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lunes, 17 de septiembre de 2012

Un poco de historia y algunas meditaciones…

.Acta de proclamación de la Independencia de

Chile firmada por Don Bernardo O´Higgins, la
que fue jurada el 12 de febrero de 1818,
decretándose la emancipación nacional.


Retrato póstumo de los forjadores de la
República de Chile. De izquierda a derecha:
José Miguel Carrera, Bernardo O'Higgins,
José de San Martín, Diego Portales.
(Imagen tomada de http://es.wikipedia.org/)

Chile festeja las Glorias del Ejército con la Gran
Parada Militar, en la que participan todas las
Ramas de las FFAA y de Orden, el 19 de
septiembre en el Parque  O´Higgins.






Fiestas Patrias,
¿Que Festejamos?




18 de septiembre.
El 18 de septiembre festejamos la constitución de la Primera Junta de Gobierno de 1810, suceso que podríamos considerar como el primer paso o el primer grito con que Chile iniciara la lucha por la liberación del país de la tutela del reino de España.



Aunque la Junta no constituyó un acto independentista como tal, permitió que los criollos buscaran y discutieran la mejor manera de dirigir a Chile,  tarea que no fue fácil, pues cada grupo  de quienes aspiraban a la independencia luchaban por imponer “su” mejor fórmula para el país.



La Junta  de Gobierno de 1810 permitió el nacimiento del período conocido como “Patria Vieja”, lapso en que se crearon la bandera y escudo nacionales, y se libraron batallas importantes contra el ejército español, momento histórico en  que se distinguieron nuestros  héroes nacionales Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera, entre otros.



Hasta el 18 de septiembre de 1810 Chile era manejado política y administrativamente al reino español, que por más de 300 años habían subyugado a los nativos de esta tierra, a la que además se habían integrado una mezcla hispano-indígena y los criollos nacidos en esta tierra.



Después de la “Patria Vieja” vino el duro periodo de la “reconquista”, en el que hubo fieros enfrentamientos con los españoles, con disimiles resultados, hasta que el  5 de abril de 1818, en la Batalla de Maipú, las tropas chileno-argentinas, dirigido por San Martín, pusieron el fuga a los realistas.



La emancipación de Chile se concretó el  12 de febrero de 1818 mediante el Acta de Independencia de Chile, aprobada por O´Higgins en Talca el 2 de febrero,  la que fue signada por el Director Supremo, Bernardo O´Higgins, independencia que España  reconoció el 24 de abril del 44.



19 de septiembre.
Desde el año 1915, bajo el Gobierno de Don Ramón Barros Luco, se celebra en esta fecha las Glorias del Ejercito Chileno, que se conmemora con la gran Parada Militar, en la que los soldados de todas las ramas de nuestras Fuerzas Armadas y Carabineros desfilan ante las Autoridades Nacionales e invitados especiales.



Así en el hoy llamado Parque O´Higgins las fuerzas de tierra, aire, mar  y de nuestra policía uniformada nos dan una demostración de sus capacidades, mostrándole al mundo la gallardía de esos hombres y mujeres que tienen la misión de proteger a nuestro territorio de agresiones exógenas y mantener el orden interno.




Se acabó el año... y no pasó nada,
por Francisco José Covarrubias.


Ha llegado el 18 de septiembre. ¡Ya estamos en octubre! Luego vienen las municipales. ¡Bienvenido noviembre! La Teletón, la Navidad, y el año se acabó. Nada inesperado pasa en Chile después de Fiestas Patrias. O casi nada...



Los agoreros de la revolución nos advirtieron que este año sería el año decisivo. Que después de los estudiantes vendrían las regiones. Que después de la educación lo que venía era el sector salud. Que después del movimiento estudiantil de 2011 este año sería mucho más masivo y más profundo. Todo eso se dijo. Y todo eso -casi con certeza- ya no pasó. El movimiento estudiantil se desinfló, los "indignados" desaparecieron de las calles y la efervescencia del "vallejazo" de 2011, definitivamente ya pasó.



