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martes, 19 de julio de 2016

Vamos transitando por un mal camino, pero se vislumbran luces de esperanza...

La “visita” del Canciller de Bolivia, David Choquehuanca, al puerto de Arica, es
otro episodio de la campaña contra Chile del Gobernante altiplánico que no deja
provocar ni de atacar a nuestro país e insultar a nuestras autoridades.
La asunción de Solange Huerta, como Directora del Servicio Nacional de Menores,
es una de las mayores vergüenzas políticas de los últimos tiempos. Creemos que
la ex Fiscal, por un dejo de decencia debe renunciar al cargo.
El ataque terrorista contra Francia en Niza es un claro ejemplo que al extremismo
hay que enfrentarlo con todas las fuerzas del Estado so pena de que este satisfaga
sus anhelos de atemorizar a los pueblos para imponer sus “ideas”.
Sobre la encuesta Cadem Plaza Pública de esta semana solo diremos que las cifras
son desastrosas para el Gobierno y la Presidente Bachelet. Pena nos da el caso del
Diputado Iván Fuentes al que la gente simplemente no le creyó sus explicaciones.
La nota insólita de la semana la puso la revelación de que la Presidente Bachelet
se ha gastado 8, 5 millones de dólares en pasajes, hoteles, viáticos y regalos durante
este segundo período. Esto es impresentable.



Buscando las causas de la obstinación Presidencial,

por Roberto Ampuero.


Tal vez una de las grandes preguntas que nos plantea el actuar del Gobierno es la siguiente: ¿Por qué si su programa de reformas causa vasto rechazo ciudadano e inquietantes resultados, Michelle Bachelet insiste en implementarlo de modo cabal? ¿Se debe a una perseverancia inagotable, al respeto dogmático a lo que prometió como candidata pero casi nadie leyó, al deseo de dejar un legado histórico, a simple contumacia, a una incapacidad para enmendar, o a una lamentable desconexión con la realidad? ¿O hay otras razones? ¿A quién hace la Presidente un guiño al insistir en medidas nocivas e impopulares sin cambiar una coma del programa?


Si hacemos memoria, Bachelet obtuvo en la elección un caudal de votos que, en relación con el universo electoral, llegó a 26%, y si añadimos la considerable merma en aprobación popular, hoy parecería razonable, responsable y realista admitir ante la ciudadanía los tropiezos y desavenencias entre las fuerzas Gobernantes, los errores de cálculo y las dificultades económicas que se avecinan, y reajustar el rumbo. Al final de cuentas, las críticas no vienen solo de la oposición. Por el contrario, a esta le resulta difícil superar el calibre de la munición que emplean sectores oficialistas contra La Moneda. Vivimos bajo el peor Gobierno desde el regreso a la democracia, pero la Mandatario sigue sin dar señales de querer rectificar. ¿Por qué?


Supongo que la causa de la terquedad con que la administración se aferra al programa es de carácter ideológico. Tal vez se debe al historicismo, a esa convicción esencial para la izquierda que bebe del marxismo, siente nostalgia por el socialismo real o simpatiza con íconos como Castro, Guevara o Chávez; es decir, una izquierda que goza de una desproporcionada influencia en el Gobierno. Para esa izquierda, el advenimiento del socialismo es una ley de la historia, y su reciente desplome, un accidente por errores de conducción, mas no su muerte definitiva.


Karl Popper, Isaiah Berlin y Friedrich Hayek advirtieron, en otro contexto, que el
historicismo genera una filosofía determinista de rasgos no democráticos que, en ciertos casos, como en Stalin, Castro o Guevara, desemboca en totalitaria. ¿Qué es lo clave del historicismo? Un postulado que Karl Marx eleva a la categoría de científico: la historia del ser humano está escrita y tiene un trazado definido: comenzó con el comunismo primitivo, transitó a la esclavitud, luego al feudalismo, y siguió al capitalismo, y desde allí -gracias a la conciencia política de los partidos "proletarios"- avanzará hacia la construcción del socialismo y la instauración del comunismo.


Lenin, Stalin, Honecker o los hermanos Castro rechazan las elecciones libres no solo porque son políticos totalitarios, sino también porque creen que el capitalismo tiene sus días contados y será sustituido por el socialismo.
Para ellos, la tesis marxista es correcta, la historia tiene su final establecido, el socialismo representa la nueva etapa, y es lo mejor para el pueblo. Esta "revelación" mayor no es discutible. La gran responsabilidad de sus líderes es saber conducir al pueblo al socialismo. Creen que si en algún momento un pueblo no coincide con sus líderes, a la larga comprenderá que ellos tenían la razón. Tras el desplome del socialismo real, la izquierda populista modificó su estrategia: acepta en un inicio las formas democráticas de la sociedad que aspira a sustituir, pero convencida de que la historia está escrita, destruye las formas parlamentarias: solo el líder y el partido saben guiar al pueblo.

Supongo que la Presidente, al igual que Salvador Allende, socialistas y comunistas, cree que el socialismo está inscrito en el horizonte del país, que es superior al capitalismo y que su misión es acercarlo en alguna medida. Si no fuera así, no sería socialista. Por eso no debe extrañarnos la obstinación con que insiste en un programa impopular y de efecto desalentador. Los líderes que conocen el rumbo de la historia saben qué le conviene al pueblo, y aunque éste no los entienda hoy, a la larga sí lo hará. Quien siente nostalgia por la vida detrás del Muro y admira a Fidel cree de buena fe que su medicina es la adecuada, que quien conoce el curso de la historia sufre a veces la incomprensión temporal de quienes lo ignoran, pero que el futuro le dará la razón. Por ello, no hay nivel de desaprobación alguna que lo desaliente u obligue a rectificar. La cuestión no es medir qué siente una mayoría circunstancial sino contribuir a que la historia avance en la dirección de su utopía.



¿De mal en peor?,
por Sergio Melnick.


Hay países que progresan, avanzan, construyen, y hay otros que se deterioran y se van encaminando a grandes crisis que son por cierto recurrentes en la historia. Hay buenos Gobiernos y malos Gobiernos. Los imperios también caen. La causa de estos ciclos es cuando se abandona la lógica de la colaboración y se reemplaza por la descalificación del adversario, que se lo ve como enemigo. Cuando una ideología se victimiza y acusa de todos sus problemas a sus adversarios, o cuando reclama una superioridad moral que nunca es tal. También ocurre así cuando un sector aprovecha su ventaja transitoria y pasa por encima de los otros. El fundamentalismo (los dueños de la verdad) y el populismo (los caricaturistas de la sociedad) son los peores obstáculos para el progreso de las sociedades complejas de hoy.


