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jueves, 6 de enero de 2011

Cuatro artículos destacados y de gran contenido.


Ahora, pasión intelectual,

por Gonzalo Rojas Sánchez.

Miles de personas están muy felices desde que han salido los resultados de la PSU.


Numerosos jóvenes han encontrado sus nombres asociados a muchos centenares de puntos, sus padres los han felicitado y las principales universidades cuentan ya con sus matrículas.


Todos contentos: alumnos, padres, directivos. Y los profesores universitarios, ¿también? Por cierto, felices, pero no ingenuamente esperanzados.


Porque esta generación que llegará a los claustros en marzo próximo, se parecerá mucho a las anteriores y entrará a las salas de clases, laboratorios y talleres con las mismas carencias de las cohortes inmediatamente anteriores.

¿Cuáles?


Algunas deficiencias varían entre las distintas vocaciones humanistas, científicas o artísticas -manejo del lenguaje, capacidad de abstracción, sensibilidad ante la belleza-, pero hay una carencia común, generalizada, que se instala como niebla mortal en grupos casi completos de alumnos: la falta de pasión intelectual.


En sus primeras semanas universitarias, los jóvenes están vitales, chispeantes, preguntones, llenos de objeciones, manejan el "yo aprendí que" en oposición a sus profesores, discuten las materias a la salida de clase y... de repente, al poco tiempo (meses, generalmente), ¡biiiiiiiiiip!: hay síntomas claros de encefalograma plano.


¿Qué pasa con estos notables individuos cuyas capacidades serían reconocidas por cualquiera que fuese el método de admisión, pero que a los pocos meses parecen zombis subiendo por una correa transportadora?


Sencillo. Se encontraron -se encontrará también la generación 2011- con unos estímulos de excelencia que ciertamente los despiertan: profesores, infraestructura, compañeros... Y reaccionarán felices y vitales, como el niño ante sus primeros juguetes. Pero esa respuesta vital durará en la mayoría de ellos muy poco, justamente porque no hay, para atrás, un trabajo sostenido que les haya desarrollado pacientemente una auténtica pasión intelectual.


Porque los han bombardeado insistiéndoles en su autonomía intelectual frente a la verdad, es muy difícil que puedan abrirse humildemente a las fuentes superiores del conocimiento humano; porque los han privado de lectura, conversación y análisis cultural en las familias, es casi imposible que puedan sostener por cinco o más años su apertura al diálogo; porque los han emancipado antes de los 18 años, les cuesta mucho manejar sus tiempos entre estudio y diversión: por eso, tantos enrollan más hilo en el carrete que en las neuronas; porque les han ridiculizado unas muy determinadas posturas, las oyen con espanto, las rechazan con virulencia y dejan de pensar; porque les han exagerado la búsqueda del éxito (dinero y poder), los han alejado del gozo auténtico del saber.


A todo lo anterior, se agrega que algunos se topan con un contingente conformado por profesores universitarios que son auténticos matapasiones.Y, en ciertas facultades, no son pocos.


Lo magnífico es que hay un grupete de alumnos que logra superar todo eso y desarrollan una auténtica pasión intelectual. Son pocos, son imprevisibles (porque a veces no son los más destacados en la PSU), son los que enganchan vitalmente con el conocimiento y de ahí comienzan a escalar a la sabiduría. Pasan los semestres, crecen, se asombran, piden más, se chiflan.


Por ellos, para que sean cada día más y mejores, para que unos pocos se queden después de por vida dentro de la misma universidad... por ellos es que vale la pena esperar apasionadamente el mes de marzo próximo y hoy alegrarse también por sus excelentes resultados.


Bienvenidos todos al mundo de la pasión intelectual.




¿Decadencia o continuación de hegemonía?,

por Roberto Ampuero.

Durante este decenio que termina mañana hemos visto transformaciones políticas y económicas que rediseñaron la política internacional y suponen nuevos retos para países de economía abierta como Chile. Nos equivocamos quienes pensamos que, en 1989, tras el derrumbe de los regímenes comunistas de Europa del este, se profundizaría la hegemonía unipolar de EE.UU. Desde hace algunos años el National Intelligence Council de ese país proyecta para 2025 un orden multipolar en que las potencias tradicionales -EE.UU., Japón y Unión Europea- tendrán que considerar como semejantes a Brasil, Rusia, India y China.


En rigor, el último decenio se inició en septiembre del 2001 con los ataques terroristas a Nueva York y el Pentágono, y se cerró este año, cuando China se convirtió en la segunda economía mundial, desplazando a Japón, y esforzándose por acortar la distancia con EE.UU. en economía, investigación, educación, nivel de vida y defensa. Ambos hitos afectaron la autoconfianza de la actual superpotencia, más aún cuando se estima que en 2030 China será la primera economía mundial. Lo que todavía se discute es si China adoptará entonces una política exterior más expansiva o buscará acuerdos multipolares para actuar en política mundial; si aspirará a la unilateralidad o preferirá coordinar iniciativas con sus pares.


