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sábado, 26 de enero de 2013

Excelentes temas para meditar el fin de semana...


La imagen desagradable del dia es sin duda la
llegada del tirano cubano Raúl Castro a nuestro
país.







El esfuerzo de Jovino,
por Gonzalo Rojas Sánchez



La justificada queja de Jovino Novoa se suma a muchas otras.

Antes que él, los directores de la Fundación Jaime Guzmán y del Instituto Libertad y Desarrollo ya habían formulado similares planteamientos. Desde este mismo espacio -obviamente sin personería alguna- se viene afirmando lo mismo desde enero del 2009.

Los destinatarios de las críticas han sido diferentes, pero, en cierto sentido, son uno solo: los partidos de la Alianza, el entonces candidato Piñera y su programa, el gobierno de la Coalición. Eso que parece Derecha, eso a lo que no le gusta llamarse Derecha, eso que no define aún la articulación interna entre principios conservadores y elementos liberales.

Eso.

Desde dentro -porque nunca se vive en el limbo cuando se está en la vida pública- se sufre un buen poco por las inconsistencias de eso.

Se sufre porque toca vivir durante una etapa de la Derecha chilena en que se ha preferido a los técnicos por sobre cualquier otra mirada, en especial la de los intelectuales, a quienes se ha desplazado con especial rudeza. Ya manifestaba su rechazo a los teóricos el ministro Hinzpeter por allá por junio del 2010.

Porque se ha preferido la eficacia de los resultados sobre el reforzamiento de los fundamentos. Casi siempre la mirada ha sido puesta en los índices numéricos, mientras se olvidan o diluyen las coordenadas básicas sobre la vida humana en la familia, la escuela y el trabajo.

Porque la insistencia en el desarrollo resulta obsesiva -casi patológica, pero propia de una sociedad en que importan tantísimo las endorfinas-, mientras el concepto de un Chile humanizado apenas aparece. Entonces, obviamente se cree que son más importantes el per cápita que la natalidad, y el acceso a los bienes de consumo que la filiación legítima.

Porque se ha preferido reforzar al Estado buscando instalar en su maquinaria más y más atribuciones que -quizás a corto plazo- quedarán en las peores manos, mientras se ha ido gradualmente olvidando la necesidad de reforzar -en el discurso y en las políticas- el poder de las personas, la fuerza de los talentos, la creatividad de los emprendimientos sociales.

Y así, cuánto más de esta curiosa desviación.

Ciertamente existe la posibilidad de que las nuevas dos candidaturas corrijan el rumbo. Pero esa opción es mínima.

Durante su último año de gobierno, atemorizada por la ola creciente de socialismo ambiental, bajo la sombra de la candidata zero, la Derecha entregará dos programas -¿cabe alguna duda?- muy similares entre sí y apenas distinguibles de la actual mentalidad gobiernista.

Lo que impriman en papel los equipos de Golborne y Allamand adolecerá casi en su totalidad de los mismos defectos mencionados: tecnicismo, resultadismo, desarrollismo, estatismo disfrazado de protección social.

Es casi imposible que resulte de otro modo, porque los equipos que integran ambas candidaturas se parecen a su vez tanto entre sí (desde liberales evolucionistas hasta conservadores trascendentalistas) que las transacciones darán dos resultados de muy similar factura. Se perderá una vez más la oportunidad de tener un programa liberal y otro programa conservador: una auténtica confrontación de proyectos distintos en la Derecha (lo que ciertamente requeriría, además, la presencia de un candidato conservador).

Bueno, pero al fin de cuentas, ¿qué importan los programas si en las primarias se votará por las personas?

Cuando se diga o se oiga justamente ese argumento, puede estar seguro el emisor, pueda comprobar el receptor, lo ya tantas veces repetido: a esta Derecha ni le interesan sus ideas ni tiene temor a diluirlas en las de sus rivales.

Descansen en paz.



Políticas de reconocimiento,
por Daniel Mansuy.


Para enfrentar el conflicto indígena, el Presidente Piñera anunció el reconocimiento constitucional y la creación de un consejo de pueblos originarios. Como de costumbre, el gobierno aparece reaccionando, lo que autoriza algunas preguntas: ¿estos anuncios son fruto de la reflexión o de la improvisación? ¿Tiene el gobierno un proyecto elaborado capaz de dar respuesta más o menos integral al problema mapuche? Es cierto que es difícil dar con respuestas adecuadas a problemas tan hondos, pero en este tema todo atajo se paga muy caro.

