de mercado que la sustenta, debemos hacer, cada uno en su ámbito, un especial esfuerzo -que no será trivial- para volver a darle al lucro su verdadero sentido, que no tiene absolutamente nada que ver con ganancias excesivas, usura o abuso.


Disposición de la DC ante los comunistas.


El Secretario General de la DC informó hace pocos días que su partido está dispuesto a otorgar las facilidades para que Camila Vallejo reciba una plaza protegida de candidata en el Distrito de La Florida. Para ello, la DC se abstendría de presentar candidato y estaría dispuesta a allanar las dificultades para asegurar la elección de la joven comunista. No ha demostrado una disposición tan amplia el Partido Socialista, cuyo cupo es a fin de cuentas el que ha quedado disponible por la candidatura del Diputado Carlos Montes al Senado, y su Presidente ha dicho que mientras no esté completa la lista de candidatos a los 60 Distritos no se puede asegurar que el cupo le haya sido otorgado a los comunistas.


A esto se suma que la DC también se abrió a ceder un cupo a los comunistas en el Distrito de Maipú-Estación Central, donde el PC respalda a Camilo Ballesteros, Presidente de la Feusach entre 2010 y 2011, miembro de la mesa ejecutiva de la Confech e importante figura en la movilización estudiantil de 2011.


En esta situación se está utilizando el sistema binominal -tan criticado por la Concertación- para asegurar la elección de figuras determinadas. No parecería fácil un acuerdo que incluya a agrupaciones tan disímiles como la DC y el PC para alcanzar un pacto que dé seguridad de la elección de una persona. Pero la DC, al parecer, se ve inclinada en un compromiso semejante, a cambio de nada más allá de un prometido apoyo comunista a ciertos candidatos suyos, pese a que sus ideas no son muy similares a las del PC. Como para que no quedara duda alguna a este último respecto, el propio Presidente comunista se encargó de hacer ver que fue él personalmente quien autorizó la operación de emboscada a la comitiva Presidencial en 1986, que costó la vida de cinco escoltas del Presidente Pinochet. Esto retrotrae a los años previos al plebiscito, y recuerda cómo la estrategia comunista fue tan discrepante de la de la Concertación. Y aun entregado ya el mando por los militares, el brazo armado del PC continuó empleando todos los medios de lucha, y así fue como resultó asesinado el Senador Jaime Guzmán.


Tales discrepancias existieron en el pasado, pero las del presente y las que se esperan para el futuro no son menores. Mientras los comunistas celebran la dictadura de los hermanos Castro en Cuba, la DC acoge los reclamos de la familia Payá y ofrece su hospitalidad a su hija, tras la muerte de su padre. El PC tampoco se interesa por los derechos humanos de los cubanos ni de tantos otros que viven bajo un régimen dictatorial. Y desde luego celebra al Presidente Maduro de Venezuela, y lamenta la muerte del líder de Corea del Norte, todo lo cual, presumiblemente, le parecerá al votante DC como algo demasiado distante de su visión del humanismo cristiano.


Parece difícil hallar un signo más claro de la debilidad del centro político y la izquierdización de la Concertación que la buena disposición de la DC hacia el pacto con el PC. La encrucijada que vive esa colectividad surgida en su hora del Partido Conservador y al alero de la Iglesia Católica no puede ser más crítica: si se niega a pactar con los comunistas, corre el riesgo de romper la Concertación y quedarse fuera de un futuro Gobierno; pero si lo hace, puede tener una pérdida de votos hacia la Alianza, como ya ocurrió en la elección de 2010, o bien la abstención en esta oportunidad de numerosos votantes DC.


De allí que una figura democratacristiana representativa, como el Diputado Burgos, haya expresado que estima "preocupante que la DC anuncie omisiones en dos de los Distritos más grandes del país. Espero que la directiva tome cartas en el asunto". El cuadro en La Florida preocupa también al comando Senatorial de Soledad Alvear. "Para la DC el problema es que si no llevamos candidato ahí, la gente podría irse a la derecha", ha dicho sin rodeos el Presidente de su comité estratégico. El Presidente (s) de la DC, Alberto Undurraga, ha aclarado que "toda la negociación Parlamentaria está abierta, y mientras esta no concluya, no hay ningún Distrito cerrado".


Tensión primaria.