Es lo que está ocurriendo en nuestro país. Cada día está efectivamente siendo peor. Uno de cada cuatro chilenos piensa que el Gobierno es muy malo, y que el país va por mal camino. Hace dos años las cifras eran exactamente al revés.


La explosión pública de la total incompetencia del Sename muestra cómo el Gobierno vive en la estratósfera, en permanentes disquisiciones ideológicas, en sueños refundacionales y completamente alejada de los temas propios y concretos de un poder “ejecutivo”. No son las instituciones las que funcionan, son los medios de comunicación que denuncian.


A eso debemos sumar los nuevos escándalos de Gendarmería, uno de los varios cotos de caza de la repartija política. Las “malas prácticas” diría Velasco con razón. Lo relevante en este caso es la incoherencia del discurso de la izquierda. Una vez más queda en evidencia lo fácil que es ser generoso con la plata de los demás, las arbitrariedades del poder, y el peso de la influencia política en temas personales. Qué fácil es hablar de un sistema de reparto sin hacer los números y ver la evidencia de sus distorsiones. Ahora revienta además el escándalo de las licencias médicas en Gendarmería, que ya había tenido otros escándalos de boletas a honorables políticos. Esto va acompañado por la oscuridad de una votación en la que se dice que por error alguien votó por Andrade. Ya nada es creíble. En paralelo también hemos visto el escándalo de las pensiones truchas de falsos exonerados amparados por cartas de recomendación de algunos Parlamentarios, incluso una precandidata a la Presidencia.


El ex Comandante en jefe, Juan Emilio Cheyre, es un personaje brillante intelectualmente, como pocos. Pero es muy poco querido por sus pares militares, y muy querido por la Concertación. Da la impresión que se equivocó de equipo y confió en quien no debía. Los odios son muy profundos. La peor herencia de Cheyre es la Ordenanza General del Ejército, hoy escondida lo más que se pueda por el Ejército. Es como la Ley de reforma agraria de Alessandri, que fue posteriormente usada por Frei y Allende. En el proceso de Cheyre, se le pide innecesariamente prisión preventiva, y al día siguiente se le da la libertad bajo fianza. Es obvio que no era peligro para la sociedad. ¿Es racional todo esto?


Las malas noticias siguen. El proyecto de educación superior es literalmente un mamarracho, y ni siquiera los Ministros se entienden entre sí. Siguen los slogans ideológicos, y la pobreza técnica de las propuestas. El objetivo es claro y ya se anuncia: cerrar universidades privadas y pasar los alumnos a las Estatales.


Ahora se suma el escándalo de Iván Fuentes manipulado por la DC, mostrando la mala calidad de nuestra política y la falta de competencia de algunos honorables. Vuelve a emerger el tema del avión de ME-O, siguen las protestas estudiantiles, TVN sigue su crisis esperando el maná Estatal para cubrir su incompetencia.


Para rematar la mala semana, las cifras económicas empiezan a anticipar una crisis mayor. Nuevamente el Gobierno baja su pronóstico de crecimiento tanto para este año como el próximo, sube la predicción del déficit Fiscal corriente y estructural, y se anticipa nueva disminución en crecimiento del consumo, que es lo único que sostiene el pequeño crecimiento actual. Los analistas coinciden que la próxima proyección será nuevamente a la baja. Ello significa más desempleo, menos productividad, menos inversión. La venta de acciones de Falabella y Cencosud, y el nuevo socio de Latam es el mejor predictor de los problemas que prevén los dueños de esas empresas. Codelco anuncia uno de los peores años para la empresa.


Mientras tanto, se despliegan ya abiertamente las candidaturas Presidenciales de Lagos, Allende, Piñera, Walker, Goic, Guillier, Ossandón, Velasco, y la Mandatario y su Ministro del Interior siguen esencialmente ausentes de la realidad nacional. El pronóstico es delicado.



¿El mercado y la globalización los culpables?,
por Hernán Büchi.


El mercado es una instancia de intercambio libre entre personas o agrupaciones voluntarias de ellas. La libre elección de lo que se puede intercambiar y compartir no tiene límite -bienes, servicios, ideas, música, etc.-. La globalización no es más que darle a dicho intercambio un alcance cada vez más amplio, en cuanto a la geografía y diversidad cultural de quienes lo realizan.


La paradoja es que mientras en todo el mundo las personas abrazan con pasión la posibilidad de relacionarse libremente, sin importar fronteras -comprando, vendiendo o intercambiando ideas, fotos, experiencias segundo a segundo-, ciertos ideólogos y políticos insisten en imponer la perspectiva del daño que supuestamente genera el mercado, especialmente cuando logra alcance global.


En compañías como Amazon, millones de personas de todos los credos compran diariamente infinidad de productos de todos los precios. Instagram cuenta con la participación de 500 millones de usuarios mensuales, de los cuales, 300 millones están activos diariamente. Estos son solo ejemplos de un universo mayor que está recién emergiendo.


Al mismo tiempo, en Chile, el Gobierno se empecina en cercenar la libertad de elección de los ciudadanos -la limitación a la diversidad e independencia en educación son un ejemplo simbólico de ello-. Las posiciones anti mercado e integración expresadas en las primarias americanas, tanto por demócratas como por republicanos, también van en el mismo sentido. Sin duda, muchos votaron por el Brexit con temor a un mundo más global.


Hay claras razones para que parte de los políticos exacerben los supuestos peligros del mercado y la globalización.
Para muchos de ellos es una pérdida de poder, que limita sus posibilidades de beneficio personal o las de imponer su visión a los demás. Lo que en Chile acabamos de conocer respecto de la jubilación de la ex esposa de un líder socialista vociferante en contra de los privilegios de particulares, es una demostración más de que el poder también se busca para propio beneficio. Recordemos el caso cuando se vuelva a insistir en el viejo esquema de Estatizar los ahorros para la vejez. El tipo de abuso que hemos conocido pasaría a ser pan de cada día, como lo fue en el Chile de hace décadas.