En principio, puede decirse que la política de reconocimiento satisface una aspiración legítima y, en ese sentido, no cabe criticarla por ser simbólica: justamente allí reside su mérito. Por de pronto, esta política implica el abandono del liberalismo clásico, porque importa asumir que hay derechos y deberes colectivos que no pueden explicarse a partir del individuo aislado. “Reconocer” supone asumir que nuestra historia y nuestra identidad narrativa pueden (y deben) jugar un rol en la articulación política de nuestras libertades. El individuo titular de derechos escondido tras un velo de ignorancia nos dice muy poco sobre nosotros mismos, y de hecho, nos impide ver nuestra deuda objetiva con el pueblo mapuche.

Reconocer también tiene riesgos. Desde luego, supone separar a unos de otros en base a criterios raciales, obviando el mestizaje, que es quizás el fenómeno explicativo de Chile. Un reconocimiento mal manejado puede terminar complicando aún más la integración, porque tenemos dos deseos antinómicos: queremos reconocer a los mapuches en su singularidad al mismo tiempo que queremos erradicar toda diferencia en el trato. Ninguna política será exitosa mientras no resolvamos esa tensión.

Ahora bien, reconocer es un arma de doble filo. Muchos recuerdan hoy la tesis de Kojève, según la cual la historia humana es una lucha por el reconocimiento. El problema es que en toda lucha se impone el más fuerte: las batallas por el reconocimiento -no nos engañemos- no son sólo batallas morales, son también batallas de fuerza. El mundo de Kojève es la guerra de todos contra todos.

Para salir de esa situación poco amistosa tenemos que contar con criterios racionales, que nos permitan distinguir las demandas legítimas de las otras. Una pregunta sencilla puede servir para ilustrar la dificultad: ¿estamos dispuestos a darle un reconocimiento a algún otro grupo?, ¿o la lista se acaba aquí?, ¿por qué? Debemos ser capaces de explicitar las razones por las cuales nos parece justo reconocer al pueblo mapuche o a los pueblos originarios en general, porque ni el sentimentalismo ni el discurso políticamente correcto son argumentos suficientes.

Estas preguntas nos llevan a otra consideración: la multiculturalidad puede ser tanto una riqueza como una bomba de tiempo, y no nos haría mal mirar la experiencia comparada. En Europa, los esfuerzos “multiculturales” han fracasado, porque llaman a cada grupo a vivir su propia singularidad sin generar espacios comunes: lo multicultural puede ser una ocasión de encierro más que de encuentro. En el fondo, el reconocimiento sólo tiene sentido si es algo más que una reacción a la coyuntura, pues debe ir acompañado de una idea clara de lo que vamos a poner en común. Y allí, me temo, andamos bien perdidos.



David Gallagher,
por Los derechos y la cumbre.


Entre las magníficas anécdotas que contaba Gabriel Valdés, había una sobre una visita de Eduardo Frei Montalva a Francia. Decía Valdés que después de un día de mucha pompa, De Gaulle tomó a Frei a un lado para decirle que no se acostumbrara demasiado a los viajes: los presidentes lo pasaban tan bien en el exterior, le advirtió, que arriesgaban terminar odiando a su propio país. Valdés agregaba que había compartido esta anécdota con algunos de nuestros presidentes más recientes, cuando estaban por viajar, y que a ninguno le había hecho mucha gracia.

Me acordé de la anécdota al reflexionar sobre la inmensa cumbre que está por celebrarse en Santiago. ¿Por qué se han multiplicado tanto las cumbres en el mundo? ¿Por qué tanto viaje de jefes de gobierno, cuando se ha vuelto tanto más fácil comunicarse sin viajar? Tal vez sea que los ciudadanos están más díscolos, y que el alivio de abandonarlos por unos días se haya convertido en una necesidad más recurrente. Es posible que a muchos jefes de gobierno les dé un respiro estar algunos días en nuestra lejana capital, y que no pocos vuelvan a su propio país con algo de desgano. Pero con todo es mejor que se junten a que peleen.

Para Chile es muy bienvenida esta cumbre. Es positivo que nos conozcan tantos visitantes ilustres. Entre ellos, las estrellas van a ser Angela Merkel y Raúl Castro. Merkel por su capacidad, en esa gran democracia que es Alemania, de combinar liderazgo con popularidad, y porque de ella depende en alguna medida el futuro de nada menos que Europa; Castro porque preside uno de los poquísimos países totalitarios que quedan. Merkel y Castro están en las antípodas de la filosofía política, tanto más por haber Alemania sufrido bajo Hitler uno de los peores totalitarismos de la historia, y por haber sido Merkel criada nada menos que en la dictadura comunista de Alemania Oriental, donde hubo que levantar un muro para retener a la gente.

Ella representa a una Democracia Cristiana para la cual es inconcebible un pacto con un partido comunista. Por eso mismo, le van a interesar las negociaciones que se están dando justo ahora entre la Concertación y el PC: su partido, a través de sus fundaciones, es un importante financista de la DC chilena.