La crisis institucional no era tal. El fin del capitalismo no llegó. Y las guillotinas aceradas que algunos "intelectuales" llamaron a preparar para la revolución que se venía tendrán que ser guardadas para otra ocasión.



Un país cuyas discusiones centrales son el margen de error de la encuesta Casen, el derecho que tienen los Ministros de comentar los fallos de la Corte Suprema o el límite de la reelección de los Parlamentarios, no es un país que está en crisis. Basta mirar a Argentina o Venezuela para saber lo que se discute en países con problemas institucionales de verdad.



Quedan, sin embargo, dos preguntas por resolver y una oportunidad por tomar.



La primera pregunta es práctica y atañe al Gobierno. ¿Por qué en un año que terminará siendo "tranquilo" -donde el fantasma de la ingobernabilidad desapareció- el Gobierno no ha podido despegar? La respuesta está en la política. Si bien los Ministros en general están bien evaluados (y en general lo están haciendo más o menos bien), es claro que persiste un déficit político importante. Con un Ministro del Interior que creyó que sería el próximo Presidente, y que terminó siendo irrelevante, y con un Presidente que no ha logrado encontrar la sintonía con la ciudadanía.



La segunda pregunta es más de fondo. Si no era la revolución, ¿qué era entonces?



No es fácil responderla. Pero parece ser que simplemente la gente se empoderó -en buena hora- y que no hay tolerancia con los abusos de las empresas y de la política. Pero la ciudadanía no espera que "se vayan todos" los políticos, ni el chileno quiere salir a quemar las empresas. Basta mirar, por ejemplo, la última encuesta CEP donde la mayoría dice que la principal responsabilidad por el sustento económico debe estar en las personas mismas. O la encuesta de la UDP, conocida esta semana, donde -por ejemplo- sólo una minoría plantea que los colegios subvencionados deben pasar a manos del Estado.



Los excesos del capitalismo hay que abordarlos, tal como lo pensaba el propio Adam Smith, con más competencia y con algo de regulación. El resto es música.



Detrás de las dos preguntas aparece una oportunidad dada por la coyuntura. Una Concertación que está destruida, pero convencida de que llegará al poder con Bachelet, ahora sí tiene incentivos para buscar acuerdos en materias que serán clave para el próximo Gobierno. Mal que mal, si no se resuelven ahora, las deberán resolver ellos si llegan al poder. El Gobierno debe aprovechar eso para consensuar los cambios que se necesitan hacer -por ejemplo en energía y política (binominal incluido)- y empujar el carro.



Pese a que este año "ha terminado" y que 2013 "está perdido" por las elecciones, hay espacio suficiente para seguir haciendo los cambios que Chile requiere. No para evitar la revolución, sino para seguir haciendo camino al andar...




Choque entre estilo y gestión,
 por Andrés Benítez.



Nadie discute que Obama es el Presidente con más estilo del mundo. La reciente convención demócrata fue una prueba más del extraordinario manejo de las formas de su Gobierno. Si hubiera sido una película, de seguro hubiera ganado los premios Oscar a la mejor producción, mejor guión y mejor actuación. Los magistrales discursos de Michelle Obama y Bill Clinton; el glamour de estrellas como Scarlett Johansson y Natalie Portman; la magia de los Foo Fighters interpretando su éxito My Hero. Por ello, cuando finalmente llegó el turno de Obama, el ambiente estaba preparado. Al Presidente le bastaron sólo 40 minutos de discurso para desatar la locura.



Pero todo este impacto de estilo choca con otra realidad. Obama no ha sido un buen Presidente, partiendo por una economía que no repunta y muestra un desempleo a niveles récord. La promesa de hace cuatro años de que Estados Unidos volvería a ser la tierra de la esperanzas no se cumplió, dejando el “yes we can”, el eslogan de su llegada a la Casa Blanca, como algo vacío, poniendo su reelección en duda, algo impensable hace poco tiempo.