Esa tendencia al canibalismo político que a veces pareciera estar en el ADN del sector era una de las aprensiones que en la centroderecha generaba el mecanismo de primarias. Un temor que esta semana muchos pudieron sentir se hacía realidad con el duro enfrentamiento RN-UDI por el caso Cencosud. Porque aunque es legítimo y hasta conveniente discutir el tema de fondo —el desempeño en el sector privado de uno de los candidatos—, el tono adquirido por el debate, de franco conflicto, contrasta radicalmente con los términos (a veces incluso plácidos) en que se está dando la campaña de primarias opositora: una comparación que poco ayuda a la imagen de una Alianza que intenta proyectarse como opción con reales posibilidades de seguir en el Gobierno.


¿Blanco fácil? Era hasta cierto punto predecible que en algún momento Laurence Golborne enfrentaría cuestionamientos por sus actuaciones en el mundo empresarial. Resulta obvio que la trayectoria de quien postula a la Presidencia sea objeto de riguroso escrutinio y que ello dé pie a controversias. Así lo vivió en su momento el Presidente Piñera, y en verdad reclamar claridad y asumir lo obrado en el pasado no es distinto de lo que la misma Alianza demanda a Michelle Bachelet respecto de su primer gobierno. En el caso de Golborne, el tema posee un flanco complejo. Su posicionamiento político se ha vinculado directamente a la capacidad de empatizar con el chileno común y sus problemas, presentándose él mismo como un hijo de la clase media, pero esa identificación resulta amenazada si su nombre es asociado a prácticas del retail declaradas abusivas por los tribunales. Luego de las polémicas por conflictos de interés en este gobierno y de la expansión de la desconfianza ciudadana tras casos como La Polar, la sensibilidad pública en tales materias es extrema y poco dada a los matices. Por ello, este episodio y la forma en que logre salir de él pueden marcar un punto de inflexión para la opción del candidato de la UDI, una prueba de fuego en un momento ya difícil, cuando cunde el derrotismo en la derecha y en el propio gremialismo algunos miran con distancia a su abanderado.


El doble o nada de Allamand. Ese análisis no debe haber estado ausente en las consideraciones de muchos en RN, al decidir subirse al tema y criticar directamente a Golborne, ad portas del inicio oficial de la campaña de primarias. Pero la apuesta de Andrés Allamand de involucrarse él mismo los cuestionamientos —coherente con su propio planteamiento como dirigente que ha dedicado su vida a la política y que no rehúye la controversia— tiene elementos riesgosos, no sólo por subir la temperatura en la Alianza, sino también en cuanto a enajenar posibilidades de apoyo a quien —sea él o sea Golborne— emerja en 60 días más como el candidato único del sector. Si las sorpresivas declaraciones de la Ministra Matthei (señalada a menudo como una eventual Presidenciable de relevo) llamando a los candidatos a “dar la cara” respecto de su pasado pudieron hacer suponer división en la UDI, la posterior reacción de sus principales dirigentes fue la de cerrar filas en torno al ex Ministro de Obras Públicas y expresar decepción respecto de Allamand.

Con Maritain y con Marx. El ruido en la derecha ha opacado otras situaciones de estos días, como el frenético accionar de los partidos para definir plantillas Parlamentarias al acercarse un primer plazo decisivo: el de la inscripción de quienes competirán en primarias. En la Concertación ello da pie a todo tipo de alianzas y cálculos, incluidos acercamientos extraños. En esa categoría entran los gestos de la DC hacia el mismo Partido Comunista del cual la directiva del falangismo se declara tan distante como para que parte de ella dude de un eventual Gobierno en conjunto. Si bien el panorama sigue líquido y el cuadro puede variar mucho, en menos de una semana la Democracia Cristiana se ha abierto a dos concesiones significativas: entregar su cupo en La Florida a Camila Vallejo (aunque el tema no está zanjado, pues existiría preocupación por su efecto en la reelección de Soledad Alvear) y otro en Estación Central para Camilo Ballesteros. Todo eso, con explícita objeción del candidato Presidencial Orrego y mientras éste y el timonel del partido visitan a Angela Merkel y dan difíciles explicaciones en una Alemania donde la DC es sinónimo de centroderecha.