Por cierto la reticencia a criticar a Cuba no es privativa del PC. Todos nos acordamos de la Presidenta Bachelet corriendo ansiosa cuando Fidel Castro la citó intempestivamente a una reunión: fue una rara ocasión en que su encanto no surtió efecto, porque el día después, Fidel sacó una despectiva columna que exigía que Chile le entregara mar a Bolivia. Por otro lado el presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, dijo de la prohibición cubana a que Rosa María Payá viajara a Chile: "mire, que entre o salga me da lo mismo". Recordemos que el padre de Rosa María era un disidente que murió hace poco en un extrañísimo accidente de auto.

Es increíble que partidos chilenos que fueron víctimas de esa barbarie que fue el exilio no sean capaces de entender el drama que es para un pueblo estar, al revés, encerrado en un país. Es cierto que en Cuba ya no hay que sacar permiso de salida para viajar, pero en una isla en que está prohibido salir en bote, aun si es a pescar, viajar significa comprar un costoso pasaje aéreo. No es como Alemania Oriental, donde al caer el muro, la gente salía a pie.

La izquierda chilena nunca ha atropellado los derechos humanos como lo hizo el gobierno de Pinochet. Sin embargo su complacencia ante atropellos en países que parecen serle emotivamente afines sugiere por lo menos una reprobable relativización de los principios fundamentales involucrados. Viene al caso hacerles una pregunta a amigos de izquierda. ¿A quién admira más, a Castro o a Merkel?



Lejos de la épica.


Los gestos testimoniales y los forcejeos por Raúl Castro, así como las expectativas en torno a las cumbres del fin de semana y el desafío que ellas representan para el Gobierno, podrán monopolizar las cámaras, pero, en tanto, una parte sustantiva de la política interna se está desarrollando en otra parte. Concretamente, en reuniones y conciliábulos donde se definen desde candidaturas parlamentarias hasta pactos de gobernabilidad. Y es que, tras la sucesión de actos partidarios masivos y lucidas proclamaciones que marcaron la primera mitad de enero, una más silenciosa fase de «cocina» política, propia de un año electoral, copa la atención de los dirigentes.

La hora de los pragmáticos. En esa línea, la oposición se encuentra a punto de dar un paso decisivo, con el documento que sus presidentes discutieron esta semana y que esperan finiquitar en los próximos días, si es que las discrepancias en la discusión paralela sobre las primarias no afectan su concreción. Allí, se expresaría la voluntad no sólo de enfrentar unidos los comicios regional, parlamentario y presidencial de 2013, sino, además, de compartir una plataforma programática y comprometer su apoyo al gobierno que esperan elegir. El texto-compromiso vendría así a sellar la alianza política entre la Concertación y (aparte de grupos menores) el Partido Comunista, yendo más allá de todos los entendimientos electorales previos. Que ése sería ante todo un triunfo del más desnudo pragmatismo queda claro, por ejemplo, en las disímiles posiciones (y pasiones) que suscita entre los miembros de ese eventual pacto la figura del mismo Castro, apellido venerado por el PC y execrado por democratacristianos. Pero las dudas sobre la coherencia van mucho más allá de un tema aislado de política exterior, e incluyen las muy disímiles valoraciones que sus firmantes hacen de la obra gubernamental realizada entre 1990 y 2010, y las conclusiones que de ello se deriven hacia el futuro... aunque, en rigor, tal debate divide desde hace tiempo a la propia Concertación.

A todo eso se añade la otra gran interrogante sobre cómo entiende cada suscriptor el compromiso con un eventual gobierno. Como dejó claro Camila Vallejo cuando habló de que el PC podía estar al mismo tiempo «adentro» y «afuera», el punto suscita interpretaciones disímiles incluso entre los propios comunistas.

¿Pesará Orrego? El paso de los días permitirá constatar si el documento en cuestión logra responder en algo esas interrogantes, pero también observar cómo se ubica frente a ellas el recién electo candidato presidencial DC, Claudio Orrego. Este se plantea con una imagen que rescata la identidad socialcristiana y que no teme marcar diferencias con la izquierda, perfil que le permitió imponerse en la primaria frente a Ximena Rincón. Por lo mismo, sería natural que la impronta que lo identifica (y también al timonel, Ignacio Walker) se expresara en la negociación opositora, más allá de polémicas verbales y disquisiciones sobre si se está construyendo una nueva coalición política o una «sólo» de gobierno. Pero las posibilidades del ex alcalde para influir en el futuro curso opositor, pese al aval que le dan las 60 mil personas que votaron en la primaria DC, estarán determinadas por su capacidad de comprometer efectivamente a todos los sectores del partido con su candidatura. Las cautas reacciones de los diputados —que mayoritariamente se oponían a esta elección interna—, luego de su triunfo, advierten que en estas materias la tarea para Orrego está lejos de concluir. Y en ese contexto, su decisión de no jugarse por ninguno de los postulantes para la mesa DC que hoy se perfilan y en cambio propugnar una directiva de consenso se entiende en quien necesita afianzar el apoyo de sus camaradas.