Es interesante lo que sucede con Obama, porque de alguna forma es lo inverso que le pasa a Piñera. Nuestro Presidente es siempre criticado por su estilo: es poco carismático, le falta cuento y opera de formas poco adecuadas. Pero si ese es su problema, tiene a su favor un gran activo: puede mostrar resultados, especialmente donde su par norteamericano es más débil, que es la economía. Se puede decir, entonces, que ambos se mueven en mundos opuestos. Donde uno es fuerte, el otro es débil. La pregunta que salta a la vista es simple: ¿Qué es más importante? ¿Ser estiloso o ser eficiente?



Claro, desde el punto de vista país, siempre es mejor tener resultados que estilo. Pero desde el punto de vista político, la situación no es tan clara, y da la sensación de que ambas son importantes; que la gente toma el conjunto de las cosas, en una suerte de que no basta ser, sino también parecer. Esto es claro al mirar las encuestas. Ninguno es popular. Obama, antes de la convención, tenía un índice de aprobación de 39%, en tanto que un 54% de la gente rechazaba su gestión. Piñera, por su parte, tiene una aprobación de 36% y un 57% de rechazo.



En este contexto, ambos tienen un enorme desafío por delante. Obama, para demostrar que lo suyo no es sólo glamour y palabras bonitas, tiene una tarea gigantesca por delante. Piñera también, porque sus éxitos en materia de gestión siempre se ven opacados por la forma, algo que tampoco es fácil de cambiar. En el intertanto, los dos siguen jugando a lo suyo, con resultados inciertos. Obama, luego de la convención, subió su aprobación a 45%, demostrando que su estilo sigue vendiendo, pero sin claridad de que será suficiente para alcanzar la reelección.



Piñera, a punta de resultados, ha subido 10 puntos en las encuestas en los últimos seis meses, pero con un avance por goteo para el tiempo que le queda. Por ende, apostar a lo mismo parece insuficiente, y el verdadero punto de inflexión sucederá cuando ambos mejoren sus puntos débiles, haciendo que estilo y gestión no sigan chocando. Porque, al final, nadie duda que un poco de resultados le harían un favor enorme a Obama. Lo mismo que un poco de estilo ayudaría a Piñera en forma significativa.



La cueca larga
por Alfredo Jocelyn-Holt.


ES TIPICO nuestro, no tanto sentirnos nosotros mismos tal cual somos, sino preguntarnos incansablemente acerca de qué es “ser” chileno, qué es lo propio, cómo se nos ve desde afuera; últimamente, en qué lugar figuramos en las tablas comparativas respecto al mundo, si subimos, si bajamos, si nos cotizan.



Según Joaquín Edwards Bello, “carecemos de toda noción de nosotros mismos, por ello preguntamos afanosamente: ¿qué impresión habremos causado?”. Por eso recurrimos, además, a ese cuento publicitario de la “marca país” y a la fe incontrovertible en encuestas y rankings, a lo nuestro de siempre, a la constatación y rito obligado por estas fechas, el del sí, ay sí, si ya van 202 y a mucho orgullo somos y seguimos siendo lo que siempre hemos sido: “chilenos todos”. Nuestra “cueca larga”. En palabras de Pedro Balmaceda a fines del siglo XIX, algo agotado de tanto estribillo machacado: “Conozco gentes cuya vida no es más que una perpetua canción nacional”. Hoy diríamos “un eterno partido de fútbol” y aunque a menudo goleados, seguimos entonando “el canto de todos es mi propio canto”, el “si es con la camiseta puesta, qué más da, si somos chilenos todos”.



Me van a perdonar, pero ésta, la nacionalista, es como de curados y una pésima manera de pensar. No hay que ser entendido en fútbol para saber que no es aconsejable seguir comprometiendo tan humillantemente nuestro orgullo patrio en esa cancha; si ha de ser en deportes como nos definimos,  sería mejor que simplemente retomáramos el “palín” o chueca. De igual manera que no tiene mucho sentido seguir insistiendo en el huaso y en los caballos corraleros como íconos nacionales, no después de la reforma agraria, en un país 80% urbanizado, y que, de hecho, conoce (no digamos que las vacas) sólo la carne de asado comprada en un supermercado. Es tan así, gústenos o no, que no hay huaso hoy que no parezca disfrazado de huaso, o pelotero de pichanga de futbolista en serio.