Pero aun más nocivo que la búsqueda del beneficio personal puede ser pretender limitar la libertad de las personas en temas esenciales, en aras de una visión ideológica.
La Presidente Bachelet ha demostrado estar empecinada en estas materias. Al presentar el proyecto de educación superior nos dijo que quería asegurarse de que su visión quedara irreversiblemente plasmada hacia el futuro. Olvida que cuando se cercena el motor del progreso nada es irreversible. Los supuestos beneficios de los países comunistas que ella ha dicho que añora de Alemania comunista, tenían pies de barro y no se pudieron sostener. Su diseño del Transantiago solo sobrevive gracias a que la pujanza del resto de la economía, especialmente la no regulada, ha permitido hasta ahora financiar su mala concepción. Pero ha extremado su visión ideológica, y sus embates a la libertad de enseñanza y a la estabilidad Constitucional calan mucho más hondo que el Transantiago.


La desgracia es que si bien reformas mal concebidas finalmente fracasan, no se vuelve con facilidad a una senda de progreso. Las buenas intenciones y políticas del nuevo Gobierno argentino tienen al frente un muro de problemas que les pesarán por mucho tiempo. Venezuela, que acaba de militarizar su economía ante los problemas de abastecimiento, tendrá un arduo camino por delante el día que enmiende su rumbo.


Es cierto que aún no vivimos estas dificultades en el país.
Pero cada día la información económica es más consistente con un cuasi estancamiento. Con el último Imacec conocido podemos estimar que en los pasados cinco meses la economía se ha expandido un magro 1,7%. El segundo trimestre se visualiza más débil que el primero. El desempleo del INE está lejos del 9,4%, último dato de la Universidad de Chile. Pero en el Gran Santiago, el dato equivalente es ya de 7,3% y la ocupación asalariada disminuye. A nivel nacional, es el empleo por cuenta propia el que modera las cifras.


La autoridad económica ha hecho bien en reconocer que el crecimiento este año será menor al que preveía, centrándolo en 1,75%. Es valioso que recuerde, además, las implicancias en la recaudación Fiscal de esta nueva realidad. Ojalá modere los impulsos anti libertad y progreso imperantes.


En el plano externo, hay algunos aspectos que vale la pena destacar. El progreso mundial ha sido espectacular en las últimas décadas. Desde la integración de China al mundo, luego de la muerte de Mao, todos los que han querido ser parte del mayor intercambio se han beneficiado. Después de la crisis del 2008, el progreso ha sido menor, pero consistente. Ha superado numerosas crisis e incertidumbres. La velocidad con que los mercados mundiales dejaron atrás las dudas producidas por la votación del Brexit ha sido notable. En los últimos días se han rozado récords históricos.
Y no deja de ser paradójico que el menor crecimiento y la mayor volatilidad tienen, en parte, explicación en los nuevos intentos regulatorios lentos e inconsistentes de los burócratas que dificultan la estructuración de instituciones financieras nuevas y pujantes.


Uno de los aspectos que alimenta la visión anti mercado y globalización a nivel intelectual, son los datos que supuestamente muestran que solo se ha beneficiado una élite. Son esgrimidos con vehemencia y sin espíritu crítico por quienes, como Piketty y Sáez como ejemplos paradigmáticos, ven en ellos confirmar su teoría. Aseveran que en base a los datos de declaraciones de impuestos en EE.UU. se demuestra que entre 1979 y 2007, el 91% de la ganancia de productividad lo recibió el 10% de la población y solo un 9% quedó para el 90% restante; de igual modo, se postula que ese 90% solo vio su ingreso crecer en un 5% mientras que el producto per cápita subía 74%. Estas cifras claramente no representan la realidad. La evidencia práctica de mayor bienestar en todos los aspectos del consumo e incluso la opinión de los mismos afectados lo ratifica.


Indicábamos hace unos meses que entre muchos análisis que desmienten esos datos, los del profesor Stephen Rose, en base a información de diversas fuentes, entre otras la de la Oficina de Presupuesto del Congreso, son dignos de estudiar. Todos los grupos mejoraron notablemente en el período.
Es cierto que dentro de EE.UU. y en un mundo más competitivo mejoraron menos los menos calificados. Pero es dudoso que en una economía más cerrada lo hubieran hecho mejor en términos absolutos. Un trozo mayor de una torta más chica sería probablemente menor que lo que tienen hoy.


Finalmente, e
n el mundo globalizado que hoy vemos florecer indefectiblemente, es el intercambio voluntario lo que nos hará paulatinamente más iguales, con las desigualdades propias de la diversidad, y no la fuerza de una autoridad burocrática, muchas veces ni siquiera elegida popularmente, imponiendo requisitos previos para poder participar. Así es el caso de la Comunidad Europea. Los Gobiernos, a través de las exigencias de la burocracia de Bruselas, se han ido imponiendo condiciones previas para producir, comerciar e innovar, coartando la soberanía de culturas construidas por siglos. Si el Reino Unido post Brexit actúa teniendo ello en mente, puede transformar su país, según lo propuesto por George Osborne, hasta hace poco encargado de las finanzas, en un baluarte de apertura y oportunidades de crecimiento, a la par que respetuoso de sus tradiciones y costumbres. Serían con ello un positivo ejemplo para Europa. Por el contrario, si los ingleses miran hacia adentro y copian malos ejemplos que abundan en el continente, será un claro retroceso para ellos y el resto del mundo.



Reparto de pensiones,
por Axel Buchheister.


Se ha visto que en Gendarmería existía la práctica de ascender a ciertos funcionarios en situación de próxima jubilación a un grado elevado, con el consiguiente incremento sustantivo de remuneración, o de beneficiarlos con una suculenta asignación especial de “función crítica”. El beneficiado podía, incluso, esperar para jubilarse el mes de pago de un bono de desempeño, con un incremento adicional -aunque circunstancial- del sueldo y obtener así una pensión equivalente al “último mes”, no importando lo que hubiere cotizado.


Fue el caso de Myriam Olate, quien logró una pensión parcial de $ 5,2 millones. Parcial, porque sólo tenía 21 de los 30 años para jubilar con pensión máxima. Si los hubiera tenido, habría conseguido unos $ 8 millones de jubilación. Nos explicó que su caso hace ver la vergüenza del sistema de las AFP, en que se jubila en función de lo ahorrado, donde la gran mayoría de las personas lo hace con montos que no son ni la sombra de lo que ella merecidamente ha logrado con el “sistema de reparto”. Una pensión que triplica el sueldo que tenía al asumir este Gobierno.