Primarias en la medida de lo posible. El documento que redacta la oposición debiera servir también como marco conceptual para las definiciones de la plantilla parlamentaria. Se trata, ésta, de un área en que las entusiastas declaraciones iniciales en favor de una primaria están dando paso al pragmatismo de ideas como “el que tiene mantiene” o “conservar los equilibrios”. Todo indica que si llega a usarse el mecanismo, será en un rango muy acotado y en el contexto de una plantilla ya previamente negociada; que el bloque hoy discuta con el Servicio Electoral si la ley permite o no hacer primarias en uno solo de los dos cupos de un distrito es la mejor prueba de que el método, hoy indiscutido en materia presidencial (pese a objeciones pendientes de los postulantes Velasco y Gómez en cuanto a procedimientos), a nivel parlamentario es visto casi como un problema. El fenómeno, en todo caso, es transversal; si no, basta observar los conflictos que enfrenta la UDI tras abrirse a la idea de zanjar por esta vía sus circunscripciones más disputadas, partiendo por las dos metropolitanas, hoy enredadas en un puzzle donde se juntan la incógnita abierta por el actual senador Jovino Novoa (quien no la resolvería hasta marzo) y las aspiraciones del presidente del partido, Patricio Melero, y el ex alcalde Zalaquett en el sector poniente, sumadas a la guerra entre Iván Moreira y Ena von Baer en la zona Oriente.

Todo este escepticismo en torno a las primarias para congresistas se expresa justo cuando un nuevo rechazo a cambiar el sistema electoral desata controversias y quejas sobre las restricciones que él impone, y una profusión de nuevos proyectos. El asunto amerita cautela. Respecto de las primarias, junto a sus muchas ventajas y valores, existe no poca evidencia de que su uso en electorados más pequeños también tiene riesgos, como el de consagrar viejas prácticas de caudillismo y acarreo. En cuanto al binominal mismo, están claras sus debilidades para una real competencia y los aprietos en que puede poner a una coalición de más de dos partidos; dudoso resulta, en cambio, que la discusión del tema en año electoral y por parte de los propios incumbentes vaya a llegar a resultado satisfactorio.



Efectos de la elección primaria en la Democracia Cristiana.


La elección primaria celebrada el sábado pasado por la Democracia Cristiana tuvo un efecto que va más allá de la elección del ex alcalde de Peñalolén Claudio Orrego como el precandidato presidencial de esa colectividad, dejando en el camino a su contendora, la senadora Ximena Rincón. Por de pronto, el partido liderado por Ignacio Walker se anotó una importante victoria política, al ser el primero y único en realizar una elección primaria abierta y vinculante en todo el país para elegir a su candidato presidencial, la que convocó a más de 56 mil personas, la mayor parte de ellas independientes, cifra que sorprendió incluso a los propios organizadores. El esfuerzo desplegado, pese a la escasa adhesión que exhibían ambos candidatos en las encuestas, rindió sus frutos, y establece un precedente. Tal como dijo Orrego al celebrar su triunfo, "la señal que se ha dado es muy potente: no a la dictadura de las encuestas y sí a la política de la calle, de escuchar y del debate de ideas".

El éxito de esta elección primaria parece echar por tierra cualquier pretensión que hayan podido tener algunos políticos de oposición de elegir al candidato de ese sector por un mecanismo distinto, como encuestas, que evite la participación directa de los ciudadanos y la confrontación de ideas. Por más amplia que sea la ventaja que Michelle Bachelet muestra en los sondeos de opinión pública respecto de sus posibles contendores -Andrés Velasco, José Antonio Gómez y Claudio Orrego-, la primaria va siendo validada hoy como una opción necesaria. Y esto solo puede ser mirado con buenos ojos, pues forzará el debate de ideas, llevará a los candidatos a recorrer el país y escuchar a la gente, y, más aun, hará que midan sus capacidades unos frente a otros, de cara a los ciudadanos. Será interesante observar este ejercicio democrático inédito en el país, y sus efectos, en los meses que siguen hasta el 30 de junio.