Lo mismo ocurre con las encuestas. Los “encuestólogos” pretenden generalizar sobre el país a partir de muestras subjetivas (la vulgar y engañosa “doxa” que objetaba Platón), basados en universos escuálidos, y en preguntas las más de las veces tendenciosas, y eso que nadie los desmiente. Circula un “estudio” sobre la percepción de los chilenos sobre sí mismos. En una de sus entradas un 76% de los consultados afirma que es propio de los chilenos “no decir las cosas de frente”. La lógica me dice que de ser efectivo todas las respuestas consignadas en dicha muestra son discutibles (incluida esa respuesta) e invalida de paso todas las encuestas.



Criticamos a políticos, militares y curas, pero nadie pone en cuestión la prédica constante e irresponsable de sociólogos y encuestadores que, en nombre de cuantificaciones pseudocientíficas, osan hablar del estado de opinión del país sobre los más variados temas, empezando por los políticos (inflan a candidatos de por sí inflados) reduciendo posibilidades y afectando nuestro futuro.



Lo que de verdad importa -no es la “identidad”, tampoco una supuesta “opinión” media empadronada- es la historia y pensarla ilustrada e inteligentemente. Y esto de estar permanentemente mirándonos el ombligo (“Te pito o te henua”), ubiquémonos, es más polinésico que chileno.



La Casen en perspectiva.


Por más de 25 años la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) ha sido la fuente de información para el análisis de políticas sociales en nuestro país. Ella ha permitido documentar los cambios que Chile ha experimentado en materias educacionales y laborales, entre muchas otras. Ha influido en la forma en que los hacedores de políticas miran al país, dando oportunidad de estudiar en detalle los efectos de los distintos programas sociales. También el mundo académico se ha beneficiado de ella. El número de trabajos escritos sobre la base de sus datos ilustra la importancia de estas encuestas: una simple búsqueda en Google Scholars arroja más de 17.000 resultados para Casen.



Históricamente, los temas de pobreza y desigualdad han sido los predilectos de los expertos que trabajan con Casen. Esto no sorprende, pues como su nombre lo indica, esta encuesta nació por la necesidad de caracterizar las condiciones socioeconómicas de la población, y ha cumplido su propósito largamente. Chile cuenta con un reconocido prestigio en materia de estadísticas sociales, con series comparables a través de varias décadas. Pocos países de nuestra región pueden exhibir un récord parecido. Pero, más importante aún, menos son los que pueden mostrar el éxito que ha experimentado nuestro país en materias de reducción de pobreza e indigencia a lo largo de los años. Chile ha cambiado profundamente, y la Casen nos ha permitido recordar el pasado y estudiar el presente. Hoy, la preocupación es su futuro.



Pasado y presente
En 1987, según la Casen, más del 45 por ciento de la población vivía en situación de pobreza, y casi dos de cada 10 chilenos eran indigentes. Estas cifras hablan de un Chile pobre, con un ingreso per cápita bajo 2.800 dólares. En la década siguiente, el crecimiento económico permitió avances significativos en la batalla contra la pobreza. Sustentados en la acumulación de factores productivos y mejoramientos en eficiencia, en promedio crecimos casi 5% anual en los años 90, con un extraordinario período de expansión entre 1987 y 1995, en el que la tasa de crecimiento de la economía superó el 7% anual. Así, en 2000, la pobreza ya mostraba un importante retroceso respecto de los años 80, alcanzando el 20,2%. También la indigencia se redujo, llegando a 5,6% -un nivel inimaginable pocos años atrás-.