¿Cómo se llegó a esto? Con Leyes que se hicieron sin atender a razones técnicas. Cuando el “Movimiento Lautaro” mató a cuatro Gendarmes para rescatar a un preso suyo, se tomó nota que los custodios de prisiones, que tienen un trabajo de alto riesgo, carecían de un sistema de protección de accidentes del trabajo, el que si bien era obligatorio para el sector privado, el Estado no se lo exigía a sí mismo. Pero en vez de corregir esto -como años después se hizo para todos los funcionarios públicos-, se tomó una medida más popular: traspasarlos a Dipreca y sacarlos del sistema de AFP, mezclando en el problema las pensiones de retiro. Así el gremio de los Gendarmes quedaba feliz, ya que además de la protección de accidentes laborales, podían jubilarse prematuramente, lo que no pagarían ellos, sino otros.


En el traspaso se incluyó a los funcionarios civiles, que no comparten los riesgos de un Gendarme, ni hay razón para que se jubilen anticipadamente, que pudiera haberla tratándose de los últimos, pero en tal caso la solución razonable es que el Fisco pague una cotización adicional en el fondo de pensiones. Como debiera hacerse con las FFAA y Carabineros, cuyo sistema de pensiones está en una profunda crisis financiera.


Luego vino la Ley que otorgó retribuciones adicionales para funciones críticas, que incluyó a Gendarmería, y que posibilitó elevar las remuneraciones en los términos ya anotados. Nadie se preocupó de sustraer esos montos de la base de las pensiones o exigir, al menos, que éstas se calcularan sobre un promedio de las remuneraciones percibidas. El Gobierno anterior se dio cuenta de la situación y mandó un proyecto de Ley que excluía a los funcionarios civiles, pero fue rechazado en el Congreso porque los Parlamentarios no toman medidas impopulares.


Los abusos que hemos conocido eran predecibles, pero no se hizo nada efectivo para prevenirlos o ponerles atajo. Es lo que pasa cuando las pensiones las financia Moya en un sistema que sugerentemente se llama de “reparto”.



Gobernando los mercados,
por Luis Cordero Vega.


La semana pasada se obtuvieron dos importantes resultados en el Congreso para el adecuado funcionamiento de los mercados. Por un lado, fue despachado el proyecto de modificaciones a la legislación de libre competencia, y por otro, se avanzó sustancialmente en la creación de la Comisión de Valores, consagrando la delación compensada en términos amplios.


¿Por qué son importantes estas dos reformas? Disciplinar los mercados es una cuestión elemental para lograr el funcionamiento de una economía justa y sin privilegios. Como ha señalado Von Wallwitz —interpretando las lecciones de A. Smith—, "el Estado debe velar para que no le engañen unos cuantos avispados, pues de otro modo la riqueza y el bienestar acabarán en manos de unos pocos en perjuicio de todo el país".


El proyecto aprobado en libre competencia no sólo establece un nuevo ilícito anticolusorio, sino que además permite la delación compensada eximiendo de la sanción al primer delator. Además, establece reglas de coordinación con la persecución penal, regula las operaciones de concentración y dispone del establecimiento de acciones de clase para los consumidores, entre las más relevantes.


Por otro lado, el Ejecutivo aprobó en el Senado la delación compensada en materia de reforma a la institucionalidad del mercado de valores. Aunque algunos se han opuesto a esta regla, porque no sería una figura igualmente relevante como en libre competencia, esa opinión incurre en un error sustantivo.




La crisis de 2008 dejó en evidencia las capacidades limitadas de los reguladores financieros para detectar la operación de carteles que, encapsulando operaciones y funcionando en espacios de arbitraje regulatorio, cometían ilícitos de difícil o imposible detección. En los mercados financieros —a diferencia de lo que puede suceder en otros ámbitos— esas operaciones no sólo terminan por perjudicar a los accionistas y clientes, sino que pueden producir un efecto sistémico desastroso que compromete el funcionamiento de la economía del país, afectando especialmente al empleo.


Por eso utilizar la delación compensada en mercados financieros —de un modo equivalente a como ha sido aprobado para libre competencia— es una medida correcta. Las experiencias comparadas demuestran que, una vez puesta en marcha esta herramienta, la detección de carteles aumenta, los riesgos sistémicos se reducen y se da origen a programas de cumplimiento que los operadores del mercado deben llevar a cabo.


A veces la contingencia impide ver resultados positivos. Por estos días el Ejecutivo y el Congreso han avanzado con la aprobación de herramientas útiles para que los mercados funcionen de un modo leal, algo de lo cual nos beneficiamos todos.



¿Hay o no futuro?,
por Héctor Soto.


¿Cuánto tiempo hace que el futuro, el largo plazo, la meta a la cual nos gustaría llegar, dejó de ser tema en la sociedad chilena? ¿Qué ocurrió que ya no es parte del imaginario nacional? No solo eso: ¿hasta cuándo vamos a seguir hundiéndonos en las escaramuzas políticas del pasado o del día a día, mientras todos los indicadores de la vida pública, desde los anímicos hasta los económicos, dan cuenta de que vamos por mal camino?


Las oportunidades que Chile se ha estado farreando en los últimos tres años -porque la deserción comenzó antes, apenas quedó claro que Michelle Bachelet regresaría a La Moneda sí o sí- son imperdonables y múltiples. Tanto es así que a los observadores extranjeros les resulta difícil entender por qué a un país al que le estaba yendo bien -y extraordinariamente bien, si se quiere, en el contexto regional- y que había dado un salto cualitativo en la escala de sus preocupaciones, ahora, por un asunto que es de pura desconfianza en nosotros mismos y en lo que estábamos haciendo, esté tan complicado y sumido en la depresión.


Por cierto, había problemas. Por cierto ni el Estado ni el mercado estaban respondiendo como el país quería en todos los ámbitos. Era mucho que había que corregir, perfeccionar, complementar. En sus líneas gruesas, sin embargo, el proceso iba bien encaminado.


Ahora, cuando todo cambió, se diría que los horizontes de la discusión se achicaron o degradaron. Y aunque el fenómeno ocurrió por dinámicas que son complejas, lo concreto es que el país pujante de ayer ha vuelto a toparse con los fantasmas del desempleo y la polarización. Las inversiones se evaporaron, el desarrollo se frenó y el gran dilema de muchos actores económicos -errados o no- es si irse o quedarse. Hacienda, que en otro tiempo gastaba imaginación en contener los riesgos del sobrecalentamiento, ahora se dedica cada dos o tres meses a recortar las proyecciones. Como de modernización nunca más se volvió a hablar, reaparecieron en el aparato estatal, no solo por lo ocurrido en Gendarmería, los viejos tumores del clientelismo político, la desidia, la captura de privilegios y la corrupción. Ya la pregunta dejó de ser adónde queremos ir. Hoy con suerte nos estamos preguntando hasta adónde nos podría alcanzar con el combustible que nos queda.