Pero la fórmula para definir su candidato al interior de la DC no solo tendrá repercusiones en la carrera presidencial. Sumándose a lo que ya se vivió en las elecciones municipales, esta primaria viene a confirmar el interés ciudadano por participar, lo que puede transformarse en un castigo para aquellos candidatos al Parlamento que prefieran obtener su nominación a través de designaciones cupulares. Esto último es precisamente lo que se está negociando en las conversaciones internas de los partidos -en el oficialismo y en la oposición-, que buscan limitar el uso de primarias a su mínima expresión, recurriendo al mecanismo que Andrés Velasco ha denominado como "el que tiene, mantiene".

La ley de primarias -junto con la del voto voluntario y otros proyectos de ley que aún se discuten en el Congreso- vino a hacerse cargo del malestar ciudadano con el sistema político, y la experiencia está demostrando que este mecanismo de participación estuvo correctamente pensado, pues ha sido bien evaluado por los votantes. Por eso, la respuesta de los políticos no puede quedar circunscrita a la sola proposición y aprobación de dicha ley. Hoy las personas quieren hacer uso de ella, no todas desde luego, pero sí aquellas que con más probabilidad serán las que concurran a las urnas en la elección final de noviembre. No cumplir con esa expectativa, que los propios políticos acertadamente han fortalecido a través de la ley, generaría insatisfacción. Hoy la vara es más alta, pero al mismo tiempo existe un mecanismo concreto para alcanzarla, que le hace bien a la democracia.

Hoy la vara es más alta y existe un mecanismo para alcanzarla.



Expectativas de cumbre CELAC-UE.

Mientras avanzan los preparativos para recibir al conjunto más numeroso de jefes de Estado y de Gobierno que haya visitado nuestro país, existen visiones muy diferentes acerca del impacto concreto que tenga la realización de esta magna asamblea. Para Chile, como anfitrión, el compromiso es serio, tanto en materia de cordial acogida y seguridad para los huéspedes como de eficacia en la organización y productividad del trabajo. CELAC, como reciente espacio de relaciones internacionales derivado del Grupo de Río, vincula al total de las naciones latinoamericanas y del Caribe (aunque por ahora esté fuera Paraguay), a diferencia de otras entidades como la Alianza del Pacífico, Unasur , Mercosur y —en la intención de su promotor Hugo Chávez— con prescindencia de Estados Unidos, como un contrapeso a la OEA. Si bien esto último no parece haber pesado mucho, su primer gran desafío es hoy el de ampliar y mejorar las relaciones de la región con el poderoso bloque de la Unión Europea, cuya crisis actual puede contribuir a estimular nuevas formas de colaboración.

Además de la justificada desconfianza en la multiplicación de organismos y cumbres que nos aqueja, y por el escaso cumplimiento de promesas anteriores, cabe temer por el efecto de las profundas diferencias que hay en las estrategias económicas y en la institucionalidad política de nuestros gobiernos, como base para un entendimiento eficaz frente a una realidad europea mucho más homogénea. Símbolo inevitable de ello será la asunción de Raúl Castro a la presidencia pro tempore de CELAC. Sin embargo, más allá de su origen y limitaciones evidentes, el hecho es que la oportunidad existe y sin renunciar a los principios, haciéndolos expresos cada vez que sea posible, debemos procurar que ella opere a favor del bien de todos y, en especial, del interés nacional.

Un rasgo poco habitual y que merece destacarse es el del respaldo que otorga a un enfoque más global y comprensivo de la situación de los respectivos países y a la posible obtención de avances concretos en diversos rubros, la realización previa o simultánea de “cumbres” representativas de los sectores académico, empresarial, parlamentario e incluso judicial. Otro, igualmente importante, es el mecanismo de trabajo explicitado por nuestro Canciller, que busca facilitar encuentros más informales y directos entre los mandatarios, donde puedan tratarse temas específicos diferentes de los acuerdos solemnes, y en ocasiones declamatorios, suscritos en conjunto. De paso, esto permitirá consensuar puntos de vista y conclusiones prácticas a lo menos entre quienes comparten orientaciones similares dentro de los dos grupos de naciones.

Para Chile, tampoco es desdeñable, por cierto, la presencia de figuras determinantes de la política mundial, algunas incluso en visita oficial, como Angela Merkel o Mariano Rajoy, y en el ámbito regional, la bastante retardada presencia de Dilma Rousseff. Y aparte de la puesta en vitrina del país por obra de los medios extranjeros de comunicación, que debería ser positiva, en cuanto a logros de largo alcance, está la actualización del tratado con la Unión Europea, necesaria por el tiempo transcurrido, a la que esa comunidad se declara disponible y que, en vista de las otras reuniones aludidas, habría de ampliarse más allá de lo comercial. Como se ve, pese a las inconsecuencias doctrinarias internas de la “troika” encargada del manejo del CELAC en este período y del aberrante hábito democrático que se le presta a una dictadura hereditaria de medio siglo, es posible que el acontecimiento abra nuevos y diversos cauces de ida y vuelta en beneficio de ambos mundos.