En este marco es interesante examinar el reciente análisis del ex embajador estadounidense y experto del Center for Strategic and Budgetary Assessment, Eric S. Edelman, quien sostiene que EE.UU. se halla lejos de perder su predominio en los próximos decenios, pues sus competidores enfrentan problemas que se agudizarán en el futuro. La Unión Europea -subraya Edelman- tiene una población anciana, tensiones raciales con inmigrantes, agendas nacionales contradictorias y no financiará el poder militar que necesita internacionalmente para independizarse de EE.UU. Japón lleva una década económica perdida, tiene una población envejecida y se ve amenazado militarmente por China y Corea del Norte. Agrega Edelman que si bien Brasil marcha a buen ritmo, muestra retraso en educación, investigación e infraestructura, y sufre criminalidad endémica y hondas diferencias sociales.


Para el experto, Rusia es una "potencia en decadencia" debido a la catastrófica disminución de su población; carece de fuerza laboral e investigación sofisticadas, y sus fuerzas armadas cuentan con armas nucleares, pero son débiles en fuerzas convencionales. India, a la que Edelman ve como aliado de EE.UU. por su temor al islamismo extremista, superará a China en población alrededor del 2025, pero seguirá enfrentando "graves problemas demográficos, económicos, sociales y de seguridad". Edelman estima que China puede estar al borde del colapso por trabas en su economía manejada por un partido y el Estado, por sus extremas diferencias sociales, abusos de autoridad, tensiones socioeconómicas y una política de control de natalidad que redujo drásticamente el crecimiento poblacional, lo que la perjudicará económicamente.


Admite que en los próximos decenios EE.UU. encontrará poderosos competidores, así como la aparición de nuevos países con armas nucleares, pero subraya que podrá mantener su preponderancia decisiva en todos los componentes -"económico, militar, tecnológico y geopolítico"- que sustentan el poderío. Subraya que sus ventajas están en que registra la mayor fertilidad entre las naciones desarrolladas, cuenta con generosos recursos naturales y fuentes energéticas, no tiene estados vecinos enemigos, es abierto a la innovación, muestra escepticismo frente al rol del Estado en la economía y venera la actividad privada como instrumento para resolver problemas.


Edelman sostiene que ningún otro país puede en un futuro inmediato sustituir la capacidad de EE.UU. para innovar tecnológicamente e influir culturalmente en el planeta, por lo que los políticos estadounidenses están llamados a poner la casa en orden y a definir qué tipo de liderazgo mundial aspiran a ejercer en el mediano plazo.




Inversión en sanitarias versus inversión social,

por Felipe Cubillos.

Si el Estado chileno se encontrara un día con US$ 1.500 millones disponibles, ¿los usaría para comprar una participación minoritaria en unas cuantas empresas sanitarias? Parece ser que la respuesta es, definitivamente, no. Luego, las razones para no invertir son las mismas que para vender.


Es que el Estado tiene otras múltiples opciones donde usar mejor esos recursos antes que convertirse en un Estado empresario. Cuando se discute acerca de si es conveniente o no este último rol, algunos lo defienden exhibiendo casos exitosos, y los que lo cuestionan, mostrando ejemplos de fracaso. El caso TVN podría ser del tipo uno. Enap, Ferrocarriles y vender parte de la producción futura de cobre chileno a US$ 1,3 corresponden al tipo dos. Entiendo que la pérdida en Enap supera los US$ 1.000 millones y la pérdida (o lo que se deja de ganar) en Codelco por estas ventas de futuro se empina ya por sobre los US$ 4.000 millones.


En un mundo tan complejo y con tanta información, donde no sólo vale la capacidad o preparación, sino que también la determinación para asumir riesgos, pareciera más sensato para el Estado ser socio de todas las empresas chilenas (como efectivamente lo es, a través del impuesto a la renta) que concentrar parte de su patrimonio en sólo algunas. Definitivamente, dirán los economistas, tener un portfolio diversificado de inversiones.


Es por eso que, en mi opinión, el actual gobierno hace bien al vender su participación minoritaria en las sanitarias, por las mismas razones que los gobiernos anteriores vendieron las participaciones mayoritarias en esas mismas empresas. Es más: la pregunta no debiera ser por qué vender ahora, sino por qué demoraron tanto.


Con las enormes necesidades sociales que enfrenta nuestro país, no parece tener mucho sentido que el Estado juegue a ser empresario, y si los chilenos estimamos que es buen negocio tener una participación en las sanitarias, la solución es simple: bastará que las AFP compren esos paquetes de acciones al mejor precio. Sería así un traspaso desde el Estado a todos los chilenos, y de paso tendríamos recursos para las urgentes necesidades sociales.

Ayer hemos visto los resultados de la PSU y de cómo se mantiene la inequidad en la educación y el acceso a las universidades; ahí tenemos un tremendo desafío donde conviene poner esos recursos: la educación de los niños más vulnerables. La inequidad de la sociedad chilena no es más que el reflejo de la inequidad de su educación.