Nadie está contento. No lo está desde luego la derecha, que de un día para otro se dio cuenta de que el puro crecimiento y la sola eficiencia no generan capital político; ni el centro, que mintió compartir por razones de oportunismo político un programa de Gobierno que traicionaba sus convicciones, y tampoco lo está la izquierda, que al menos en privado acepta que las reformas se han estado haciendo tan mal, con tanta chapucería e irresponsabilidad, que ya no hay modo de reflotarlas. Ni siquiera está muy contento el gobierno, desgarrado por divergencias y tensiones internas.


Pretender que la administración pueda recapacitar a estas alturas, más que una quimera, es simplemente una bobería, sobre todo después que Jorge Burgos quemara sus naves en las playas del realismo y la gradualidad. Las cartas ya están jugadas y pocas veces un Gobierno mostró mayor rigidez que el actual en términos de ataduras ideológicas y de incapacidad para adaptarse a las circunstancias y leer la realidad. De su lado, por lo tanto, nada más cabe esperar. Esto era y esto será. Al margen de que las cosas empeoren o sigan como están, el Gobierno hasta aquí llegó.


Lo que cuesta aceptar es que esta también sea la fatalidad del país. Quizás esta resistencia es lo que está detrás de las candidaturas o precandidaturas Presidenciales que se están perfilando. A ellas les va a corresponder convencer a los chilenos de que hay vida -margen de acción, oportunidades, futuro- después del desastre. Lo tendrán que hacer desplegando con claridad sus respectivos proyectos porque, en principio, al menos -en función de la mala experiencia de estos años- la ciudadanía no va a estar disponible para volver a comprarse eslóganes y soluciones mesiánicas como las que encarnó Bachelet, con mucha emoción y muy poca cabeza.


Si eso llegara a ser así, y si el populismo no vuelve a meter la cola, la próxima elección Presidencial, con todos los candidatos mostrando honestamente sus cartas, podría ser una experiencia bastante nueva en Chile. Confrontar proyectos de país envuelve para la derecha no sólo el desafío de explicitar lo que no le gusta del Gobierno, cosa que es fácil, sino el de señalar hacia dónde cree que hay que ir, cosa que es bastante más desafiante y que aún no ha hecho. Lo mismo corre para el centro socialdemócrata y el centro DC: ya no podrán seguir culpando a la derecha de sus inmovilismos y tendrá que aclarar si están por un desarrollo capitalista con énfasis social o por persistir en nuevas aventuras refundacionales. Hasta la izquierda más dura debería clarificar posiciones, puntualizando qué salva, qué reprueba, a qué le ve algún destino entre todo lo que se hizo en estos dos años y de qué modo espera proyectarlo.


¿Serán capaces las fuerzas políticas de plantear sus opciones con franqueza? La pregunta es menos ingenua de lo que parece. Y lo es porque la política chilena ha estado jugando durante demasiado tiempo con las máscaras. De hecho, los cuatro Gobiernos de la Concertación ganaron con un discurso de cambio y Gobernaron, en la práctica, desde el continuismo. El de Piñera prometió que no iba a mover mucho el bote y que se limitaría básicamente a hacer las cosas mejor que los anteriores.


Está bien: era lo que convenía o lo que se podía. El asunto es que, en mayor o menor medida, renunciaron no sólo a explicitar el futuro, sino también a construirlo. Eso, que pudo de ser suficiente en su momento para retener o conquistar el poder, hoy a todas luces ya no lo es para sacar al país adelante.



Mecánica electoral,
por Eugenio Guzmán.


Insinuaciones, declaraciones de intenciones de participar en primarias o primera vuelta, candidaturas abiertas y hasta renuncias a los partidos: la enjundia Presidencial se ha tomado la semana. ¿Era previsible? En la medida que la popularidad del Gobierno disminuye surgen incentivos para que los partidos —oficialistas y de oposición— busquen posicionarse. Además, los candidatos y partidos que desean desafiar el statu quo, ya sea para obtener ventajas electorales o para llevar adelante sus agendas, tienen una oportunidad invaluable.


Cuando existe un candidato posicionado, como es el caso de Piñera, estas razones adquieren mayor peso. Lo mismo es válido para las precandidaturas de Lagos, Allende, Ossandón, Guillier y los que aparezcan. Hasta que no estén definidas las precandidaturas finales, habrá un constante movimiento de audiencias a favor de uno u otro candidato, siendo el hito central lo que suceda después de las Municipales.


La mecánica electoral genera presiones para que el proceso se acelere después de la Municipal. Que los partidos puedan postular en bloques o listas no disminuye la tentación de crear nuevas formaciones, y que la competencia al interior de cada bloque sea aun mayor que con el binominal. Al aglutinar Distritos y aumentar el número de cargos, candidatos que antes competían prácticamente solos, o que compartían lista con un candidato débil, ahora deberán enfrentar a postulantes fuertes de sus partidos y listas. El contendor no estará al frente, sino al lado.


Más cupos también incentivan a que quienes van a la reelección sean muy celosos de quién será su compañero de lista. Los que van por primera vez enfrentan una triple carga: hacerse conocidos, competir con el incumbente y con los candidatos de las otras listas. Que las listas deban contener una cuota de género (40%) genera otros desafíos a la ingeniería electoral. Y, como la probabilidad de obtener un escaño para un partido pequeño en la lista crece, las presiones son aun mayores.


La mecánica Presidencial y Parlamentaria requiere un nivel de alineación y ajuste difícil de lograr, pues supone altos niveles de acuerdo. Ello pasa por muchas negociaciones, ya sea para no debilitar al candidato del bloque o a los postulantes al Congreso. De otro modo habrá más "descolgados", con mayor capacidad de daño electoral.



Insaciables Cocodrilos,
por Fernando Villegas.


El caso de la ex señora de Osvaldo Andrade, conocido y locuaz Benefactor del Pueblo, así como el caso de un “actor social” que contaba ya con un expediente de beatificación en el Vaticano pero que, pese a eso, ha financiado sus diligencias como dirigente y su campaña como candidato a Diputado con dineros provenientes del arcón del enemigo -aunque se trataría de un lamentable caso de excesiva inocencia; el receptor de los dineros, lejos de ser cómplice, sería víctima de las acciones corruptoras de la derecha- nos ilustran de modo pintoresco y anecdótico que no hay modo de satisfacer a un cocodrilo hambriento, pero además tampoco es fácil reconocerlo porque suele deslizarse disfrazado de inocente tronco o aguarda su presa escondido en el agua cenagosa.