Durante los años siguientes, pobreza e indigencia continuaron reduciéndose, pero con menor vigor. Un nuevo impulso se dio en 2006, cuando la pobreza alcanzó un mínimo histórico de 13,7 % (la indigencia bajó a 3,2%). En su momento críticas metodológicas sugirieron que se podría haber subestimado el número de pobres, pero los estudios demostraron que la caída se produjo por un aumento significativo de los ingresos del trabajo de los primeros deciles, y por cambios demográficos en la población (hogares más pequeños), factores que también se explican por el crecimiento económico. La crisis mundial de 2008-2009 modificó el rumbo. La economía retrocedió -1,0% en 2009, la tasa de desempleo nacional estuvo en torno al 11% ese año, y el precio de los alimentos aumentó por sobre la variación del IPC. Como resultado, la pobreza aumentó a 15,1%. Las transferencias del Estado evitaron que ese número fuese aún más alto.



En 2011, una interpretación desapasionada de los resultados de la última Casen sugiere un estancamiento en la pobreza y una reducción significativa de la indigencia respecto de 2009. El crecimiento económico y la generación de empleos explican las mejores condiciones de los más vulnerables. Por otra parte, el estancamiento en la pobreza no debe sorprender. Los retornos del gasto social son decrecientes, y cada vez es más difícil identificar quién efectivamente califica como pobre. El desafío es claro: mejorar la eficiencia de las transferencias del Estado, que según la Casen superan los dos mil millones de dólares.



Cuestionamientos y futuro
Pero la Casen ha estado sumergida en la polémica. Primero se plantearon cuestionamientos técnicos que, desafortunadamente, fueron luego utilizados con fines políticos. Con todo, esto puede también responder a los cada vez más altos estándares técnicos que se exigen al país. Pero la clave es cómo se conducen y responden los cuestionamientos, y en esta dimensión la mala institucionalidad en torno a la Casen ha sido caldo de cultivo para quienes alimentan injustificadas suspicacias.



Por ejemplo, el ex funcionario de CEPAL a cargo de la Casen, Juan Carlos Feres, solicitó al Gobierno la publicación del pre-test sobre la base del cual él incorporó la pregunta "y11", lo que a la postre redujo la pobreza de 15 a 14,4%. En efecto, el Gobierno comunicó al experto la existencia de un pre-test que validaba técnicamente la inclusión de esa pregunta. Sin embargo, a juicio del experto, la polémica suscitada hace aconsejable que el Gobierno dé a conocer de inmediato dicho pre-test, indicando, además, que es necesario conocer qué institución lo llevó a cabo. Cabe presumir que el Ministerio de Desarrollo Social entregará un informe técnico preparado hace meses. Asimismo, sería conveniente que, para despejar dudas injustificadas, diera a conocer toda la información y la base de datos completa, en particular la variable "y11" que se debate. Se trata de demoras y postergaciones que pueden ser miradas como comprensibles o como retardos burocráticos, pero precisamente eso aconseja revisar la institucionalidad de la Casen.



El otro debate «verde» que llegará al Congreso.


El cariz medioambiental que han tomado los debates energéticos en los últimos años ha puesto en el tapete la necesidad de avanzar en regulaciones que sean compatibles con la preocupación por la contaminación y los riesgos de los que alerta la comunidad científica. Se percibe una creciente sensibilidad de la sociedad chilena al tema, preocupada, según la última CEP, por la contaminación del aire, la eliminación de la basura y la contaminación del agua, mencionadas por el 40%, 12% y 11% de las personas, respectivamente.



Esta avalancha ha irrumpido en el mundo político, haciendo que lo “verde” adquiera un atractivo altísimo, al punto que, cuando se diseñó la propuesta de reforma tributaria —que ya partía generando oposición—, se pensó que una buena forma de aunar fuerzas en pro de la iniciativa era ingresar un capítulo de “impuestos verdes” que convocara a diferentes sensibilidades. Un par de meses más tarde, sin embargo, fue uno de los ítemes sacrificados, pues se dio un consenso amplio en cuanto a que no era la manera adecuada para lograr que quienes contaminen paguen los costos por ello.



En Chile, el 40% de los residuos domiciliarios se van a vertederos y basurales, y el otro 60% a rellenos sanitarios. Se estima que sólo el 10% de ellos se “valorizan”, según un informe de la Conama de 2010. Estos residuos no reciclados generan costos ambientales y económicos. Entre los primeros, daños a la calidad del agua, emisiones de efecto invernadero, enfermedades, etc. En lo económico, suponen una carga para los municipios que deben manejar su disposición.