Y si queremos ir más allá, sería bueno invertir esos recursos en la educación preescolar, donde la rentabilidad social y económica es impresionante. Por cada dólar invertido en educación temprana, la sociedad deja de gastar en esos niños más de 10 dólares en el futuro. La educación temprana —sostiene James Heckman, premio Nobel de Economía— ofrece la ruta más rentable de beneficios sociales: no sólo mayores ingresos económicos para los participantes, sino también una fuerza laboral más productiva, mayor crecimiento, menores tasas de delincuencia, menor población carcelaria y ahorros sustanciales para los contribuyentes. De paso, les estaríamos dando oportunidades de trabajo a miles de mujeres que tendrían un lugar seguro donde dejar a sus niños.


Tiene que haber muy buenas razones para que el Estado se dedique a hacer negocios en vez de hacer políticas sociales que ayuden a los más necesitados. Mantener la participación en las sanitarias parece no muy razonable en un país como Chile.




El año de las reformas,

por Cristina Bitar.

2011 es un año especial para el gobierno del Presidente Piñera. Probablemente será el único “normal” de su gestión, pues, así como el pasado estuvo marcado por el terremoto, los dos que le siguen serán años electorales. Por ello se entiende la convicción con la que el gobernante ha anunciado que éste será el año de las reformas, sin importar que algunas de ellas puedan traer aparejado un costo político.


Sin embargo, pienso que no habrá tal costo. El resultado de la PSU que hemos conocido hoy muestra, una vez más, la urgencia de la reforma educacional. Los colegios particulares promediaron 611 puntos, mientras los municipales sólo llegaron a 457,9: una brecha inaceptable en una sociedad con el grado de desarrollo de la nuestra. A estas alturas nada, salvo un grave problema de gestión, de incentivos y, en un grado menor, también de recursos, puede explicar esta diferencia abismante. Probablemente, si pudiéramos medir con un instrumento así de objetivo la brecha en salud llegaríamos a resultados tanto o más decepcionantes.


Es razonable cuestionarse, entonces, los avances en términos de igualdad que hemos tenido en los últimos veinte años. Es verdad que la cantidad de subsidios del Estado —eso que en el gobierno de la Presidenta Bachelet se llamó la “red social”— se ha incrementado notablemente, pero los resultados en educación, que es el único motor social de la igualdad de oportunidades, y las listas de espera en la salud, nos muestran que los grados de diferencia estructural han mejorado muy poco. Un niño que estudia en el sistema público sabe con sólo leer estos resultados que la cancha está muy inclinada en su contra y que es muy probable que no alcance el puntaje mínimo para ingresar a la universidad. Lo dramático es que también sabe que si estuviera en un colegio privado esa expectativa sería radicalmente diferente. Difícil pensar en tener una juventud socialmente integrada en este contexto.


Lo dramático es que en educación, como en otras áreas, hay un consenso técnico muy amplio en lo que hay que hacer. El fin de semana leía al ministro Mañalich decir que él se plantea como meta terminar la reforma a la salud del ex Presidente Lagos. Otro tanto ha hecho el ministro Lavín, que ha puesto en práctica las recomendaciones del panel de expertos convocado en el pasado gobierno de la Concertación. Por ello es que el Presidente de la Democracia Cristiana, con coherencia política y sentido de país, ha estado dispuesto a sentarse con el ministro de Educación y buscar un acuerdo político para sacar adelante la reforma.


Las 7 reformas que el Gobierno ha anunciado como tarea para este 2011 que comienza son un buena manera de empezar el año, porque son indispensables, porque no implican para nada una polarización del país —al contrario, en la mayoría de los casos es implementar el consenso técnico— y porque son el peldaño indispensable para ese salto al desarrollo que tanto anhelamos. El ministro Lavín ha impulsado la reforma educacional y sus niveles de aprobación, hasta ahora, siguen muy altos. El país está cansado de la política paralizada por las encuestas y los grupos de presión; no sería extraño que el Gobierno se encuentre con una mayoría deseosa de cambios, deseosa de ver gobernantes capaces de atreverse a romper con los privilegios y darles oportunidades a todos los chilenos.


El único costo político lo sufrirán los que se opongan. El año de las reformas puede ser un gran año y, como diría Serrat, aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti.





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Letra Marcha: Soldados del 73

Letra Marcha Soldados del 73

Autor: Rosabella Liniers
Compositor Gianfranco



Son hermanos los Infantes,
todas las armas y soldados del ayer
Carabineros, Marinos y Aviadores
Combatientes del 73.

Un sólo cuerpo, un sólo corazón,
noble misión, proteger a la Nación,
la frente en alto saliendo del cuartel,
los soldados del 73.

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

En el recuento se hace el silencio,
por los heridos, los caídos que no están,
lo lamento mi Capitán,
mi Sargento no le puede contestar.

La Patria es libre, llegó la paz,
en el desierto, el cielo, azul el mar,
ya nuestros hombres cantan victoria
Combatientes del 73

Ya dió la orden mi General,
para vencer tenemos que luchar,
no ha sido arriada jamás nuestra bandera,
orgullo eterno de nuestra libertad.

Piñera anuncia propuesta de reformas educacional y tributaria, gentileza EMOL

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