Posiblemente, nos ilustra “Animal Planet”, sea casi tan insaciable como los lobystas y los operadores políticos.


Hay quienes han pretendido domesticar a unos y a otros, a cocodrilos, lobystas, operadores y camaradas por igual, pero hasta la fecha han fracasado.
Por muchas salchichas que les arrojen, siempre piden más y no dejan de apuntar hacia el aterrado benefactor una bocaza repleta de filosos dientes. Cada porción adicional no aplaca sino aumenta su hambre. Al final el amable distribuidor de salchichas, sea el amaestrador o el Estado, termina como plato de fondo. El cocodrilo, sin embargo, podría argumentar en descargo que es un niño de pecho en comparación con la clase política, infinitamente insondable en sus demandas y depredadora en casi todos sus actos. Podría decir que a él sólo lo mueve el hambre fisiológica, mientras a sus colegas de depredación los moviliza el apetito, de naturaleza cerebral y por ende sin fondo conocido.


La ex señora de Andrade, es verdad, hizo algunos méritos; laboró 21 años despachando -con estufa y vaporosa tetera debajo del escritorio- tal vez hasta un comunicado de Gendarmería a la semana, pegando recortes de prensa para el jefe y posiblemente dirigiendo la revista institucional para informar a los funcionarios que el equipo de baby fútbol de Punta Peuco ganó 5 a 4 al de la cárcel pública de Santiago. En su último período esa ardua labor le significó un salario de media docena de palos o más y cuando jubiló logró una apetitosa pensión de unos cinco millones. Al hacerse público dicho milagro administrativo, en el acto hizo estallar un escándalo. A raudales brotó la irritación envidiosa de don Juan y doña Juanita, la plancha de su ex marido fue colosal, la del partido de la señora – el socialista- no fue menor, hubo los habituales anuncios de “Tribunales Supremos”, se presentaron demandas Judiciales, se iniciaron investigaciones y la prensa y las redes sociales dedicaron casi todo su espacio y su tiempo paleando carbón al horno de la ira pública.


Y sin embargo, ¿qué hizo ella de distinto a lo que haría cualquier otro ciudadano si se le ofreciera una pensión de ese calibre? Seguramente en cinco minutos ya habría encontrado buenas razones para justificarla y legitimarla. ¿Quién está en condiciones, en Chile, dulce patria de la deshonestidad expresa o tácita, de arrojar la primera pensión?


Los Insaciables.
La ex señora Andrade no está sola en su disfrute de tan generoso aporte del Estado. Muchos funcionarios de la misma repartición se beneficiaron de algo parecido, aunque su número no es nada comparado al de los MILES de camaradas, combatientes y comandantes de ambos sexos que han entrado a la administración pública para promover la causa popular. Aun no jubilan, pero si algún día se descubre su insuficiencia y los despiden, entonces podrán alegar la patética condición de “exonerados”, esto es, de víctimas, con la cual adquirirán derecho legal y moral para estirar la poruña.


Pero si por razones de alta política se abrieron las Grandes Avenidas del saqueo al erario público y los camaradas se han puesto insaciables, no son los únicos a merced de dicho impulso tan primario. Insaciables son los estudiantes, quienes partieron con el humilde tema del carnet escolar y ahora no están satisfechos con que un 70% de ellos obtenga total gratuidad para la universidad, nada menos. Insaciables son los dirigentes sindicales no bastante contentos con sus fueros, cotizaciones y cómodas jornadas laborales, por lo cual pretenden ahora el monopolio, al estilo de El Padrino, del manejo de todo lo que los trabajadores pretendan, demanden o ambicionen. Insaciables son los rectores de las universidades tradicionales pues no cejan en encontrar “insuficientes” los aportes basales donados para la alimentación de sus caimanes académicos. Insaciables son las demandas de ese barril sin fondo que es la salud modelo 2016, la cual recibe un aporte Fiscal tras otro sin más resultado que déficits en escala cada vez mayor. Insaciables los profesores, el grupo que más aumentos ha recibido en los últimos diez años, pero siempre dispuestos y ganosos para exigir otros nuevos. Insaciable el sector público, cuya productividad es discutible y/o se mide por los estorbos que pone en el camino de los privados. E insaciable es la oligarquía política, la cual por el afán de satisfacer sus ambiciones, está dispuesta a transar con el Diablo a cambio de dinero para empapelar el país con sus gigantografías.


El Chancho y el Afrecho.
Enormemente injusto sería concentrar el tema de la insaciabilidad en las personas y sus presuntas “malas prácticas”. Ninguno de los protagonistas es otra cosa que un ser humano, frágil criatura a merced de todas las tentaciones. Cabe aquí un simple silogismo: “Todos los humanos son insaciables, Pedro, Juan o Diego son humanos, ergo, son insaciables”. Más vale centrar el análisis en las condiciones que permiten crecer dicha propensión más allá de lo que es normal y tolerable. Y aceptado ese punto es cuando y donde entra a tallar en el debate no el tema de la presunta “mala práctica”, sino el del una mala política. En efecto, la insaciabilidad que ha llevado y sigue llevando a toda laya de distorsiones se ha manifestado y ha crecido porque ha sido abonada a porfía. Se le ha dado abundante afrecho. En verdad se le dio afrecho aun antes que los actuales Gobernantes entraran a la bodega donde se guardaba el ahora agotado producto. Se prometió a borbotones y desde el primer día se estuvo dando sin que hubieran “brotes verdes” para reproducirlo; además y a poco andar el chancho engordado se convirtió en un cocodrilo famélico que no se llena con nada.


Estas políticas alimenticias jugando contra el tiempo tienen nombres glamorosos: pensiones “dignas”, inversión social, emparejamiento de la cancha, subsidios, deuda histórica, aportes basales, equidad, gratuidad, etc. Y al mismo tiempo estas políticas tienen resultados desastrosos, como lo vemos en un caso extremo, de caricatura, con el proceso revolucionario y bolivariano de Venezuela en virtud del cual miles de ciudadanos de esa nación, lucero de Latinoamérica a juicio del Senador Navarro, deben cruzar la frontera hacia Colombia para ir a comprar papel higiénico. Venezuela sencillamente agotó su stock de salchichas.