Las falencias de los «impuestos verdes». Partieron de un concepto correcto: gravar bienes que generan externalidades negativas, y se usan en otras partes del mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos se gravan las baterías y los neumáticos, y en Holanda y Dinamarca, los envases. En Chile, en la propuesta tributaria desechada, se sumaba, además, una lista que incluía aceites, pilas y ampolletas.



Sin embargo, los técnicos convocados a analizar la reforma advirtieron que, dado que la demanda por estos bienes es altamente inelástica (cuesta imaginar, por ejemplo, que el parque automotor se estanque por las alzas en las baterías), el sistema podría terminar operando sólo como mecanismo recaudatario, pero sin reducir las externalidades ni incentivar un menor uso de los productos involucrados. Además, se cuestionó en la tramitación la falta de evidencias para respaldar el criterio de selección de la lista de productos afectos al eventual impuesto.



Por último, surgieron temores de que los mayores costos que involucraría el tributo llevarían a las industrias intensivas en el uso de los productos gravados a retrasar acciones necesarias para resguardar la seguridad de las personas. Por ejemplo, se planteó el riesgo de que la industria del transporte pudiera terminar no renovando con la periodicidad adecuada los neumáticos de sus flotas.



Reciclar, reciclar, reciclar. El peso de los argumentos echó abajo la propuesta del Ejecutivo. En cambio, el Gobierno anunció que este segundo semestre enviaría un nuevo proyecto “verde”, pero no basado en impuestos sino que enfocado en el fomento del reciclaje, tema que desde hace largo venía trabajando el Ministerio de Medio Ambiente. El proyecto aún no se ha dado a conocer, pero para su elaboración se ha escuchado a diversas empresas que reciclan y a organizaciones dedicadas al tema. Se trata de una industria que, se estima, mueve hoy en Chile unos US$ 400 millones al año, y en la cual, lejos de lo que podría suponerse, participan importantes grupos económicos. Por ejemplo, Cristalerías de Chile (del grupo Claro) recicla botellas de vidrio hace 2 décadas, lo que representa un tercio de la materia prima que utiliza. Otro caso es el de Gerdau Aza que al año procesa medio millón de toneladas de chatarra de fierro (cuatro veces el Estadio Nacional, calculan). CMPC y otras grandes también están en este negocio que podría expandirse con el nuevo proyecto. Y precisamente el actual involucramiento de grandes empresas hace pensar que, más que a subsidios, como se ha planteado algunas veces, las políticas deben apuntar a sumar más actores.



El proyecto del Gobierno, según se ha conocido, sigue el concepto de la llamada «Responsabilidad Extendida del Productor» (REP), en la idea de que apunta a que el que produce el neumático, la pila, las baterías o los envases, entre otros bienes que contaminan, debe en algún grado hacerse cargo de lo que ocurra después de la venta y lograr el reciclaje. Se incluiría también un fondo que incentive el procesamiento. El modelo, que fue adelantado por Medio Ambiente en el contexto de la discusión tributaria pasada (lo que no quiere decir que se mantenga para el futuro proyecto pero da referencias), es de coordinación público/privada, con metas, plazos y planes de gestión por producto, y control y seguimiento.



Medio ambiente en el Congreso. De ingresarse prontamente, este proyecto entrará a un área legislativa que ha tenido muy poca actividad en los últimos meses: en el último medio año no se ha aprobado nada. Lo que ya está en trámite es el proyecto que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Verdes Protegidas, parte de la nueva institucionalidad medioambiental. Ingresó en marzo 2011 y sigue en primer trámite. Es un debate tan complejo —hay una pugna entre la preservación y el desarrollo sustentable— que se tuvo que convocar a un comité técnico para avanzar en el acuerdo.