El síntoma de la Quinta Normal.


Las 15 toneladas de basura y desperdicios que dejan los visitantes de la Quinta Normal, pero especialmente las muestras de crudo vandalismo que dañan las obras hace poco inauguradas del más tradicional pulmón verde de Santiago, deberían provocar una campaña nacional de cuidado y preservación de los espacios públicos, para sancionar e impedir, hasta donde sea posible, la incultura de algunos usuarios.

Desde 1841, el notable conjunto de grandes árboles, prados, laguna artificial y museos instalados en el recinto de la Quinta, fue un largo tiempo objeto de orgullo. Desde los años treinta del siglo pasado, sus grandes extensiones fueron depredadas por el propio Estado, que otorgó toda suerte de concesiones a organismos públicos y educativos para levantar allí edificaciones ajenas al propósito del parque y que disminuyeron y afearon su presentación.

Inseguro, desaseado y mal cuidado en sus especies botánicas, hace muy poco se inauguró una completa remodelación con una significativa inversión de $2 mil 585 millones que beneficia a 800 mil personas que lo visitan al año. A pesar de esta recuperación, el vandalismo ha sido más fuerte, y ahora ya se está en proceso de implantar cercos y medidas mínimas de protección contra daños mayores.

Pero no es solo mano dura frente a los antisociales lo que falta, sino que una política que reeduque a las personas en el cuidado de nuestro patrimonio natural y cultural. Las municipalidades deberían promover la formación de voluntarios que ejerzan una labor de vigilancia en los parques y de enseñanza para quienes los visitan, de manera que puedan ayudar a conservar la belleza del entorno, y la riqueza recreativa que ellos ofrecen. Lo que ahora se ha comprobado por los propios trabajadores del Parque Quinta Normal es la acción de inescrupulosos cuyo mal comportamiento destruye sin motivo lo que se ha construido para beneficio de todos. Si bien la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, ha sido enfática en señalar que "el parque Quinta Normal es parte importante del patrimonio de Santiago y, por lo mismo, queremos que todos los vecinos lo sientan como un espacio propio y nos ayuden a cuidarlo", el paso necesario es realizar esta acción de tal modo que pueda servir de ejemplo y motivación al cuidado de todos los parques públicos.


Elección de Cores y el riesgo de la confusión.

Mediáticamente desapercibida ha pasado la aprobación por la Cámara de Diputados del proyecto que regula el sistema de elección de consejeros regionales, iniciativa que ahora deberá discutir el Senado. Se trata de un paso positivo, pero también tardío, en cuanto apunta a dar cumplimiento a la reforma constitucional que en 2009 estableció que los cores debían ser elegidos de modo directo. El retraso en dictar la normativa que hiciera operativa esa disposición ya originó un bochorno el año pasado, cuando vencía el período de los consejeros en ejercicio, sin que existiera un mecanismo definido para la nominación de sus sucesores (el sistema indirecto hasta entonces vigente había sido tácitamente derogado por la reforma de 2009). La situación sólo se pudo salvar recurriendo a la poco estética —pero en este caso necesaria— fórmula de prorrogar el período de los cores en funciones. Ello, a través de la aprobación de una norma constitucional transitoria en la que se estableció que por esta vez los nuevos consejeros serían elegidos en noviembre de 2013, conjuntamente con los comicios presidenciales y parlamentarios; además, se fijó como plazo el 20 de julio para la entrada en vigencia de la ley que regulará el proceso, la misma cuyo proyecto acaba de despachar la Cámara.

El texto recién aprobado propone la constitución de consejos cuyo número de integrantes variaría entre 14 y 28 miembros, dependiendo del tamaño de la región respectiva. Ellos serían electos, a través de un sistema proporcional, en circunscripciones que en la mayoría de los casos corresponderían a las actuales provincias; sin embargo, se determinó que algunas deberán dividirse en dos o más agrupaciones, lo que ocurriría con Valparaíso, Santiago y Concepción, entre otras. La fórmula se justifica por el tamaño poblacional de esos lugares, pero resulta inevitable que surja la sospecha de hasta qué punto, aprobando esta medida, los parlamentarios no buscan también evitar el perfilamiento político que podrían lograr los cores que alcancen primeras mayorías en zonas muy populosas, donde incluso su votación podría superar a la de algunos diputados. Lo que resulta claro, al margen de tal sospecha, es que esta división no contribuirá a la fácil comprensión del sistema que debutará en noviembre, aspecto que debiera ser parte central del debate del proyecto en sus siguientes etapas, considerando que las funciones de los cores, pese a su importancia, son hoy virtualmente desconocidas por el común de las personas.