El cocodrilo.
Todo eso es lo que hace del cocodrilo una metáfora servicial porque, como sucede con las masas, es muy difícil convencerlo de que se acabaron las salchichas. El Gobierno sabe que debe interrumpir o acotar el suministro, pero no quiere hacerlo con la voz y el rostro de Su Excelencia, de modo que endosará el deber y el poco querer al Ministro Valdés. Sin embargo a La Moneda no le será posible lavarse las manos. Hay un solo Pilatos, el PC, el cual desde la cómoda postura de un pie en el Gobierno y otro en la calle afirmará que se privilegia la satánica calculadora financiera del capitalismo en vez de priorizar al encantador mantra “cambiar las estructuras”. Todos los demás habitantes de Palacio quedarán haciendo de Herodes y no se avizora cómo se sacarán el bulto. O tal vez se lo sacarán con un último espasmo de voluntarismo suicida y seguirán adelante con la idea de resolver “la cuestión del poder”.


Después ya se verá si el país sigue a flote.



Todos somos Europa,
por Cristina Bitar.


En el curso de pocos días, Europa ha hecho noticia por hechos que tienen un mismo eje: los peligros del conflicto entre tradición y modernidad, y la incertidumbre por el futuro.


El Viejo Continente es la expresión histórica de nuestra civilización, una cultura que se ha sobrepuesto a las amenazas que han arriesgado su supervivencia. Sólo en el siglo XX resistió la barbarie nazi y la bota comunista. El liderazgo de Churchill, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, unido al poderío norteamericano, hizo que, al final de la centuria, el Tercer Reich fuera solo un recuerdo. Los restos de los campos de concentración son sólo el recuerdo del horror y el derrumbe del Muro de Berlín sepultó más de cuatro décadas de Guerra Fría.


Sin embargo, Europa vuelve a estar bajo una amenaza de desestabilización brutal, sólo que, a diferencia de los peligros pasados, el de ahora es difuso. Medio siglo del llamado Estado de bienestar ha generado una combinación imposible de administrar en el mundo globalizado actual: economías incapaces de competir con los países emergentes —especialmente de Asia—, pero que siguen atrayendo a millones de inmigrantes que buscan seguridad y estabilidad social.


La resistencia de las naciones europeas a asumir los cambios inevitables se refugia en el mito xenófobo, que culpa a la inmigración de todos sus problemas. Allí estuvo el principal argumento de los partidarios del Brexit, que anticipaban la hipotética llegada de 70 millones de turcos si es que ese país ingresaba a la Unión Europea. Francia, con siete millones de ciudadanos musulmanes que no encuentran espacios reales de integración, viviendo en auténticos guetos, tiene una verdadera bomba de tiempo en su interior. Y Turquía, que en todo sentido es la frontera y la puerta del continente, sufre precisamente de su condición de ser una especie de moneda de dos caras: una mira a Europa y la otra, al Oriente. En esa posición, la tensión cultural y geopolítica ha hecho crisis a consecuencia de la presión que ejercen sobre ella Occidente y el Estado Islámico.


Lo que le sucede a Europa, le sucede a nuestra civilización y, por lo tanto, nos ocurre a nosotros. Por eso, parafraseando al Presidente Kennedy, todos somos europeos y no podemos mirar desde fuera lo que ocurre al otro lado del charco: tarde o temprano viviremos los efectos y el desenlace de esta crisis. Además, este conflicto de Europa también se puede ver reflejado, de alguna manera, en nuestro país. El avance hacia un Estado de bienestar expansionista y una política de inmigración laxa, que no tiene por objeto la integración, pueden también convertirse en una bomba de tiempo. No hemos importado los conflictos religiosos, pero sí estamos iniciando un proceso similar que debiera llamarnos la atención.



Dispersión política,
por Max Colodro.


El Senador Manuel José Ossandón renunció a RN con lo que se suma a la decisión tomada hace unas semanas por el Diputado José Antonio Kast de abandonar la UDI y preparar una candidatura independiente para competir en primera vuelta. Con el desembarco de Ossandón en la centroderecha ya hay cuatro opciones en carrera: las dos mencionadas corriendo por fuera de Chile Vamos, el ex Presidente Sebastián Piñera y el líder de Evópoli Felipe Kast dispuestos a disputar una primaria. Si este escenario es el que termina al final imponiéndose, habrá tres candidatos del sector compitiendo en la próxima elección Presidencial.


En la centroizquierda el panorama no se observa menos despejado: las señalas públicas hasta ahora hacen previsible una primaria de la Nueva Mayoría donde se enfrenten el ex Presidente Ricardo Lagos, junto a los Senadores Isabel Allende y Alejandro Guillier; un cuadro que con seguridad forzaría a la DC a presentar también una alternativa, para no quedar completamente fuera y desdibujada.


Asimismo, aunque el oficialismo logre articularse en torno a una sola candidatura, es muy probable que desde la izquierda surjan más opciones. En efecto, a pesar de las críticas por el financiamiento de su anterior campaña, Marco Enríquez mantiene un respaldo importante en las encuestas, que anticipa un lugar casi seguro en la papeleta de primera vuelta. Y sectores vinculados a la izquierda social y ‘autónoma’ buscan también estar presentes; de hecho, se encuentran evaluando alternativas que van desde el ex dirigente sindical Cristián Cuevas, hasta el actual rector de la U. de Chile Ennio Vivaldi.


Pero eso no es todo; hay también fuerzas que se han descolgado de los bloques tradicionales, y que buscan representar una alternativa de centro que pueda llenar el vacío que la DC ha ido dejando en los últimos años. En ese esfuerzo convergen Amplitud, cuya opción Presidencial es la senadora Lily Pérez, y Ciudadanos, que tiene como candidato al ex Ministro Andrés Velasco. Se ha plantado la posibilidad de que ambas fuerzas realicen entre sí una primaria, pero no es descartable que, al final, los dos terminen optando por perfilar sus proyectos políticos compitiendo en primera vuelta.


Así las cosas, por primera vez desde el retorno a la democracia proliferan alternativas que generan un escenario de alta incertidumbre, donde las debilidades del actual liderazgo de Michelle Bachelet incentivan a su vez un adelantamiento de los tiempos. Es cierto: en la Presidencial de 2013 hubo nueve candidatos en primera vuelta, pero en esa oportunidad el enorme respaldo a la opción de la actual Mandatario hizo que el resultado de dicha contienda tuviera grados muy bajos de incertidumbre. Hoy, en cambio, no hay aun candidatos con niveles de apoyo destacables, todos tienen márgenes abultados de rechazo o, al menos, de indiferencia.