Un nombramiento conflictivo. Hasta ahora la tónica por parte de Bachelet había sido la misma: anuncios (educación gratuita, reforma tributaria) que implican un guiño a los movimientos sociales, pero dejando el aterrizaje a comisiones técnicas cuya integración parece augurar soluciones moderadas. El quiebre lo marcó el grupo nominado por la ex Presidente para concretar su propuesta de una nueva Constitución. Aparte de dejar fuera a nombres históricos, la inclusión del académico Fernando Atria es en sí misma significativa: se trata de un intelectual cuyos libros son leídos con avidez por los dirigentes estudiantiles, al punto de considerársele una de las influencias en el movimiento. El mismo día en que se anunció su nombre, sus ideas eran expuestas en El Mostrador, partiendo por la de que “si una reforma es capaz de pasar a través de las normas actualmente vigentes, ésa es garantía de que esa reforma no soluciona nada”. Sus palabras entusiasman a quienes demandan una asamblea constituyente, aunque su planteamiento es más sofisticado y amplio, y abunda en fórmulas posibles; todas, con el elemento común de, sin ser «ilegales», saltarse los mecanismos establecidos en el texto de 1980: un camino de previsible tensión institucional, contra el cual han advertido figuras como Camilo Escalona. Ahora, con la nominación de Atria, ese debate ha quedado instalado en el corazón de la campaña de Bachelet.


Una par de cartas dignas de analizarse:


Señor Director:


Mercado de votos.


Leemos y nos enteramos de cómo las cúpulas de partidos políticos negocian, quitan, agregan, niegan y dirigen a sus seguidores con sus votos incluidos. Es cosa de escucharlos... apoyaremos a Mengano si los de Fulano apoyan a Perengano, pero Zutano será apoyado si Mengano apoya a Fulano. Es decir, transan los votos como valores en un mercado. La seguridad quizás está en las visitas a la feria del domingo, los abrazos, los llaveros, las fotos con sonrisa "pep", pero el elector no tiene la menor idea de cómo su voto va cambiando de mano en mano; tanto así, que un día se acuesta votando por Zutano, se levanta votando por Mengano y tal vez tome once apoyando a Fulano.


Ante esta situación, el elector a estas alturas parece una oveja que sigue al pastor que le pongan. Pero ¿qué hace que las cúpulas tengan tanta seguridad de los votos para hipotecarlos? ¿Qué hace que las bases, ahora que están tan de moda las protestas y manifestaciones, levanten la voz y espeten sus opiniones?


Al parecer, todo apunta a una costumbre enraizada en nuestra sociedad. Son pocos los que buscan, investigan o contrastan a los candidatos que sus líderes les ofertan. Los asumen a ojos cerrados. Eso hace que las cúpulas partidistas lo hayan hecho, lo hagan hoy y ojalá no lo hagan más en el futuro, que es el administrar y negociar los votos de sus seguidores como frutas y verduras en La Vega, sin ni siquiera ver si están maduras y frescas, respectivamente.


Luis Enrique Soler Milla.


Señor Director:


Cencosud.


Provoca interés y llama a reflexión el titulo de “La Segunda” relativo a la respuesta de Golborne al fallo Cencosud y la actitud de Allamand, lo que ha producido un conflicto entre las bancadas UDI-RN. Esta situación la ha creado una sentencia reciente del Alto Tribunal que declara abusivas y nulas las cláusulas contenidas en el contrato de las tarjetas Jumbo Más. Su dueña comunicó a sus clientes que a partir del 1/3/2006 iba a subir el costo de mantención de la tarjeta en $530, lo que se consideraría tácitamente aceptado al hacer uso de ella. Tal método era usual en las empresas que vendían sus productos mediante tarjetas de crédito obtenidas por sus clientes previa firma del contrato del caso. Para proteger aún más al consumidor, años después se creó el Sernac Financiero, en que se establecieron nuevas cláusulas.


Si se analiza el caso, no se encuentra la responsabilidad civil ni penal que, como gerente general en el año 2006, le habría cabido a Golborne. El fallo supremo que ha producido las situaciones señaladas en parte alguna menciona al candidato UDI, lo que es obvio, ni hay documento relevante que lo nombre en algún hecho o acto que permita una posible imputación de culpabilidad suya. Sacar conclusiones de irregularidades, descuidos, negligencias de un presidenciable es injusto, impropio e inadecuado.


Sara Navas Bustamante, Abogado.





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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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