En esa línea, ya el atraso de esta legislación ha creado un escenario poco propicio. En efecto, la idea original de la iniciativa apuntaba a hacer coincidir estos comicios con los municipales, lo que resultaba más coherente con el carácter regional y no nacional de las autoridades a elegir, hubiera contribuido a resaltar la impronta descentralizadora de la medida y favorecido un mayor espacio para discutir las cuestiones locales. Difícilmente ello podrá ocurrir esta vez, cuando el escenario político se encuentre copado por las campañas presidencial y parlamentaria, y la elección de cores aparezca como una suerte de apéndice de las otras votaciones. Lamentablemente, el proyecto que aprobó la Cámara da un paso más allá en esta línea y hace permanente esta coincidencia, lo cual, aparte de las incoherencias conceptuales, enfrentará a los votantes, en un mismo acto, a tener que utilizar cuatro papeletas y tres sistemas electorales distintos.

Un último elemento de confusión estará dado por la forma en que los partidos políticos asuman esta reforma. Y es que el sistema puede terminar siendo usado como una manera de «compensar» a quienes queden fuera de las listas para el Congreso o resulten perdedores en elecciones primarias. Dicha opción, tentadora para las colectividades, estaría muy lejos del sentido que debiera animar este cambio.



CELAC y Unión Europea en Santiago


En el umbral del inicio de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con la Unión Europea (UE) y del posterior encuentro entre los mandatarios de CELAC, surgen esperanzas de remover obstáculos a la integración continental y, a la vez, más concretas expectativas para abrir una nueva etapa en el diálogo y la cooperación de Latinoamérica y el Caribe con Europa.

El encuentro en Santiago es la culminación de una prolija e intensa preparación que reúne a mandatarios de cerca de 60 países, la mayor cita internacional de gobernantes jamás realizada en nuestro país. Han precedido a las cumbres de esta semana numerosas reuniones de alto contenido de la academia, de la sociedad civil, empresariado, sindicales y de representantes de los poderes judiciales y parlamentos de los países participantes.

La organización de estas citas confirma la eficiencia de la Cancillería chilena, atrae la atención internacional en la promisoria realidad nacional y es una oportunidad para estrechar los vínculos bilaterales con los gobiernos del continente y de Europa.

CELAC está llamada a asumir una indispensable función coordinadora de la multiplicidad de organismos creados para la integración de América Latina y del Caribe. Ello exige revisar los mecanismos existentes para evitar duplicidades e incluso recomendar la eliminación de aquellos inútiles. La maraña y burocratización de instituciones entorpece la urgente necesidad de romper el inmovilismo en el proceso de integración latinoamericana y del Caribe, insinuado hace más de medio siglo y virtualmente detenido desde hace varias décadas. Un segundo aporte de CELAC es servir de interlocutor frente a otras comunidades de naciones y lograr mayor simetría y representatividad en los entendimientos extrarregionales.

En esta dimensión cobra especial relevancia la cumbre CELAC y UE. La madurez alcanzada por la UE es un ejemplo de asociación para la región y exige que las contrapartes eleven los contenidos y modalidades en los diálogos intercontinentales. Ello requiere dejar de lado el asambleísmo, la politización, los ideologismos, la retórica, los nacionalismos y los populismos, que han predominado y hecho fracasar las innumerables cumbres latinoamericanas que han culminado aumentando las divisiones y conduciendo al desprestigio de estas reuniones y de la imagen internacional de la región.

El esfuerzo de organización de CELAC, la buena convocatoria alcanzada y la disposición europea deberían fructificar en un giro positivo para la integración continental y para alcanzar entendimientos que contribuyan al desarrollo y a la satisfacción de las legítimas oportunidades de bienestar de los pueblos representados en esta cita.

Una mirada retrospectiva da espacios para anticipar el escepticismo sobre sus resultados. Sin embargo, hay razones alentadoras que no deben desestimarse. Desde luego, la interdependencia y la cooperación entre estados y continentes se hacen cada vez más evidentes y necesarias. Europa y América Latina, además de contar con vínculos históricos y valores y principios compartidos, se encuentran en un momento en que la complementariedad podría permitir reforzar las economías y las instituciones latinoamericanas y, a la vez, acelerar la recuperación económica del Viejo Continente.