La atomización puede restar votos en primera vuelta a los candidatos de los dos bloques principales, pero paradójicamente podría ayudarlos a asegurar su paso a la segunda contienda. Volveríamos así al escenario de siempre. Con todo, la dificultad que anticipa este escaso entusiasmo por las actuales opciones, viene a sumarse al preocupante grado de deterioro de los partidos, un cóctel que ya muestra una de sus primeras y delicadas consecuencias: más de treinta colectividades se encuentran hoy en vías de inscripción legal. En síntesis: pura y preocupante dispersión.



Adelantamiento de la carrera Presidencial.


Aun cuando resta todavía un año y medio para las próximas elecciones Presidenciales, la carrera por alcanzar la primera Magistratura parece estar adelantándose. El ex Presidente Ricardo Lagos confirmó hace algunos día que “lo estaba pensando”, no obstante que se esperaba alguna definición de su parte recién en marzo del próximo año, según él mismo lo había declarado. El ex Presidente Sebastián Piñera, si bien ha evitado pronunciarse en la materia, últimamente también ha estado activo en la elaboración de ideas y planteamientos sobre el futuro del país. Otras personalidades tanto de la Nueva Mayoría como de Chile Vamos también han hecho ver sus intenciones Presidenciales.


Las razones para este fenómeno parecen ser variadas. Desde luego, resulta natural que ante la proximidad de las elecciones Municipales las distintas fuerzas políticas busquen potenciar sus candidatos asociándolos con figuras bien posicionadas en la carrera Presidencial. También puede incidir la necesidad de comenzar a marcar presencia en ciertos estudios de opinión pública, cuyo trabajo de campo podría estar llevándose a cabo o pronto a iniciarse. Esas variables no podrían desestimarse, pero probablemente el factor más incidente tiene que ver con la sensación de vacío que se produce cuando un Gobierno se debilita políticamente -tanto la gestión Presidencial como de Gobierno se encuentran en sus niveles más bajos de aprobación-, acompañado de un cuadro económico muy poco favorable, con perspectivas cada vez más negativas en cuanto a crecimiento y empleo.


Frente a ese vacío aparece la oportunidad de volver a posicionar ideas y orientaciones que permitan trazar un camino distinto al que se ha seguido hasta ahora, caracterizado por un ánimo reformista que ha desoído el saludable consenso técnico y que ha optado por llevar adelante un programa en su vertiente más ideológica. El adelantamiento de la carrera Presidencial parece ser reflejo de un cierto desgaste, y en la medida que las distintas fuerzas buscan cómo posicionarse podría ocurrir que el debate experimente un giro y se oriente hacia los cambios que el país requiere. Sin embargo, una prematura entrada a la contienda electoral también tiene el potencial de debilitar a un Gobierno, lo que no resulta inocuo, por el riesgo de que se dispersen energías y la agenda Legislativa termine trabándose.


En medio de este cuadro, llama la atención que sean dos ex Presidentes los que aparezcan posicionándose en la arena electoral. Ambos representan opciones moderadas, cuyos respectivos Gobiernos mostraron cifras saludables en cuanto a resultados económicos y fueron capaces de generar altos niveles de confianza, porque siempre prevaleció la noción de que los grandes consensos finalmente resultaban útiles para asegurar la sustentabilidad de cualquier proceso de reforma. Ambos ex Presidentes mantienen diferencias en una serie de ámbitos -la pertinencia de cambiar la Constitución es uno de ellos, y probablemente también hay diferencias profundas en cuanto al tamaño del Estado-, pero en sus intervenciones públicas ambos han tratado de elevar la mirada, pensando en aquellos grandes desafíos que deberá enfrentar el país en pleno siglo XXI, desconfiando del reformismo. Puede haber aquí una oportunidad para rescatar miradas más reflexivas y de largo plazo.



Facebook y conversaciones secretas.


Según anunció en los últimos días, Facebook incorporará "conversaciones secretas" —o sea, encriptadas— a su plataforma Messenger. La aplicación, que en 2014 tenía 200 millones de usuarios mensuales, hoy suma 900 millones, aproximándose velozmente a los más de mil millones de WhatsApp, también de Facebook.


El anuncio de las "conversaciones secretas" crea la ilusión de que existe un fortín para cada vida privada. Pero persisten muchas dudas sobre la real seguridad de los datos personales. Om Malik, emprendedor digital y ex periodista, dijo hace un par de meses al diario británico The Guardian: "Oyes el cacareo de que Facebook está conectando al planeta, pero decir que lo hace por razones de benevolencia es un sinsentido. Está conectando el comercio, no a las personas".


Europa ha reaccionado al vasallaje de los datos personales, por ejemplo, con la Ley Orgánica 15/1999 de protección de datos de carácter personal de España y la Directiva 95/46/CE del Parlamento Europeo, que regulan y precisan las responsabilidades de los proveedores de servicios de redes sociales, en cuanto a la recolección, protección y manejo de los datos personales. Además existe el Memorándum de Roma, de 2008, que propone que cuando un usuario se registre en una red social exista por defecto una configuración respetuosa de la vida privada, modificable por el propio titular de la cuenta.


En Chile existe la Ley 19.628 de Protección de Datos de Carácter Personal, que data de 1999. Sin embargo, las más de 70 mociones parlamentarias introducidas desde entonces para perfeccionar el tratamiento de los datos personales dan cuenta de su insuficiencia orgánica.


Para reparar esta flaqueza, Parlamentarios han propuesto, entre otras medidas, consagrar en la Constitución el derecho a la protección de datos personales, y la modificación del artículo 1 de la Ley 19.628, para agregar el derecho de toda persona a exigir de portales, redes sociales y motores de búsqueda la eliminación de sus datos personales, incluido el curioso "derecho al olvido".


La reforma Constitucional está estancada en el Congreso, mientras que la modificación legal fue enterrada por el Gobierno para reiniciarla desde cero. Organizaciones de la sociedad civil, como la ONG Derechos Digitales, esgrimen la necesidad de promover una nueva Ley acorde con estándares internacionales, y que antes del "derecho al olvido" es necesario pensar críticamente el sistema de datos personales en Chile para que, por ejemplo, aquél sea una excepción y no una regla que choque con derechos superiores.


Otro de los puntos clave que debiera contemplar una Ley es que la protección de los datos personales debe ser un imperativo tanto para empresas establecidas en Chile como para aquellas transnacionales que hagan tratamiento de datos en nuestro país.

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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