Ante ese panorama, es de esperar que el proyecto de reciclaje, una vez ingresado al Congreso, dé pie a un debate serio y técnico, que supere las simplificaciones en que suelen caer los parlamentarios al tratar el tema y que ello permee positivamente en la opinión pública. Sería todo un giro en la forma de enfrentar los asuntos ambientales.



Efervescencia en el mundo musulmán.


Una película producida en Estados Unidos que ironiza con la figura de Mahoma ha provocado una dura reacción a lo largo del mundo musulmán, la que se ha traducido en ataques en más de una docena de países contra representaciones diplomáticas norteamericanas y en el asesinato del embajador de esa nación en Libia.



La violencia, que recuerda a la producida en 2006 luego de que un diario danés publicara caricaturas que representaban a Mahoma, parece haber desbordado a los gobiernos de la región, que intentan controlar a grupos que, en algunos casos, podrían actuar bajo el influjo de sectores salafistas o de Al Qaeda.



Los ataques sirven para recordar la extraordinaria fuerza y capacidad de movilización que conservan los grupos fundamentalistas en los países musulmanes. Estas fuerzas son capaces de organizarse con mayor efectividad gracias a las reformas democratizadoras que han sacudido a la región desde el estallido de la Primavera Árabe, que sacó del poder a numerosos gobernantes autocráticos e instaló en su lugar a autoridades que en muchas ocasiones han sido elegidas de manera democrática. La inestabilidad de los nuevos regímenes que han emergido en Medio Oriente y el norte de África es preocupante, y los disturbios que se han venido registrando esta semana sólo ratifican los riesgos por los que atraviesan sociedades que se encuentran en pleno proceso de cambio.



Para EEUU, los ataques constituyen un enorme desafío, en especial cuando se critica a Washington por haber perdido influencia en una zona altamente inflamable, dejando un vacío que puede ser llenado por enemigos. Los acontecimientos en Medio Oriente han puesto el foco de la campaña presidencial en un tema hasta ahora ausente de ella: la política exterior.






Señor Director:



Luz roja: Trilogía preocupante.



Hay tres fenómenos que se están percibiendo sombríos y que proyectan una situación de peligrosidad para la integridad política y moral del país. Son pivotes que recorren nuestra historia patria: su fisonomía política, sus Fuerzas Armadas y la Iglesia. Ellos han cimentado determinantemente nuestra libertad democrática, reciedumbre castrense y el ascendiente de la voz de la Iglesia.



Hoy se percibe una grieta que estaría atravesando estas tres columnas: en lo político, una reemergencia del PC, conservando intactos sus principios y sus métodos de acción en procura de la revolución con todo lo que ella significa como fin de la libertad y su imposición por vía de la fuerza.



En lo castrense, el debilitamiento inevitable y destructor de su vida profesional y exigencias del cumplimiento de su misión específica, por la interpretación equivocada de una ley.



Y en cuanto a la Iglesia, algunos lamentables episodios de desórdenes morales, tratados muchas veces de modo inadecuado, y de los cuales sus tradicionales enemigos, sin mirar ni de soslayo sus vigas oculares, están haciendo un caudal que le reste injustificadamente su ascendiente pastoral.



Urge reaccionar con sentido de bien público y justicia ante estas situaciones inquietantes.



Sergio Rillon







De nuestra realidad actual:

Una caricatura para alegrar este ''sanguche´´
entre días de fiesta y jolgorio celebrando a la
Patria (Tomado de Diario La Nación)

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EMPRENDEDORES RESPONDEN A LAS MENTIRAS DEL OFICIALISMO BACHELETISTA.

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Evelyn Matthei evaluó en CNN los 3 primeros meses de Bachelet…

Impactante: Ex dirigente secundaria sería la joven encapuchada grabada por Carabineros.

LANATA : CARTA A CRISTINA FERNÁNDEZ.

Juzgue usted si Bachelet sabía o no del maremoto... , video gentileza EMOL-

"La desnacionalización del cobre no la hizo Pinochet sino que fue la concertación".

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Bachalet niega tsunami a las 8:59am del 27F
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Marcha Soldados del 73, con imágenes

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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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