El Presidente Piñera y la Cancillería han cumplido sobradamente con la tarea de organizar esta importante cumbre y sentar las bases para el funcionamiento de CELAC. Corresponde ahora a los restantes protagonistas llevar a feliz término estos encuentros y fortalecer la nueva instancia que sirve de interlocutora de Latinoamérica y el Caribe. Para estos cometidos no resulta auspicioso que Cuba, la única nación de Occidente que no respeta la democracia, asuma el liderazgo de CELAC.



Correspondencia de lujo:



Señor Director:



¿Huinca yo?



Concurro, en mi universidad, a un panel sobre la cuestión mapuche. No hay opiniones matizadas. Impera una soviética unanimidad. Todos los expositores son indígenas e indigenistas. Desde mi butaca me atrevo a discrepar con algunas tesis. De inmediato soy etiquetado de “huinca”. Esa expresión, en mapudungún, significa “extranjero” y “ladrón”.



Al agravio replico que, en su momento —50 años antes del ingreso a Chile de Pedro de Valdivia—, los denominados “araucanos”, procedentes de la planicie pampeana, tramontando el macizo andino, invaden la franja que hoy es Chile, desplazando a picunches y huilliches. Desde otro ángulo, mis ancestros figuran en la historia del país desde la segunda mitad del XVI.



Eso de “huinca” constituye un insulto carente de fundamento. En su defecto, también deben aceptarlo, por lo anotado, aquellos que se creen “originarios”. Excluyen de tal condición a 16 millones de mestizos morenoides. Insisto: son también “originarios” ¿Acaso no es mestizo, por ejemplo, Matías Catrileo Quezada?



Prof. Pedro Godoy P.



Señor Director:



Grave desconcierto.



Golpea la memoria histórica la venida de Raúl Castro. Se podrán dar variadas razones diplomáticas para esta presencia en la cumbre CELAC-UE, pero no deja de ser motivo de desorientación que un autor de permanentes agresiones contra Chile, venga al propio país que ha sido víctima de su acción. En efecto, la opinión nacional no ha olvidado la permanente ayuda cubana al terrorismo y a la revolución marxista chilena y, entre otros hechos, la cuantiosa internación de armas de guerra, el adiestramiento de guerrilleros, la negación a la extradición de uno de ellos acusado del asesinato del senador Guzmán, etcétera.

Para comprender estos sentimientos, es necesario ponerse en la perspectiva de los años sesenta y setenta que estuvieron marcados por dos agresiones. La primera, el proyecto de la Unidad Popular, que pretendía construir una República Socialista, “integral, científica y marxista leninista”, abriendo paso en Chile a un Estado de partido único, demoliendo para siempre su entidad y las ricas manifestaciones que permite la libertad.

La segunda agresión se originó directamente por la Guerra Fría, en que dos potencias mundiales con capacidad de destrucción masiva se disputaban la hegemonía del mundo. Una de ellas, el “Hermano Mayor”, tenía pretensiones revolucionarias planetarias para transformar a todo el orbe en una estructura de la misma conformación socio-política de la Revolución de Octubre. Esta bipolaridad hacía irreversible la recuperación de una nación que cayera bajo el imperio soviético, confirmado en la práctica por la aplicación de la llamada “doctrina Brezhnev”.

No es posible concebir desde la perspectiva de las funciones fundamentales de la Seguridad Nacional, para cuyo resguardo existen las FF.AA., desafíos mayores que los dos señalados. De no haber ellas cumplido con su deber juramentado —y visto el acuerdo de la Cámara de Diputados de 22 de agosto de 1973—, ninguna de las instituciones democráticas nacionales habría subsistido.

Sergio Rillon



Señor Director:



Ley del Cobre.



"El Mercurio" publica un artículo de Rosendo Fraga, quien al explicar la situación por la que atraviesa la Armada de Argentina, grafica las consecuencias de las drásticas reducciones presupuestarias que han sufrido sus FF.AA.

Confío en que los parlamentarios chilenos tomarán nota de lo que podría pasar si se elimina la Ley del Cobre sin un reemplazo coherente.

Independientemente de los discursos, en tiempos de paz las FF.AA. siempre tendrán la última prioridad presupuestaria, porque la contingencia es más demandante y reditúa más votos.

Miguel A. Vergara Villalobos.

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Evelyn Matthei evaluó en CNN los 3 primeros meses de Bachelet…

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Juzgue usted si Bachelet sabía o no del maremoto... , video gentileza EMOL-

"La desnacionalización del cobre no la hizo Pinochet sino que fue la concertación".

Polémica por video de la Onemi del 27F, Bachelet niega tsunami...Gentileza EMOL.

Bachalet niega tsunami a las 8:59am del 27F
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Imagenes de un recuerdo siniestro

Marcha Soldados del 73, con imágenes

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

Padre nuestro que estás.....

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A Nuestros Hombres de Armas y nuestros caídos

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